martes, 26 de agosto de 2014

Crucero por el Caribe (I)

Este maravilloso crucero lo realizamos a bordo del Jewel of The Seas, barco de Royal Caribbean que nos llevó de una isla de ensueño a otra.
La primera que pisamos fue St. Croix.







Nada más bajar del barco nos damos de bruces con el Fort Fredrik.



Ya desde lejos llama la atención, sobre todo si se llega, como yo, en un crucero. Destacando sobre el oro de la arena de la playa y el verde de los frondosos jardines que lo rodean y convertido en símbolo nacional, el rojo y blanco Fort Frederik fue construido en la década de 1750 para proteger la costa de los piratas.




Es un excelente lugar para visitar y al tiempo aprender sobre la importancia de las Islas Vírgenes en la historia mundial.
Poca gente sabe, que en 1776, el primer saludo desde suelo extranjero a la nueva y emergente nación de los Estados Unidos de América fue disparado con los cañones de la fortaleza. Fue también desde ella, que el gobernador danés Peter Von Scholten emancipó a los esclavos el 3 de julio de 1848. Unos 8.000 esclavos marcharon desde la cercana La Grange a Fort Fredrik y exigieron su libertad. De pie sobre las murallas, el gobernador cedió a las demandas de la multitud. El fuerte cuenta con un museo y galería de arte, aunque en el momento de mi visita estaban cerrados.


Vale la pena rodear el pequeño y bajito fuerte, que parece que fuera de juguete, con su color chillón y llamativo, como si quisiera destacar y hacerse grande en vez de pasar desapercibido, envalentonado por sus cañones que sobresalen casi sobre la playa, donde otros que le pertenecieron están clavados entre las piedras.
Y quizá la mejor vista sea desde allí, desde la dorada arena de la playa, donde el agua del mar refleja la pequeña pero aguerrida fortaleza de Fort Fredrik.



Frederiksted es conocida a menudo por los lugareños como "Freedom City", la Ciudad de la Libertad, debido a que su fuerte, como vimos en el rincón anterior, fue el lugar donde el gobernador abolió la esclavitud en la isla.
La ciudad fue destruida por un incendio en 1878, como resultado de una revuelta laboral, liderada por cuatro mujeres trabajadoras, y fue restaurada posteriormente durante la época victoriana, otorgándole ese sabor y diseño que los ingleses llaman "gingerbread" o pan de gengibre que se basa en el uso de muchas celosías caladas, y aspecto de casa de muñecas.




Una paseo por Frederiksted nos permite ver varios edificios históricos, como la Iglesia Católica de San Patricio, que fue construida en la década de 1840, junto con su escuela de primaria, la Casa de la Aduana, la farmacia del siglo XIX,y restos de muchos otros en ruinas a causa de varios huracanes y el paso del tiempo. Se puede atravesar Frederiksted en un paseo por la historia sin necesidad de un guía.
El Frederiksted de hoy tiene un paseo marítimo recién renovado y colorido donde atracan los barcos de crucero y al que se acercan visitantes de todos los rincones del mundo.



Cuando un crucero se encuentra en puerto, como fue mi caso, la ciudad hasta entonces adormilada, cobra vida literalmente con una explosión de arte y artesanías, alimentos y bebidas locales así como varios grupos de música en vivo.


El área que se encuentra justo enfrente de la fortaleza y el puerto se ha convertido en el centro de todas estas actividades. Este pequeño parque recorrido por senderos está adornado por docenas de grandes árboles de caoba que llenan el aire con el perfume de sus flores. También es un espacio que rinde honores al líder de la revuelta de esclavos, el general Buddhoe y también recuerda y honra la proclamación en 1848 de la abolición de la esclavitud en las islas danesas. El parque tiene muchos bancos y una pequeña glorieta donde, cuando llegan los cruceros, hay buena música caribeña en vivo.



Aprovechamos para disfrutar de la calidez de las aguas caribeñas en la misma playa de la ciudad.
Como todo lo que rodea y forma la ciudad de Frederiksted, su nombre tiene que ver con la famosa emancipación esclavista de 1848.




Enclavada en una franja de costa de aproximadamente 500 metros, la arena casi blanca de esta playa es un imán que ejerce una atracción inevitable sobre nosotros. Sobre todo después de un día completo de excursiones por la isla, visitando plantaciones de azúcar, granjas de cerdos que beben cerveza para divertimento de la siempre considerada raza humana y a los que podemos emborrachar por un simple dólar la lata de alcohol ( deleznable), frondosos bosques de árboles de caoba centenarios y paisajes cercanos de aguas turquesa y fondos cristalinos.




La playa es un conjunto de elementos que le dan carisma.
Es el agua caliente del Caribe, la arena blanca de coral, los cañones enterrados boca abajo entre la arena y las piedras, es el Fuerte pequeño y rojo, y el verde de la vegetación que llega hasta casi la orilla...









También es la música que los isleños sacan de los bidones de gasolina, la vista de tu crucero atracado a unas decenas de metros de tí, o la familia que está a tu lado, los niños bañándose en total libertad mientras que la madre se enrolla en un burka que apenas le deja un resquicio para escuchar lo que le cuentan por el móvil.
¡Qué cosas se encuentran en esta playa!

Y a dos pasos encontramos un curioso monumento; el Verne I. Richards Veterans Memorial Park.





El 15 de junio de 2009 cinco grandes obeliscos de unos ocho metros de altura, enteramente de mármol negro fueron colocados en pie en el Verne I. Richards Veterans Memorial Park, representando al Ejército, la Marina, la Guardia Costera, los Marines y la Fuerza Aérea, con los nombres grabados de aquellos que murieron defendiendo a su país.
Un busto de la misma piedra, de Verne I. Richards, que da nombre al parque, parece mandar sobre el resto de los pequeños monolitos, mirando solemnemente a la ciudad, con el Caribe azul detrás.


Ya en 1972 hubo una tentativa de levantar el memorial en ese mismo sitio aunque todo quedó en un proyecto que no se finalizó del todo, incluso se instaló una "llama eterna" que funcionaba con energía solar, que simbolizaba el honor debido a todos los veteranos.
Hoy es un pequeño parque donde se respira mucha tranquilidad; y si nos paramos durante unos minutos, apreciaremos el impactante contraste de los monolitos, negros, con el turquesa del mar Caribe.

Una vez conocida la ciudad, vamos a recorrerla para tener una idea de su historia, economía y cultura.


La excursión contratada con los locales, incluía una parada para dar de beber cerveza en lata a unos cerdos. Un espectáculo deplorable al que evidentemente me negué. En el jardín de la casa había unas tumbas dedicadas a los cerdos muertos. Una manera de recordar a los que estuvieron alimentando a la familia a base de cobrar 5 dólares a los turistas para verles abrir las latas de cerveza y beberlas.








En el centro de la isla, nos adentramos en la plantación y molino de azucar de Rust op Twist.







La plantación de azúcar y el molino no son contemporáneos, media casi un siglo entre uno y otro. Por un lado, la propiedad de caña data de 1755, mientras que el molino se levantó en 1851.




Debió ser en su momento muy importante en la producción del azúcar y sus propietarios bastante ricos, sobre todo si tenemos en cuenta que aunque no queda mucho de las estructuras de labor y residencia iniciales, la casa de la familia debió tener las comodidades superiores que le permitieron recibir el nombre que posee, " Rusp op Twist", que viene a ser " Descanso tras el trabajo duro", lo que no deja de ser irónico si recordamos que el trabajo lo realizaban los esclavos.




Sea como fuere, durante 130 años, lideró la producción azucarera de St. Croix, periodo que finalizó en 1880 y que dejó prácticamente agotada la tierra para otros cultivos.
De ese periodo quedan varios restos, como una trituradora a vapor relativamente intacta, un molino de viento y uno de tracción animal.





Los edificios de la fábrica original fueron completamente reconstruidos para servir de oficina para la estación marina de St. Croix, que pertenece a la universidad de Texas. Las habitaciones que servían para alojar a los esclavos y al supervisor de la finca también han gozado de una restauración completa, para albergar a la actual familia propietaria los Dyer. Incluso la tumba de uno de los miembros de la familia forma ya parte de la historia del lugar y del mismo paisaje.
Un alto en el camino en la visita de la isla para admirar la preciosa costa de St. Croix y aprender del pasado de la isla.









En otra de las ciudades, Christiansted, visitamos la Old Custom House.
Hay contrastes realmente hermosos, lugares que parecen decorados de película, a los que sólo les falta los actores vestidos de época y un galeón cargado de tesoros.




Esta parte de Christiansted, una pequeña ciudad en Saint Croix, es deliciosa, tranquila y muy bien cuidada, espejo de la afabilidad de sus habitantes.
No tiene mucho que ver, apenas tres puntos históricos y un paseo por la orilla de la marina. Pero esos tres puntos bien merecen la pena.




Uno de ellos es la hermosa Casa de Aduanas amarilla que se asienta en el césped frente a la fortaleza de la ciudad. La aduana era el tercer edificio de paso en la obligada cadena burocrática del comercio local. Después de que los comerciantes pasaran por el puesto de pesaje que se encontraba en los muelles de Christiansted y el de inspección, su siguiente parada era la Casa de Aduanas para pagar los impuestos correspondientes.
La construcción del edificio refleja totalmente el estilo europeo de los primeros colonos, así como las modificaciones necesarias para la vida en la isla, como por ejemplo la escalera de barandas que parecen dar la bienvenida ( a los pagadores) que adorna el frente del edificio y la adición de protecciones contra los frecuentes huracanes que muestra la necesidad de proteger el edificio de los elementos.






La Casa de la Aduana se remonta a 1734 cuando fue residencia de una sola planta del contable comercial del muelle a la que luego se añadió el segundo piso según fue aumentando su importancia y necesidades financieras.
Esta fue la sede de la Compañía de las Indias Occidentales Danesas, y albergaba los bienes, las oficinas, el personal y los esclavos. Originalmente era tres veces más grande que la estructura actual, y su patio acogió algunas de las mayores subastas de esclavos en el Caribe. Una historia un poco triste, pero pertenece al pasado. Hoy alegra nuestros ojos con su colorido y su perfecto estado de conservación.

Y a continuación su fuerte de Christiansvaern.








Construido a finales del 1700 de recio ladrillo amarillo, el fuerte Christiansvaern es el mejor conservado de los cinco fuertes daneses que aún quedan en las denominadas Indias Occidentales. La fortaleza es un maravilloso ejemplo de la arquitectura militar colonial danesa.







Aunque fue construido para la defensa contra piratas y corsarios, así como para evitar el levantamiento de los esclavos, sus cañones no han conocido la guerra. El fuerte está construido alrededor de un pequeño patio e incluye bastiones en las esquinas y pequeñas y oscuras mazmorras.





Originalmente utilizado por el ejército danés, el fuerte más tarde sirvió como cárcel y también como lugar santo para servicios religiosos. Por tan sólo dos dólares merece la pena visitar el fuerte, ya que ofrece una interesante perspectiva de la historia de las islas en época de piratas y bucaneros.

No se si llamarla ciudad o pueblo grande, ya que Christiansted es la mayor de las dos ciudades de St Croix. A menudo Christiansted se describe como una ciudad danesa del siglo XVIII que hubiera sido transportada al trópico caribeño; y no es una idea descabellada.







Al explorar la ciudad, caminamos por aceras empedradas del siglo XVII y XVIII a la sombra de hermosos paseos cubiertos, disfrutando de pequeñas y encantadoras tiendas que encajan perfectamente en edificios construidos hace más de 300 años. También encontramos una serie de edificios históricos conservados y pintados de color amarillo brillante como cuando se construyeron allá por el siglo XVIII. Estas construcciones son lo que queda del amplio y complejo sistema de Aduanas y Puertos de la isla.










Para quien quiera picotear algo o tomar una ricas cervezas de trigo y miel, hay un montón de buenos restaurantes en los alrededores de la ciudad y sobre todo en el paseo marítimo.






La zona histórica de Christiansted abarca unos 108km2 y está perfectamente conservada y gestionada por el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. Fue, en su tiempo, el área utilizada para atracar los buques que transportaban la carga humana de esclavos, el ron y la melaza, siguiendo la ruta del comercio triangular a través del Caribe, a Europa y África.


















Hay que pasearla con calma y dejar que nuestra imaginación vuele al pasado...




















Y de aquí damos un salto a la siguiente isla, Antigua...









...donde realmente no hay mucho más que hacer que no sea dedicar el día a disfrutar de playas como ésta, la Village Church Beach.








A tan sólo 13 kilómetros de la capital de la isla, St. John's, encontramos esta maravilla solitaria donde uno puede sentirse por unos momentos una subespecie de Robinson Crusoe, vagando por una playa de arena casi blanca y fina como el polvo de talco.


















El agua es fresca, fría, transparente y azul como una turquesa, esa piedra que suele asociarse tanto con el color de las aguas de los paraísos soñados. La franja de arena y agua se extiende a lo largo de casi un kilómetro, y parece encajada entre los cultivos de piña tropical negra, la salvaje vegetación que más parece una selva que cubre esta parte de la isla y el horizonte infinito formado por el Caribe y el cielo, ambos luchando por tener el color más magnético.












Curiosamente, aunque tengamos esa sensación de aislamiento, hay un bar en la playa, medio camuflado entre las palmeras y los arbustos....con WIFI!!! Así que por milagros y maravillas de la tecnología, lo que no nos ofrece un hotel de cuatro estrellas en plena ciudad nos lo regala un bar de playa en una isla casi perdida en el Caribe o un bar de Cuenca donde hacen unos bocadillos de chorizo de orza que quitan el sentido... Uf, creo que acabo de divagar un poco. Es lo que tiene el solecito de esta playa. Disfruten de estas imágenes...

























Antigua fue, es y será una de las islas más mimadas del Caribe.
Y es que todas las señales apuntaban a que lo fuera. La isla tenía vientos cálidos continuos, un completo litoral de puertos seguros, y un muro de protección, casi ininterrumpido, de arrecifes de coral. Sería un lugar perfecto para ocultar una flota.









Y así, en 1784 el legendario almirante Horacio Nelson ( el que no quiso saber nada más de Tenerife, donde dejó un brazo por obra y gracia del cañón Tigre), navegó a Antigua y estableció la base más importante en el Caribe de Gran Bretaña. Ni se imaginaba que 200 años más tarde las mismas características únicas que atrajeron a la Marina Real transformarían Antigua y Barbuda en uno de los principales destinos turísticos del Caribe.
La mayoría de los habitantes de Antigua son de linaje africano, descendientes de los esclavos traídos a la isla hace siglos para el trabajo en los campos de caña de azúcar, el resto son blancos y un pequeñísimo porcentaje de descendientes arawak.
El carácter caribeño, apacible y amable, de quien ve la vida pasar sin cambios radicales de temperatura, que agrían el carácter, o gobiernos que agrían el bolsillo, que viven el día a día sin muchas complicaciones, es la base del pueblo de Antigua, que muestra y ofrece lo que tiene con todo su corazón. Como las formidables playas de arena blanca que parece polvo de talco, o las bahías que llevan el verde de la vegetación hasta el agua o los inmensos campos de piña tropical negra, una variedad que sólo se da en la isla y que tiene un sabor intenso y único, como Antigua.
Un paseo en coche de unas 3 horas es más que suficiente para hacernos una idea global de la isla y pensar seriamente en volver lo más pronto posible a la Puerta del Caribe, como la apodaban los europeos.


Cuando cruzamos Antigua, zigzagueando con el coche y pasando por bosques y prados, atravesando pequeños pueblos formados por apenas un par de casas y bajo un sol de justicia caribeña, vemos numerosísimas iglesias y pequeñas capillas que salen a nuestro paso. Modestas o majestuosas y las que caben entre estos dos adjetivos, de manera que hay un tipo de templo para cada estilo de gente, y no es broma....


Durante el recorrido me hubiera gustado pararme a hacer fotos de muchos lugares atractivos, entre ellos iglesias ( que son una de mis predilecciones) que me parecieron de lo más atrayente.
Pero el tiempo era poco, y claro, esas excursiones se contratan por horas, así que había que darse prisa.
La furgoneta nos llevó por la isla a todo meter parando aquí y allá...hasta llegar a San Bernabé.
La iglesia no es bonita, todo hay que decirlo, mas bien parece un conjunto de materiales prefabricados unidos con un adhesivo y puesto en pie.





Pero luego tiene algo especial que hace que te detengas y observes.
Lo primero de todo al conocer su historia que se remonta a la década de 1840, ya que antes de ella existía una iglesia parroquial ( como dicen los angloparlantes), llamada San Pablo, que quedó hecha añicos tras un terremoto en 1843. Este hecho elevó a nuestra San Bernabé a la categoría que tiene ahora.
Otro motivo es, como dije antes, los materiales de construcción.
Primero, la llamada "piedra verde" de Antigua, que proviene de la misma zona de Liberta, y que parece ser la base usada para levantar todos y cada uno de los edificios de la zona. Esto hace que Liberta y sus alrededores tengan en sus casas un color único y diferente del resto de la isla, y que la fuerza y dureza de sus paredes sean un testimonio del carácter único y especial de Antigua.







Y segundo, su interior, inocente y sencillo, como corresponde a un pueblo que se ha visto mezclado y remezclado con culturas propias y ajenas, con esclavos y hombres libres, desgracias y alegrías, pero que ven en la religión su consuelo y ánimo para seguir adelante.
No pasemos de largo ante San Bernabé. La parada debería ser obligada...
Y embarcamos para seguir nuestro recorrido




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