jueves, 17 de mayo de 2012

Impresionante Palermo

SICILIA.

Comenzamos la visita muy temprano, con un sol radiante pero un viento gálido. Como queríamos aprovechar al máximo, empezamos rapidito.
EL TEATRO POLITEAMA “GARIBALDI”


El teatro Politeama Garibaldi es el primero de los grandes teatros construídos en Palermo en la segunda mitad del siglo XIX, en plena remodelación urbanística de la ciudad. Proyectado por Giuseppe Damiani Almeyda en 1867, se terminó en 1891, dominando la plaza que iba a ser el corazón de la ciudad moderna, y dando muestra de la feliz condición de la cultura artística palermitana y de la nueva clase dirigente burguesa en la escena europea.

Ya en 1860, el Ayuntamiento confió el encargo de proyectar en la plaza dedicada a Ruggiero Settimo, un “politeama” (teatro destinado a espectáculos variados) teatro popular diurno, a Giuseppe Damiani Almeyda, “joven ingeniero de distrito” de la ciudad, natural de Capua, nacido en 1834. La iniciativa se planteó también como reacción al clima de crisis económico-social provocado por las epidemias de cólera de 1866-67. El teatro hubiera tenido que dar lugar a exhibiciones de gimnastas y acróbatas de circos ecuestres, de moda en aquella época, operetas, pièces cómicas y dramáticas, fiestas y bailes de máscaras, no reservados solo a la nobleza y a los ricos, además de espectáculos líricos en espera de que se terminara el Massimo. Se ponía en marcha de esta manera la contemporanea edificación de dos teatros, acontecimiento quizá único en Italia: uno – el Massimo – templo aristocrático de la lírica; el otro – el Politeama – de caracter popular, la exaltación de la función social del teatro.
 La entrada monumental tiene forma de arco de triunfo, rodeado por dos grandes candelabros de bronce a los lados; encima se levanta la Cuádriga de Apolo de bronce, obra de Mario Rutelli, rodeada por dos parejas de caballos y jinetes, también de bronce, obra de Benedetto Civiletti.
 El Teatro Massimo de Palermo es el mayor de los teatros de ópera de Italia y el tercero más grande de Europa. Está dedicado al rey de Italia Víctor Manuel II.

De gusto neoclásico, fue construido sobre los terrenos resultantes de la demolición de la iglesia de le Stimmate y del monasterio de San Guiliano, a finales del siglo XIX. Los trabajos de demolición fueron iniciados en 1875 tras los sucesivos contratiempos que siguieron al concurso de 1864, ganado por el arquitecto Giambattista Filippo Basile. El teatro es terminado por su hijo, Ernesto Basile, quien se hizo cargo de la construcción en 1891 tras la muerte de su padre, terminándose el 16 de Mayo de 1897 e inaugurándose con la obra Falstaff, de Verdi. Precisamente el teatro está emplazado en la plaza G. Verdi, en la parte vieja de la ciudad.
 Los exteriores del teatro, siguiendo la moda neoclásica de utilizar arquitectura antigua, presenta un pronao corintio hexástilo elevado sobre una monumental escalera. A los laterales de ésta se encuentran dos leones de bronce con alegorías de la Tragedia y la Lírica. Sobre las seis columnas se puede leer "L'Arte rinnova i popoli e ne rivela la vita": el arte renueva los pueblos, y en ellos revela la vida. Existen varias teorías sobre la paternidad de esta frase, sin llegar a existir consenso. En lo alto del edificio se construyó una enorma cúpula semiesférica. El esqueleto de la cúpula es una estructura metálica reticular que se apoya sobre un sistema de rodillos que permiten los movimientos provocados por los cambios de temperatura.
 La simetría alrededor del eje de ingreso, la repetición constante de ciertos elementos (columnas, ventanas en arco, etc.) y la decoración rigurosamente compuesta definen una estructura espacial simple y una volumetría clara, armónica y geométrica, de inspiración griega y romana. Las referencias formales en este edificio son, además de teatros anticos, construcciones religiosas y públicas romanas como el templo, la basílica civil y las termas romanas, sobre todo en cuanto al desarrollo planimétrico de los volúmenes y en la cobertura. El interior, decorado de peritos pintores (R. Lentini, E. De Maria Bercher, M. Cortegiani, L. Di Giovanni), dispone de alrededor de tres mil quinientos asientos.
 Como nos pillaba de camino, en la Plaza Garibaldi tomamos un autobús que nos llevó a Monreale.
Catedral de Monreale

En el extrarradio de Palermo y sobre el denominado Mons Regalis que fue una finca de caza de los reyes normandos, hallamos la Catedral de Monreale. Bajo la sugerente excusa de que un sueño-visión en el cual encontraba un tesoro oculto por su padre, el rey normando Guillermo II llevo a cabo la construcción de una de las catedrales más bellas de Europa.
 Musta’izz bi’llah “El que exalta a a Dios” como gustaba autodenominarse el rey normando, tenía minada su autoridad ante la ostentación de poder del arzobispo inglés de Walter of the Mill, que había recabado apoyos entre la nobleza local. Con objeto de combatir ese foco de poder, el rey Guillermo II financió las obras de la catedral de Monreale contentando al Papado de tal manera que el Papa condeció su bendición convirtiendo el templo en Catedral y al Abad en Arzobispo desafiando la autoridad de Walter.
 La consecución de una obra fue sumamente veloz ya que en diez años las obras fueron acabadas, constituyendo un misterio su financiación. Sea como fuese la catedral de Monreale se convirtió en el edificio nomando más importante de Europa, al tiempo que significó una simbiosis de la aplicación de las corrientes artísticas árabes y europeas conjuntando los mosaicos medievales más grandiosos de toda la Edad Media.
  
La sublimidad de la obra no es apreciable desde el exterior aunque para las puertas de bronce (1186) se recurriera a Bonanno de Pisa, autor de la famosa torre homónima quién retrato en sus 46 paneles escenas del Antiguo y el Nuevo Testamento.  

 Aparte de los tesoros que se encuentran contiguos a las tumbas, se hace imprescindible subir los 180 escalones que llevan al tejado y que nos permiten admirar los claustros desde lo alto además de ofrecernos una panorámica de Palermo desde Monreale.
 
Aparte de los tesoros que se encuentran contiguos a las tumbas, se hace imprescindible subir los 180 escalones que llevan al tejado y que nos permiten admirar los claustros desde lo alto además de ofrecernos una panorámica de Palermo desde Monreale.

Los claustros de Monreale, a los que accederemos desde fuera de la catedral son parte del monasterio benedictino adosado a la catedral. Los arcos porticados contienen 228 columnas ricamente decoradas capiteles románicos del siglo XII obra de albañiles borgoñeses y provenzales, y con iconografias que combinan lo religioso, con lo pagano, los elementos clásicos y la mitología popular.
 Palermo, capital de Sicilia, es una joya cubierta del polvo de la historia, de las desgracias que han reportado los desastres naturales en forma de terremotos, y del lastre que han provocado la especulación inmobiliaria, la miseria y el paro o los crímenes de la mafia. Al final si obviamos estos apuntes que no explican la totalidad de la realidad palermitana, nos encontraremos con una asombrosa ciudad, repleta de piedras con historia, una amalgama de retales que forman el gran puzzle de estrellas que brillan en Palermo.
 Las dimensiones de la periferia de Palermo, hacen de esta metrópolis siciliana, la ciudad más grande de Sicilia (más de 800.000 h.), y unas de las más pobladas y ricas culturalmente del Mediterraneo Antiguo.

 Siendo una ciudad tan abigarrada, Palermo tiene un trazado poco regular, con calles estrechas, incluso las relativamente importantes, con distancias asumibles a menos que pretendamos cubrir en un día lo que bien necesita un mes. Si a esto unimos los asimétricos horarios de algunos de sus principales monumentos, cabe la advertencia de planear visitar Palermo zona a zona.
 Los itinerarios o rutas se pueden plantear por épocas, estilos, o simplemente por proximidad geográfica. Como casi siempre, lo más sugerente será callejear y descubrir Palermo a través de las sorpresas que depara cara esquina que se abre a tesoros menospreciados en las guias.



 Los mosaicos del interior de la catedral de Monreale necesitaron 2.200 Kg de oro y cubren casi 6.000 metros cuadrados de superficie. No fueron finalizados hasta 1182 y participaron artistas griegos, bizantinos sicilianos y probablemente artistas venecianos enviados porel Papa para los mosaicos posteriores de la nave y los muros.



 La temática abarca la Creación hasta la Pasión de Cristo, siguiendo una cronología lineal en el sentido de las agujas del reloj. El ábside lo preside un Pantocrator que corona la jerarquía de Virgen, ángeles y santos.
 Los transeptos contienen los cuerpos de los Reyes Guillemo I y II al sur (derecho), y de Margarita, Roger y Enrique, la mujer e hijos de Guillermo I al norte (Transepto izquierdo).



 La diferencia manifiesta entre la arquitectura preferentemente occidental y la decoración de esencia bizantina, lleva a pensar que los grandes señores sículo-normandos se guiaban por criterios de orden práctico. Siguieron construyendo sus fortalezas e iglesias de este modo porque pensaban -probablemente con razón- que aquéllas serían más fuertes y éstas más monumentales, espaciosas y mejor adaptadas a la liturgia occidental que sus equivalentes bizantinas, mientras que importaban de Constantinopla aquello en lo que consideraban eran superiores: esmaltes, puertas de bronce, mosaístas.
 En una iglesia bizantina había una perfecta armonía de los paneles de mármol que cubrían los muros y los mosaicos que ocupaban las bóvedas. En Monreale, los paneles de mármol sólo alcanzan el nivel de las ventanas más bajas. En una iglesia bizantina, la decoración pone el acento en la función litúrgica y las principales fiestas de la Iglesia; no podía ocurrir como aquí, donde se han incorporado asuntos como la historia de San Pedro y San Pablo al objeto de desarrollar una tarea expresamente didáctica y con un tratamiento claramente narrativo.



 Los mosaicos -hacia 1190- constituyen lo más relevante de la catedral. Después de Santa Sofía de Constantinopla, es el conjunto decorativo más grande que nos ha llegado. Se extiende sobre 6.430 metros cuadrados y sobrepasa en unos 2.000 a los de San Marcos de Venecia.



 Tumba del Rey Guillermo.






 Restaurando los mosaicos del suelo.
 La puertas de la Catedral.

 Porta Nova


Después de 4 siglos, esta Puerta sigue marcando el límite entre la parte nueva y vieja de la ciudad. Situada junto al Palazzo dei Normanni, la Porta Nuova, fue construida para celebrar la llegada de Carlos V a Palermo en el año 1535, tras haber vencido a los tunecinos.

 El Duomo (Catedral), de Palermo, Sicilia, es una impresionante catedral del siglo XII que abarca una amplia variedad de estilos arquitectónicos.



 En 1184, durante el periodo de la Sicilia Normanda , el arzobispo de Palermo Gualtiero Offamiglio fundó la catedral en el sitio de una mezquita musulmana, que había sido construida sobre una basílica cristiana primitiva
 El principal objetivo del arzobispo fue el de superar la gloria de la magnífica catedral de Monreale, y la Catedral de Palermo se convirtió en un campo de batalla de arquitectura de "La Batalla de las Dos Catedrales".



 Para la mayoría de los visitantes, Monreale sigue siendo la triunfadora,aun así, la catedral de Palermo, vale la pena una visita.
 Dentro, la Catedral es un panteón real, que alberga muchas tumbas de los reyes de Sicilia. La primera capilla de la derecha contiene seis de las más impresionantes tumbas, incluida la de Roger II, el primer rey de Sicilia († 1154).



 Apenas visible en un recinto por el pórtico sur se encuentran los restos de la hija de Roger Constanza († 1198) y su esposo, Henry VI († 1197). Enrique VI fue emperador de Alemania y el hijo de Federico Barbarroja. También aquí es enterrado su hijo, Frederick II († 1250), también emperador de Alemania y rey de Sicilia, y su esposa, Constanza de Aragón († 1222). El último enterramiento real en este lugar, de Pedro II, rey de Sicilia, fue en 1342.
 Accediendo desde el sur, la Tesorería (Tesoro) es un depósito de ricos ornamentos, plata, cálices, vasos sagrados, manteles de altar, marfil y grabados de arte siciliano del siglo 17.




Varias imágenes del Gnomon.
  Como era de esperar dada su historia, la característica más prominente de la Catedral es sus muchos estilos arquitectónicos. El exterior muestra la evolución del estilo gótico de los siglos XIII al XIV

El porche sur (1453) es una obra maestra del estilo catalán, y en el ábside, el estilo normando puede ser visto a través de una decoración de inspiración islámica.
 El palacio de los normandos es la actual sede de la asamblea Regional Siciliana. No es una casualidad la designación de la localización, ya que en este emplazamiento ubicado frente a la Piazza Della Vittoria, se encontraba el más antiguo asentamiento de Palermo (Paleópolis).
 El palacio de estructura irregular y modificado por sus ocupantes a lo largo de los siglos fue levantado por los árabes sobre ruinas púnico-romanas. Los normandos lo ampliaron para convertirlo en la sede política de su reino. El posterior desorden político provocó su parcial abandono hasta que los virreyes españoles decidieron utilizarlo como residencia en 1555.
 De nuevo, se volvió a reconvertir su forma, articulándolo entorno a dos patios, y construyendo la fachada principal que da a plaza Vittoria. A la derecha de esta fachada sobrevive la única de las cuatro torres normandas, Torre Pisana. A continuación encontramos los restos de la fachada normanda decorada con arcos ciegos.
 En su interior encontramos la Capilla Palatina, una obra maestra de los musulmanes que en 1143 confeccionaron el maravilloso artesanado de muqarnas decorado con figuras e inscripciones cúficas.
Para acceder a la capilla pasamos por el patio interior columando, y las escaleras de ángulos rectos que dan una perspectiva insospechada del patio.
 Nada más entrar a la capilla palatina no existe mirada que pueda escapar de tan embriagadora imagen.
 Revestida de gigantescos mosaicos de fondo de oro, se suceden imágenes religiosas mezcladas con elementos naturalistas.
 Asombra la luminosidad de una capilla sin entradas de luz, y que despliega una explosión de colorido que se multiplica gracias a los mosaicos poblados de apóstoles.
 Construida por Roger II en 1192 en estilo gótico normando, esta pequeña capilla de tres naves posee unas medidas de 33 metros de largo y trece de ancho.



 Siguiendo la nave central, y guiados por dos hileras de columnas de mármol de colores diferentes, llegamos al espacio sobre el que sea alza la cúpula, donde el Pantocrator está escoltado por una serie de ángeles con las alas desplegadas.



 Destaca también el mosaico que forma el fondo de la capilla de la nave lateral izquierda, en el que San Juan predica en el desierto delante de las montañas de Oriente y el cielo majestuosamente representado.
 Alguno de los dichosos ojos que han podido gozar de esta joya, como el escritor Guy de Maupassant han quedado maravillados de la capacidad decorativa de los maestros musulmanes.



 ara su visita conviene evitar las horas centrales del día cuando la congestión de turistas hace de este pequeño paraíso un circuito por el que debamos disfrutar en poco tiempo lo que merece una eternidad.



 Una tienda de las típicas marionetas sicilianas.



 Quattro Canti
Quattro Canti o Piazza Vigliena, en honor al virrey bajo cuyo mandato se finalizó la construcción de los cuatro palacios barrocos, es el centro del Palermo histórico, en la intersección de Via Vittorio Emmanuele y Via Maqueda. Proyectada entre 1608 y 1620 por Giulio Lasso, quién estructuró las cuatro fachadas cóncavas de los palacios que dan a la plaza con tres ordenes de estilo dórico, jónico y coríntio en las tres plantas de los edificios.



 El primer orden posee cuatro fuentes que representan las cuatro estaciones mientras que el segundo contiene las estatuas de los reyes españoles Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV.



 Sobre ellos en el último plano las estatuas de las cuatro santas de Palermo: Oliva, Ágata, Ninfa y Cristina.



 La Fontana Pretoria, situada en la plaza Pretoria, en la ciudad de Palermo, en Sicilia, es quizá la fuente más curiosa de toda la ciudad.



 Ocupa el centro de la plaza, y se levanta a un nivel más alto que la Vía Maqueda, que atraviesa uno de los lados de la plaza. Don Pedro Álvarez de Toledo, sucesor de Cosme I de Medici, Gran duque de Toscana, encargó a los escultores Francesco Camilliani y Michelangelo Naccherino una fuente para el jardín de su residencia florentina. Tras la muerte del comitente, en 1552, y gracias a la mediación de su hijo, García de Toledo, fue adquirida por el senado palermitano y traslada a su lugar actual.
Las pilas con agua se disponen en tres niveles concéntricos, rodeados de estatuas representqando monstruos, animales mitológicos, y los cuatro ríos de Palermo, el Oreto, el Papireto, el Gabriele y el Maredolce. En su momento fue denominada La fuente de la vergüenza debido a la desnudez de las estatuas.



 Iglesia de Santa Caterina
Cerrando el lado este de la plaza se alza la Iglesia de Santa Caterina (discesa dei Giudici), la iglesia barroca más bella de Palermo, con su típica historia siciliana. Custodiada por siete ancianas monjas, la puerta está firmemente cerrada y sólo se abre al público una vez al año para la festividad de Santa Catalina (25 de noviembre); de este modo se pueden apreciar la sorprendente estatuaria de estuco, los frescos al pastel y los altares de amatista y lapislázuli.
 La iglesia medieval más famosa de Palermo es La Martorana (Chiesa di Santa Maria dell’Ammiraglio; Piazza Bellini 3), que suele estar abarrotada de gente gracias a la celebración de bodas, normalmente programadas los sábados a última hora de la mañana.

Originalmente concebida como Mezquita, esta construcción de s. XII fue promovida por Jorge de Antioquia, el emir sirio del rey Rogelio. Los artesanos griegos contratados para decorarla aplicaron su visión cristiana a los deslumbrantes mosaicos del interior. Los delicados capiteles fatimíes, que repiten sin cesar el nombre de Alá, sostienen una cúpula abovedada en la que se representa a Cristo entronizado entre sus arcángeles.



 En 1433 la iglesia fue donada a una orden de monjas benedictinas, fundada por Eloisa Martorana (de ahí su sobrenombre), quien mandó derribar el ábside normando y rediseñar el exterior en estilo barocco; asimismo, añadió su propria capilla con frescos, para lo que tuvo que sacrificar algunos de los maravillosos mosaicos. Por fortuna, dos de los que sobrevivieron son un retrato de Jorge de Antioquia, escondido detrás de un escudo a los pies de la Virgen María, y otro de Rogelio II recibiendo su corona de manos de Cristo, la única imagen del monarca conservada en Sicilia.
 Mussolini devolvió la iglesia a la comunidad ortodoxa griega en 1935; por eso, en ella se sigue celebrando la misa por el rito griego oriental en total armonía con la decoración.



 Mientras que La Martorana conserva su interior maravillosamente, en la pequeña cúpula de color rosa de la Chiesa di San Cataldo (Piazza Bellini 3) casi no queda nada. Edificada en 1150 por Maio de Bari, emir de emires de Guillermo I, no pudo concluirse a causa del asesinato de Maio en 1160, de ahí la falta de ornamentación interior. Sin embargo, su principal atractivo radica en el exterior, que ilustra perfectamente la síntesis de los estilos árabe y normando.






 A pesar de su famosa colección de manuscritos y de que el cementerio contiguo acoge la tumba del novelista Giuseppe Tommasi di Lampedusa, el Convento dei Cappuccini (091 212117; Via Cappuccini 1) es conocido por sus macabras catacumbas donde están expuestas las momias de 8.000 palermitanos que murieron entre los ss. XVII y XIX.



 En su origen las catacumbas estaban destinadas a los monjes, pero finalmente se abrieron a algunos personajes acaudalados que habían donado tierras o dinero al monasterio. Después de morir, estos pocos afortunados se dejaban secar, se lavaban con vinagre y se empolvaban con arsénico y leche de lima; por último, se vestían con sus mejores galas y se depositaban en sus nichos






 Las momias están organizadas en función de su poder terrenal, el sexo, la religión y el estatus profesional: los hombres y las mujeres ocupan pasillos separados, y, dentro de la zona de las mujeres, existe una categoría más alta para las vírgenes. La visión más desconcertante es el cuerpo casi perfectamente conservado de Rosalia Lombardo, que murió a la edad de 2 años en 1920 sólo hay que seguir las indicaciones de bambina o niña. Tenebrosas y perturbadoras, las catacumbas constituyen una de las principales atracciones turísticas de la ciudad.
Porta Felice, que toma su nombre de la mujer del virrey español Marco Antonio Columna, Doña Maria Felix de Osuna, que en 1582, decidió darle una entrada monumental a la ciudad.
La puerta, constituida por dos gigantescos mástiles, fue diseñada por arquitecto Mariano Smiriglio y los trabajos se continuaron hasta 1637 



 Santa Maria della Catena. Fue construida entre 1490-1520 y es obra del arquitecto Matteo Carnilivari. Toma este nombre porque sobre un muro de la iglesia se sostenia una cadena que cerraba el puerto de la Cala. La obra es un perfecto conjunción de elementos tardorenacentistas y gótico-catalanes, este últimos visibles sobre todo en loggia tripartita de arcos en el corredor de que corona la escalera. Las rampas fueron añadidas posteriormente en 1845.
Y así acabamos, muy cerca del Puerto y habiendo disfrutado de la ciudad de Palermo


1 comentario:

  1. Espetacular!! mira que de ahí seguro saldre de torticolis de tanto mirar arriba...

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