domingo, 20 de enero de 2013

Grand Mistral. Diversión en estado puro.

Cuando embarqué en el Grand Mistral en Málaga, cosa que llevaba deseando desde hacía mucho tiempo, no esperaba encontrar un lugar en el que la sonrisa, la amabilidad y la diversión destacaran de tal manera y lo diferenciaran tanto de otros barcos donde había navegado hasta entonces.
Tampoco es de extrañar, ya que si de algo se preocupa sobremanera Iberocruceros es de que todos los pasajeros pasen su tiempo a bordo de la mejor manera posible, de hacer que su estancia sea inolvidable y tengan ganas, como yo y mis compañeros de viaje, de repetir una y otra vez.
Y es que el personal parece escogido exclusivamente para complacer al pasajero más exigente, rodeándole de atenciones y mimándole con una eterna sonrisa.
Y si el personal de servicio del barco roza la perfección, el equipo de animación es el no va más. El ritmo que llevan es tan trepidante y hay tantas actividades a bordo que obligatoriamente necesitamos sentarnos a descansar de tanto baile, concurso y sobre todo risas y buen humor.
En cualquier momento y en cualquier rincón del barco puede haber una clase de samba, un concurso Trivial, una demostración de escultura en frutas, unas clases de estiramiento....Hay que estar muy pendiente del diario que puntualmente nos dejan en el camarote para no perderse nada y disfrutar de todo.
Y es que es fundamental un equipo así, sobre todo cuando se está tantos días cruzando el Atlántico desde Europa a Brasil, pasando de un otoño frío al cálido verano del hemisferio sur.
Hasta ahora he hablado del equipo humano y su gran profesionalidad, pero es hora de hablar del protagonista, el Grand Mistral, que también tiene su alma.
Siempre me dio la impresión de ser más grande por dentro que por fuera, algo que comprobé nada más embarcar. Y no es que sea pequeño precisamente, con sus 216 metros de eslora que lo colocaron en sus primeros años entre los mayores cruceros de Europa.
Ya en su nacimiento en 1999, antes de pertenecer a Iberocruceros tenía los mejores y últimos avances tecnológicos y el diseño más moderno y atemporal.
Pero vamos por partes.
Una de las primeras impresiones que tiene un pasajero al entrar a un barco es su camarote, donde va a pasar una parte importante de su travesía.

Los camarotes del Mistral son realmente cómodos, luminosos y funcionales. No falta absolutamente nada para que nos sintamos como en casa.

Una vez inspeccionado con resultado favorable nuestro lugar de descanso, empecemos a investigar el barco.
Lo mejor será iniciar el recorrido por las cubiertas superiores.
Una cancha de baloncesto o mini tenis, según nos apetezca, domina el barco.

 La chimenea es siempre una de mis fotos favoritas

 En la cubierta Corfú encontramos la zona infantil



Desde aquí se disfruta de unas puestas de sol inolvidables.


Para las noches de diversión con música de todo tipo, pero siempre animada y divertida no podemos dejar de acudir a la Discoteca Banderas.



También dispone de sala de recreativos
Aunque el Mistral es alto, no lo es tanto como el puente 25 de Abril, de Lisboa ( menos mal)
Ya que estamos de vacaciones, deberíamos aprovechar para relajar nuestro cuerpo y mente en el Santai Spa.

El barco nos ofrece muchos salones y rincones donde pasar una velada agradable o simplemente disfrutar de un café, como en la cubierta Córcega o en la Sicilia donde se distribuyen la mayoria de ellos. Il Borsalino, el Café Navona, La Sota de Oros o el Salón Formentera con sus espectáculos nos permiten relajarnos en sus cómodas butacas a charlar, disfrutar de la noche o de un sabroso cóctel.








El barco dispone de unas pantallas donde podemos ver nuestra ruta o la de otros barcos de la compañía en tiempo real.

Los salones Bellver son idóneos para viajes de trabajo. Un espacio aparte del resto del buque.
Algo que me sorprendió en el embarque fue que no me pidieran como es habitual la tarjeta de crédito para consumo a bordo.
Luego encontré estas maquinas que nos permitían registrar nuestras visas nosotros mismos.
Seguimos paseando por esta cubierta donde encontramos el Casino San Remo y la galería de fotos.

Vía Condotti y Via Veneto son las dos calles comerciales del barco.
Y ambas se unen en Il Borsalino.
Bajando a la cubierta Menorca encontramos más lugares de esparcimiento como el Café Gijón.

O la Gran Vía con su tienda de souvenires y merchandising de Ibero.
Tambíén la oficina de excursiones ( a muy buen precio, por cierto)




Y el atrio de recepción
Hacia proa encontramos el Café de los Artistas, la biblioteca con Internet y el Club Montecristo








 El Gran Teatro Ibiza, lugar de esparcimiento y de grandes espectáculos.

La gastronomía también tiene una importancia vital para Iberocruceros.
No sólo los ingredientes de sus platos son de primerísima calidad, sino que la presentación y el sabor son realmente fabulosos.





El buffet, muy al gusto español, no podía dejar de ofrecer cada día un excelente gazpacho, una paella o un arroz negro.


Como conclusión podemos decir con toda sinceridad que es un gran barco donde el principal activo es su personal y su animación, con el gran valor añadido de su cuidada mesa y la estupenda conservación de un buque que tiene ya casi quince años pero que parece casi sacado del astillero el día antes de embarcar.
Totalmente aconsejado para familias, viajes de novios, de incentivos, de fin de curso y principiantes en general, ya que sus precios son realmente económicos a cambio de una calidad por encima de la media.

Iberocruceros ha dado un paso adelante para fidelizar a sus clientes creando la tarjeta iClub, que proporciona múltiples ventajas a los pasajeros frecuentes.

Y por supuesto, todo hecho a nuestro gusto, tan español en sabor y horarios, en espectáculos y música...
Para hacernos sentir como en casa incluso en alta mar. ¡Enhorabuena Iberocruceros!


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