domingo, 3 de marzo de 2013

Descubriendo La Orotava, Tenerife

Esta primera ruta lleva desde la Carrera del Escultor Estevez o como la conocen los villeros la calle del "Puente" hasta la Calle del Agua o de Tomás Zerolo.











Son estas dos calles espinas dorsales del llamado Casco Histórico de La Orotava, donde se concentra la mayor cantidad de edificios nobles y la mayor variedad de estilos, desde la arquitectúra típica canaria, de clara influencia portuguesa, hasta edificios Modernistas y Eclécticos, reflejo de las corriente imperantes en el momento histórico en el que se construyeron.





La mayoría de ellos pertenecieron o pertenecen a las familias que llegaron a Canarias atraidas por el comercio, o como nuevos propietarios de tierras otorgadas por la Corona Española tras la Conquista. Portugal, Francia, Irlanda e Italia fueron los lugares de origen de familias como los Ponte, Cólogan, Valois....









Iglesia de Santo Domingo


Esta preciosa iglesia no suele entrar dentro de las rutas que hacen los turistas que visita la villa. Debe ser porque no es una iglesia monumental, pero ahí radica su encanto, creo yo.

Está un poco apartada del eje principal de la Villa, pero dentro de su recinto histórico. A mí me gusta mucho por la mezcla de volúmenes que presenta en su fachada principal.


El Viernes Santo es el punto de encuentro de los fieles que asisten a la procesión del Encuentro.


Parte de ella se ha habilitado como Museo de Artesanía Iberoamericana y en la actualidad brilla
completamente restaurada.


A su alrededor se coserva casas nobles como la de Torrehermosa y ejemplos de arquitectura civil de menos valor artístico pero igual valor histórico.








Este trecho de la visita se compone de dos partes. Por un lado tenemos que pasar por El Mayorazgo, antigua entrada a La Orotava desde el Puerto de la Cruz, que se encuentra a 7 kilómetros, y de la que se conserva la puerta en cantería, y la subida empedrada de la calle Cólogan, donde se conservan bellísimos ejemplos de la arquitectura noble de la villa junto a adefesios franquistas disfrazados de edificios públicos como un ambulatorio, una oficina de correos y policia local.




La belleza de la calle reside en el empedrado, en las casas de las familias Cólogan, Benitez de Lugo y otras de la derecha y en encontrarse de frente la mole barroca de la Parroquia de la Concepción.







Ultimamente han colocado un monumento a los alfombristas en un parquecito que encontramos justo antes. También es una zona de pequeños bares y terrazas muy agradable los fines de semana.
En esta iglesia solía leer en misa los domingos, de pequeño. Recuerdo que me parecía enorme, una catedral.


En ella hice la primera comunión, la confirmación y he asistido a bodas de amigos y a reuniones menos alegres.


Me gustaba mucho el contraste entre la roca volcanica del exterior, cálida, porosa, mate, con el lustroso y frio marmol pulido que cubre el suelo del interior.


La mirada se quedaba fija en el enorme altar de estilo genovés ( muy de moda en ese tiempo en Tenerife por la ascendencia genovesa de muchos habitantes de la isla) con dos ángeles que parecen custodiar el Arca de la Alianza.


Los altares barrocos, y las imágenes de los mejores imagineros canarios y andaluces completan el conjunto de recuerdos que desde pequeño guarda mi mente.


Todos? No, porque me dejaba en el tintero la semana grande de La Orotava, en la que la Iglesia es el centro de la Villa en fiestas.


Guarda las andas y el sagrario , muy parecidas a las de Toledo, que cobijan al Sacramento en procesión, que pisa las alfombras de flores y tierras del Teide hechas en su honor, y recibe a San Isidrio y Santa María
de la Cabeza dos días después, para que duerman antes de su multitudinaria Romería.


Mas que un templo es una emoción.




En esta calle, que parte de la trasera de la Iglesia de la Concepción, encontramos dos preciosas casas nobles que se encuentran en bastante buen estado de conservación. Por un lado la casa Monteverde, célebre por dos hechos: Fue un miembro de esta familia, quien tuvo la idea de hacer una alfombra de flores frente a su casa como ofrenda para ser pisada por el Sacramento en procesión, dando origen a lo que hoy en día es una de las señas de identidad orotavenses. El segundo hecho fue que hospedó en 1864 al infante Don Enrique de Borbón, primer miembro de la Casa Real que visitó Canarias.


Justo enfrente encontramos la Casa Lercaro Justiniani, una preciosa mansión que recuerdo especialmente porque durante años acogió una especie de serpentario donde había boas gigantes, pitones y demás culebras...Algo poco habitual en Tenerife en esos años.


Historicamente perteneció a la familia Ponte Fonte Grimaldi. En su interior hay un restaurante que permite disfrutar del precioso y fresco patio.










Como curiosidad, si subimos por la acera un poco más arriba, hacia el costado de la casa, y si con un poco de suerte la verja de la casa vecina está abierta, podemos ver el molino de piedra con el pequeño acueducto que traía el agua para la molienda, como podemos ver en las fotos.




El callejón Rodapalla, con su suelo de adoquines nos transporta a siglos pasados.....
Para cualquier villero, la Casa de los Balcones es y será siempre referecia turística en La Orotava. Estoy seguro que a todos los orotavenses, nos han preguntado alguna vez ,algún turista despistado, " ¿Por favor, Casa de los Balcones?" y hemos aprovechado, cargados de orgullo, con nuestro poquito inglés, para indicarle con una gran sonrisa, característica de Tenerife, el camino a seguir.




























La casa, marca, para los villeros la "frontera" entre la Villa de Arriba y la Villa de Abajo, el casco histórico y la pasada expansión de la antigua ciudad.
Fue terminada en 1670 y paso de las manos de unas a otras familias nobles y militares llegadas de Penísula. Actualmente es un museo que conserva todos los muebles y decoración que han conformado su historia. Aparte es una tienda y escuela de bordado y calado canario.






Todas las piezas del traje típico de la Orotava pueden adquirirse en la tienda, por lo que todos los orotavenses tenemos algo comprado allí. El patio puede visitarse y disfrutarse de manera gratuita y ofrecen degustaciones de vinos y licores típicos. Para acceder a las habitaciones nobles de la parte alta se debe acceder por una curiosísima escalera de caracol encajada en una torreta y pagar 2€.
La Casa del Turista es el complemento perfecto a la Casa de los Balcones.


Por un lado el muestrario de trajes típicos y la alfombra de tierras del Teide que muestra su elaboración para las fiestas de Corpus, y por otro una terraza con una vista incomparable del Valle.

Está ubicado en una casa noble del siglo XVI, más pequeña que la Casa de los Balcones y con más aspecto de fortaleza, pero igual de interesante.
Me crié en La Orotava, un lugar, que como muchos otros ,esconde sorpresas para los privilegiados, y este hotel es una de ellas.


Pasamos por delante del edificio casi sin darnos cuenta, sin saber que este palacete de estilo ecléctico, esconde dentro un oasis de estilo nazarí para disfrute de quien como yo, tenga el placer de descubrirlo.












Ya la bienvenida fue especial, personal. El propietario, Jordi, y su hijo, con toda su amabilidad me enseñaron el hotel y sus dependencias, me enseñaron sus joyas, porque tiene varias: el patio, los frescos del techo, las vistas al Teide y al Atlántico, el silencio......



















Es tan especial que sólo tiene 5 habitaciones y a su dueño le gusta refererise a él más como casa que como hotel, lo que refuerza su idea de tranqulidad e intimidad. Desde luego que sería mi primera elección para descansar en el Valle. En el centro de todo pero completamente aislado y tanquilo. Muy recomendable.
Iglesia de San Francisco y Hospital de la Santísima Trinidad



Esta plaza, tiene para mí un recuerdo especial. Estaba por encima de mi colegio y en los últimos cursos solíamos ir a pasar el rato allí los que en ese tiempo nos considerábamos "mayores" para diferenciarnos de los niños de cursos inferiores....





Esta plaza, tiene para mí un recuerdo especial. Estaba por encima de mi colegio y en los últimos cursos solíamos ir a pasar el rato allí los que en ese tiempo nos considerábamos "mayores" para diferenciarnos de los niños de cursos inferiores. Siempre fue un lugar muy tranquilo, sobre todo el Hospital, que es el que podemos ver con los grandes arcos. En principio, el edificio fue parte del convento adosado a la Iglesia de San Francisco, pero el gobierno de principios del XIX obligaba
a la Iglesia a destinar parte de sus instalaciones a beneficiencia.


Frente a la plaza y tambien por encima, vemos dos de los molinos de agua que pertenecen a la actual Ruta de los Molinos de la Villa. Precisamente, el mejor gofio de la isla se hace en el molino que encontramos en la parte alta de la plaza. Recomiendo la mezcla trigo-millo( maiz)
Calle Hermano Apolinar
Bajando por San Francisco, y de vuelta a la Villa de Abajo, encontramos en esta calle varios puntos interesantes. Lo primero el célebre Hotel Victoria, una casona del siglo XVI, restaurada para convertirla en hotel. Cruzamos de acera y encontramos mi antiguo colegio de Santo Tomás de Aquino. Que recuerdos!!! Frente a él la Hijuela del Botánico, creado por el Marqués de Villanueva como complemento al actual Jardín Botánico del Puerto de la Cruz. Situado en lo que fueron las huertas del convento de San José. La entrada es gratuita y abre de 9 a 14 horas. Enfrente encontramos la casona del que fue mi maestro de historia, actual Marqués de Villamediana y de la que podemos ver el muy conservado patio.
Un poco más abajo encontramos la plaza del Ayuntamiento, que ocupa el lugar del antiguo convento de San José. En esta plaza, presidida por las Casas Consistoriales de estilo neoclásico se elaboran cada año las famosas alfombras de arenas de colores del Teide.

























Recuerdo que había una veredita por la que bajábamos por el barranco desde el instituto para comprar chucherías en el estanco de Anita, en la Plaza del Quiosco. Cada vez que bajaba me quedaba mirando "la tumba", que así llamábamos al mausoleo que en esos años se encontraba semioculto entre zarzas y matorrales, junto con los recuerdos de los villeros. Afortunadamente, alguna mente preclara, decidió devolverlo al mundo, no sin ánimo de crear un espacio de visita más que sumar a los muchos que tiene la Villa. La restauración ha tenido sus pros y contras. Por un lado ha devuelto el brillo y el espledor al Mausoleo y a la cripta que está imediatamente debajo de él, los jardines gozan de un cuidado contínuo y el espacio es realmente amplio y con vistas inigualables del mar y del Valle. Por otra parte, y en mi opinión, no deja de tener ese regusto de "nuevo" y "restaurado" que le resta ese misterio que podría no haber perdido. De cualquier maera es una visita que no debemos dejar de hacer.























Lugar de reunión y tertulia de generaciones de villeros, la plaza del quiosco ha sufrido varias remodelaciones que la han ampliado respetando parte de su esencia, como es la bancada de piedra del lado norte, el suelo de losas de piedra o el mismo quiosco, que ha sobrevivido convertido en bar donde tomar un café y reunirse con familia y amigos. Alrededor encontramos varios edificos interesantes, como en la primera foto, perteneciente a la familia García Feo, comerciantes provenientes del sur de la isla, o el Liceo Taoro, un palacete de principios del siglo XX, convertido en Sociedad Cultural y Recreativa. El conjunto lo completan el antiguo convento de San Agustín y los Jardines Victoria







Después de dos años de rehabilitación y restauración de sus cubiertas, por fín se ha abierto la iglesia de San Agustín, y luce más bonita y lozana que nunca. Para mí es una de las iglesias más bonitas de la Isla, sobre todo por el peculiar campanario. Adosado a ella está el antiguo convento, que ha servido de colegio, de oficinas, sede de conciertos, gimnasio y un largo etcétera de eventos culturales, lo que finalmente lo han convertido en Casa de la Cultura.
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Y por aquí nos quedamos...

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