lunes, 3 de junio de 2013

Escala en Tanger

Una de las escalas de los cruceros que hacen el Atlántico es Tanger.
Si obviamos las miles de propuestas que nos hacen al bajar del barco, consistentes en servicios de guía privado y taxis, la excursión por nuestra cuenta no es nada dificil.
A continuación veremos las que hice en el año 2012.
Empezamos por la Gran Mezquita.
A veces pienso si la prohibición que recae sobre el 99% de las mezquitas de Marruecos y que impide la entrada a los no creyentes no será un gran acierto. Por un lado fastidia, está claro, sobre todo a los curiosones, como yo que necesitamos tener una visión completa de todos los rincones de cualquier sitio que visitemos. Pero claro si lo vemos desde el lado opuesto aparte de tener un carácter de respeto al culto musulman, contribuye a mantener el misterio que parece envolver a toda la ciudad de Tanger.











Así que debemos quedarnos con el regusto que nos deja la visita sólo exterior del templo y su azarosa historia, ya que resulta que el terreno fue ocupado por varias civilizaciones durante generaciones. Se cree que en un principio fueron los romanos, ya que en ella se hallaron varios restos del capitolio, y de su antiguo templo dedicado a Hércules. También fue ocupada por los portugueses durante su protectorado, siendo en aquella época la Iglesia del Espíritu Santo.
A finales del siglo XIX, la edificación fue reconstruida creando así la mezquita de tipo alawita que podemos ver en la actualidad, con sus contrastes entre el blanco calcáreo de sus paredes, el verde de sus puertas y la madera de su artesonado.







Ya es casualidad que el día que visité Tanger, por segunda vez en mi vida, y ya que iba en plan guía para mis amigos, se celebrara la Fiesta del Cordero.

¿Ventajas? Las tiendas estaban cerradas y teníamos más tiempo para hacer visitas hasta que abrieran pasado el mediodía. ¿Desventajas? Las tiendas estaban cerradas y eso para una mujer, mejor dicho para cuatro, es un pecado. Así que aproveché su desconcierto ante la perspectiva de irse de Marruecos sin poder lanzarse como posesas a comprar cachivaches miles, para llevarlas a conocer un poco la ciudad.







Y una ciudad es sus calles, más que sus monumentos o sus tiendas. La miles que componen Tanger se resumen, sin duda, en las de su Medina y su Zoco, las que tienen el sabor de lo añejo y esconden los secretos de los espías que las recorrieron, o las vivencias que Paul Bowles imprimió en sus libros cálidos pero intrigantes.









Calles con cafés donde durante décadas se contempló el ir y venir de personajes históricos y anónimos, zocos en los que comprar frutas secas y secretos de estado, puestos de olvidados artesanos donde adquirir unos zapatos únicos en el mundo hechos delante de tus ojos con todo el amor que sólo alguien que sabe que su profesión desaparece puede poner.







También las calles son olores y sabores, son paseos por el parque Mendoubia con su árbol banyan que presume de tener ochocientos años, o los cañones que defendían o atacaban según se terciase, las mercancías que llevaban sus barcos. Para quien sepa árabe, buena ocasión para practicarlo será la lectura del discurso del Rey, grabado en mármol y localizado en el centro del parque.


Y bueno, creo que estas chicas se merecen un ratito de compras, por no romper la tradición....

Lo que suele ocurrir cuando uno se mete a investigar en un jardín como el que ahora nos ocupa, es que encuentre sorpresas de lo más inesperadas.

Cuando ví el cartelito de la foto, pensé que se trataba de la típica iglesia colonial de estilo neotudor o neogótica que los ingleses gustaban tanto de levantar en los territorios donde querían sentar sus reales.








Pero no, se trata de un caso extrañísimo de asimilación cultural y artística que no es muy propia del pueblo británico.
En lugar de enfrentarme a una masa pétrea y fría, acabada en una torre mocha o en punta, me deleité con una construcción de delicioso sabor árabe, blanca como la leche y con un precioso artesonado sobre la entrada. Aunque estaba cerrada, pude imaginar, y luego lo constaté en fotos , el choque visual entre la iconografía cristiana y la arquitectura musulmana.




Pero lo que más me impresionó no fue la iglesia, sino el cementerio que literalmente la rodea. Bajo sus lápidas de formas y estilos variados, que van desde 1880 hasta hace un par de décadas, están enterrados todos aquellos británicos que vivieron en Tanger y tuvieron un papel importante en su vida social. Desde periodistas del Times, pasando por espías que a cientos habitaron el Tanger de entreguerras, militares destacados con sus familias aquí ,hasta la de Emily Keene, muerta en 1944 y que introdujo la vacuna contra el cólera en Marruecos, gracias a que estaba casada con un personaje de gran importancia en el gobierno del país.
No se trata de un cementerio tétrico, muy al contrario, respira tranquilidad absoluta, como queriendo ser un oasis momentáneo para la eternidad en el centro de la actividad tangerina.
Una calle empedrada nos separa de la Avenida Mohamed, en el barrio de Marshan, en lo más alto y selecto de Tanger, para llevarnos, rodeados de columnas romanas colocadas al alibí, hasta un lugar único.





Único por dos motivos, primero y más importante, por albergar una necrópolis compuesta por 98 tumbas, de las que más de 50 están talladas en artesón en la roca. Aquí se han hallado utensilios de tradición púnica y neopúnica, y también objetos romanos de diferentes épocas. La última fase de la ocupación de las necrópolis se remonta a finales del siglo IV d.C.






Y segundo porque constituye un lugar de encuentro y de convivencia social, ampliamente frecuentado tanto por los habitantes de la ciudad, como por los que como yo, somos foráneos pero queremos disfrutar de una vista maravillosa de la costa marroquí vecina de la española.






La gran rotonda, convertida en plaza por obra y gracia de los urbanistas tangerinos, debe su nombre a la visita que hizo Mohamed V a la ciudad para proclamar la independencia de las ciudades del Norte y la unificación del país. Y ahí acaba su historia.










Sin embargo la plaza actúa como centro neurálgico de Tánger por varias razones: por ella se accede a la Medina Vieja atravesando la puerta de Bab el Fahs, quizá la más conocida si se viene del interior del país; está rodeada de edificios de gran valor cultural, como un cine en estilo art nouveau de clara ascendencia francesa o una mezquita espectacular con un reloj dorado muy hermoso; finalmente, al ser nudo de comunicaciones, marca el final de la ciudad antigua y da paso a la nueva, ya que de ella parten varias calles que llevan a las carreteras que salen de Tanger.
Quizá lo menos acertado sea la gran fuente de mármol, muy ostentosa para mi gusto pero que seguro llena la vista de los tangerinos.




Y volvimos al barco, después de haber aprovechado la escala a fondo.

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