viernes, 24 de abril de 2015

Gran Canaria Wellness 2 (y IV)


Gran Canaria es, como todos sabemos un destino turístico de primer orden que nos ofrece no solo sol y playa, sino multitud de actividades que harán de nuestra estancia en la isla una experiencia inolvidable.
Y Luis Molina Watersport es sin duda uno de los referentes a la hora de pasar un buen rato de diversión activa mientras disfrutamos del mar, de la brisa y del sol.


Con un enorme abanico de posibilidades que incluyen el Jet Ski, el wakeboard, el esquí acuático, el parasailing -que permite contemplar una espectacular vista aérea de la costa-, la divertida banana o el rápido donut, pasando por el más relajado pedal, la navegación a vela en el Hobie Cat o el Sail Boat, el clásico windsurf, la lancha a motor o el tranquilo kayak, Luis Molina es capaz de brindarnos horas de divertimento a un precio razonable y con todas las garantías de seguridad y tranquilidad.


Después de una jornada intensa, nosotros nos decidimos por conocer la costa de cerca con un kayak. Instruidos sobre el manejo de la embarcación y vigilados y en todo momento por los profesionales empleados de la empresa, disfrutamos de una hora de relajada navegación con el único motor de nuestros brazos, que nos permitió acercarnos a rincones del litoral de la zona a los que de otra manera no podríamos acceder.








Para otra ocasión dejaremos probar las fantásticas motos de agua o la navegación a vela, que siempre me ha atraído y que a buen seguro podremos disfrutar en el entorno seguro, profesional y divertido que nos ofrece Luis Molina Watersport en Anfi del Mar.

Canary Water Sports nos ofrece una extensa variedad de actividades acuáticas para que podamos pasar unas vacaciones diferentes y para los que buscan algo más que sol y relax. Y diversión asegurada, con la ventaja de poder disfrutar sólo, con pareja o con un grupo de amigos.
Durante el Gran Canaria Wellness2, fuimos amablemente invitados por Gran Canaria Wellness y Canary Water Sports a disfrutar de un día muy especial, del que siempre guardaremos un recuerdo de lo más emocionante.
Al llegar al muelle de Puerto Rico, donde está ubicado el centro de operaciones de la empresa, nos recibió Triin, una guapísima joven estona, que en perfecto español y con una preciosa sonrisa nos dio la bienvenida y nos explicó detalladamente las actividades que íbamos a realizar, poniendo énfasis en que todas ellas eran muy seguras y que contaban con todas las medidas necesarias para su disfrute con total tranquilidad y seguridad. Así que ahora sólo quedaba pasarlo muy bien y descargar la adrenalina y el stress...






El primer plato iba a ser el parasailing. Para ello, uno de los compañeros de Triin nos recogió en una barca con popa ampliada para llevarnos hasta alta mar.Protegidos de cualquier peligro gracias a los chalecos salvavidas que llevamos en todo momento, llegamos al lugar convenido y nos pusimos los arneses de vuelo.






A partir de aquí, todo fueron sonrisas en nuestras caras y ganas de quedarnos arriba mucho más tiempo.
Muy suavemente, nuestros pies fueron dejando de tocar la embarcación y empezamos a elevarnos hasta llegar a una altura considerable. Desde allí pudimos, durante al menos 15 minutos, disfrutar, cómodamente sentados en nuestros arneses, de la maravillosa vista como lo haría un ave marina.


La preciosa costa del sur de Gran Canaria se extendía a nuestros pies, mientras un silencio absoluto nos envolvía, roto sólo por las exclamaciones de asombro y alegría que salían de nuestras entusiasmadas bocas.
Y claro, cuando ya empezamos a sentir que llevábamos volando toda una vida, disfrutando del aire puro y del mar, llegó el momento de bajar, no sin antes dejar de sentir la caída libre, ya que la motora se detiene momentáneamente y nos deja sueltos para volver a elevarnos cuando tocamos el agua..¡Qué sensación!










Volvimos a tierra para continuar con la siguiente actividad, la moto de agua o jet-ski.
Ya había montado en una ocasión anterior, pero sólo y con un poco de aprensión por ser la primera vez. En esta ocasión, fui de copiloto, y puedo asegurarles que la experiencia fue inolvidable.


Volvimos a salir del mismo lugar en tierra para tomar otra embarcación que nos llevó a una plataforma en alta mar desde donde empezaría nuestra nueva aventura.


Y sobre esta plataforma hay mucho que hablar. Un ingenioso sistema y diseño, permite que la estructura se mantenga flotando y anclada para servir como base para las operaciones de las motos de agua. No sólo funciona como puesto de observación y vigilancia de los instructores de jet-ski, sino que también lo hace de estacionamiento de las máquinas, siempre preparadas para su uso, y como estación de repostaje. Todas estas características constituyen un ahorro de tiempo y de combustible para la empresa y los clientes. Una genial idea del propietario para tener todo en perfectas condiciones para el cliente.
Así que llegamos a la base y allí subimos a una potentísima y enorme moto de agua.


Tras indicarnos el circuito de seguridad por donde debíamos navegar, el instructor nos explicó el funcionamiento y las precauciones que debíamos tener con la moto, para que viviéramos una experiencia inolvidable con todas las garantías de seguridad.


Durante media hora cabalgamos sobre las olas con total libertad, dando rienda suelta a nuestra adrenalina y viviendo la emoción de sentir cómo la máquina sobre la que estábamos respondía perfectamente a nuestros giros y cambios de velocidad.
La experiencia de sentir el agua y la brisa del mar en nuestra cara fue inolvidable. Y de aquí volvimos a tierra a por la tercera experiencia.
Para el final quedó la gran novedad, el plato fuerte, El Diablo.


El Diablo es una motora de altísima potencia ( 850 caballos) traída directamente por el propietario, Mahy, desde Nueva Zelanda, donde causa sensación desde hace varios años.


Con una capacidad para unas 16 personas, la gran lancha empieza su recorrido como cualquier otra, despacio y sin prisas, pero de repente nos indica el conductor que nos agarremos bien fuerte a las barras y que pongamos los pies firmes en el suelo. Unos segundos después, la velocidad aumenta de forma endiablada hasta llegar a los 110 kilómetros por hora y un giro de 180 º, que levanta una enorme ola que cae directamente sobre nosotros, nos toma por sorpresa.


Continúa el recorrido a toda velocidad y repite la maniobra una y otra vez hasta que estamos completamente empapados en agua salada.


Aunque en todo momento nos ha advertido de los giros y vueltas, no por ello nos deja de sorprender y divertir las sensaciones que nos proporciona El Diablo.
Sin duda es un 'must', algo que hay que probar al menos una vez en la vida.






Y como todo en el mundo, la diversión tocó a su fin, pero no las sorpresas, ya que Triin nos tenía preparado un CD con fotografías de las tres experiencias donde nosotros éramos los auténticos protagonistas. Un detalle excepcional para poner punto y aparte ( ya que repetiremos para probar el jetovator) a la enorme oferta de diversión que nos ofrece Canary Water Sports en Puerto Rico, y la maravillosa isla de Gran Canaria.

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