sábado, 12 de septiembre de 2015

Escala en Roma. Ostia Antica (II)

El área del teatro fue una de las primeras excavadas, puesto que las ruinas de este edificio emergían del nivel del terreno (su apariencia actual se debe a una reconstrucción arqueológica terminada en 1940). El  anillo exterior de ladrillos es nuevo, mientras que son originales, de la época de Augusto (fines del siglo I a.C.), los tabiques del sostén de la cavea, entre los cuales se habían construido los locales de unas tiendas que daban al porticado exterior y unas escaleras para subir a las plantas superiores, cubiertas con bóvedas de cañón. En efecto, la característica del teatro romano era que se podía entrar en él pasando por debajo de la gradería de los espectadores, al contrario de lo que sucedía en el teatro griego, cuya cavea se apoyaba sobre una colina.
Tomando el corredor central se llega al interior del teatro (en la bóveda aún quedan restos de elegantes decoraciones de estuco que sugieren un ambiente rico y refinado). La cavea se ve completa, con gradas de toba, sin embargo esto responde a otra reconstrucción hecha en 1942 para permitir que la estructura acogiera espectáculos. En los pasillos laterales, a los lados de la orquesta se pueden ver los muros de la primera construcción, de finales del siglo I a.C., realizados en opus quadratum y en opus recticulatum. En ese tiempo el teatro comprendía dos órdenes de gradas y en él cabían unos 2.500 espectadores. Bajo Cómodo sufrió unas ampliaciones y luego, con Septimio Severo y Caracalla (fines del siglo II d.C. y principios del III d.C.) se agregó otro orden a la cavea y una galería alta, aumentando su capacidad a 4.000 espectadores.
El proscenio presenta hornacinas, alternándose unas semicirculares con otras rectangulares. El palco escénico estaba formado por tablas de madera colocadas sobre una especie de piscina que conforma en hiposcenio (parte baja del escenario). Sobre las paredes laterales hay unos fragmentos de mármol y unas máscaras halladas allí mismo.






Detrás del Teatro se encuentra el Foro de las Corporaciones, el lugar donde los mercaderes y los hombres de negocios más importantes de Ostia tenían sus despachos. El complejo surgió en época de Augusto y es contemporáneo del teatro, como lo demuestra su alineación según el hemiciclo de este último. Luego, bajo Claudio, se edificó el pórtico de columnas en ladrillos.
A finales del siglo II d.C. el Foro sufrió una reestructuración que elevó unos 40 cm el nivel de la plaza. A este período se remontan los mosaicos con figuras e inscripciones que identifican las distintas stationes u oficinas de las corporaciones. En el centro de la Plaza de las Corporaciones se yergue un templo que, según la tradición, estaba dedicado a Ceres.


 
La gran Tahona, del siglo II d.C., con tiendas sobre la calle en las que se vendía el pan, presenta a la derecha de la entrada principal una losa con la figura de un niño con una cornucopia en la mano, símbolo de la abundancia, mientras da de comer a una serpiente. En la parte posterior había dos locales con grandes muelas de molino de piedra de lava. En el primer ambiente se desmenuzaba el trigo y en el segundo se preparaba y trabajaba la masa. En la parte trasera de la construcción se hallaban los cuartos de servicio y un sacellum dedicado a Silvano (dios de la naturaleza y de los bosques) decorado con pinturas.





Dado el carácter comercial de la ciudad de Ostia, abundan los Horrea o depósitos donde se almacenaba la mercancía. Estos constituían un complejo comercial colocado en línea con la Vía de las Corporaciones que conducía al río. El primer almacén, llamado Horrea de Hortensio es muy sugestivo: presenta un amplio patio rectangular con espléndidas columnas de toba. El segundo llamado Horrea de Artemisa carece de patio con pórtico por lo que sus ambientes daban directamente al espacio central. El tercer depósito llamado Annonario u Horrea de los Dolia (dolium eran las ánforas o tinajas usadas para almacenar líquidos o sólidos) presenta un amplio local donde se encontraron más de 100 ánforas con vino y aceite.





El Thermopolium destinado a la venta de comida y bebidas calientes es muy sugestivo porque está casi intacto. Fue construido en el siglo III d.C. en un edificio de la época de Adriano. Posee tres entradas con bancos o asientos laterales y debajo del mostrador conserva aún las vasijas en las que se lavaba la vajilla. En el interior hay un estante de mármol y en la pared por encima de él hay una pintura de muchos colores con fruta, legumbres, instrumentos musicales y restos de ánforas. En el patio trasero, con fuente, se disponían las mesas para comer al aire libre y, de aquí, una escalera conduce a la bodega subterránea.





El Foro era la plaza principal de la ciudad, el lugar donde estaban los edificios religiosos y civiles más importantes. Presenta una planta rectangular y esta ubicado en el cruce entre el decumano y el cardo. El  Capitolium, el templo más grande de Ostia, fue obra de Adriano (que también completó los pórticos laterales con unas magníficas columnas de estilo corintio). El templo estaba dedicado a la Tríada Capitolina: Júpiter (padre de todos los dioses), Juno (su esposa, diosa de la fecundidad y protectora del Estado Romano) y Minerva (diosa de la ciudad, de la guerra y de las actividades humanas en general). Una escalinata lleva al pronaos, de seis columnas en su parte frontal, y de aquí se accede a la cella rectangular que posee tres hornacinas a cada lado.





Las Termas del Foro constituyen el conjunto más grande e importante de Ostia. Ubicadas en el centro de la ciudad, fueron construidas en varias fases, como lo indican los estampillados de los ladrillos. En la primera fase, a partir del 150 d.C. bajo los emperadores Antoninos, se edificaron los ambientes que comprendían el frigidarium, el tepidarium y el caldarium. En la segunda fase (fines del siglo II d.C. y comienzos del siglo III d.C.) bajo los emperadores Severos, se realizaron reestructuraciones.





En la tercera fase, del siglo IV d.C. en adelante, se construyó la pared curva del frigidarium, se creó un Foro contiguo y se construyeron ambientes alrededor del gimnasio. El acceso a las Termas se encuentra en el lado oeste del Foro. Siguiendo un recorrido axial y simétrico se entraba al frigidarium, con sus dos piscinas laterales y, volviendo al atrio, a la derecha, se accedía a unos ambientes muy interesantes orientados al sureste para recibir la luz y el calor a través de las grandes superficies de ventanas.







El ambiente de planta octogonal puede haber sido el heliocaminus (cuarto expuesto al sol para el disfrute invernal) y el de planta elíptica podría ser un laconicum (baño de vapor para sudar). Continuando el recorrido se encuentran varios ambientes climatizados mediante tubos de terracota, quizá para tepidaria (piscinas de agua tibia) y una última sala que corresponde al caldarium (piscina de agua caliente) con tres piscinas alimentadas por dos calderas. Un pasillo angosto y largo lleva a un espacio abierto con columnas con una serie de ambientes en el que se practicaban distintas actividades físicas.





Tomando la Vía de la Forica (retrete) se encuentra una letrina pública construida a finales del siglo IV d.C.



El edificio del Larario en realidad es un pequeño mercado del tiempo de Adriano, con tiendas en el frente que da a la calle y un edículo de ladrillos dedicado a los Lares (divinidades protectoras de los comerciantes) en el patio interno.
Los Horrea Epagathiana eran unos grandes depósitos, de mediados del siglo II d.C., estructurados alrededor de un gran patio central que, como indica la inscripción sobre mármol blanco, pertenecían a los comerciantes Epagato y Epafrodito.





El Mitreo de las Paredes Pintadas, construido en el interior de una domus del siglo II a.C. y reconstruido en los siglos I y II d.C., presenta la pared del fondo oblicua y los acostumbrados podios laterales (con pequeñas repisas que servían para apoyar los objetos rituales). Una inscripción en el altar contiene una dedicatoria al dios Sol de parte de un tal Sempronius y Las paredes laterales presentan pinturas relacionadas con el culto de Mitra.







El Templo de Hércules, de finales del siglo II o principios del I a.C., está construido sobre un alto basamento, con pronaos de seis columnas y cella única. Por la dedicatoria grabada en el altar de mármol (en el centro del pronaos), se supone que estaba destinado al culto de Apolo. Aquí se reunirían la gente de mar y los comerciantes para pedir a la divinidad un viaje seguro. A la derecha se encuentran los restos de otro templo, de finales del siglo II a.C., dedicado quizá a Asclepio e Higia.





las Termas de los Siete Sabios, construidas bajo Adriano, poseen un ambiente circular de grandes dimensiones con bóveda y pavimento de mosaico.















El mosaico, originalmente del 130 d.C., fue reconstruido parcialmente mediante la introducción de figuras de cazadores y fieras que interrumpen la estructura del trazado original (plantas y volutas de acanto en progresión creciente hacia el exterior). En otro ambiente más pequeño se conservan las inscripciones que aluden a los siete sabios (entre otros Solón el Ateniense, Tales de Mileto y Quilón el Espartano) y varias frases humorísticas referidas a funciones fisiológicas.







La Basílica Cristiana se construyó entre finales del siglo IV d.C. y principios del siglo V d.C. en el interior de una manzana que anteriormente pertenecía a unas termas (para algunos dedicada a los Santos Pedro y Pablo). Está compuesta por dos espacios angostos y largos separados por cinco columnas.





Sobre las dos columnas de capiteles jónicos que conducen a la iglesia de la izquierda hay un arquitrabe con la inscripción: “IN(Cristo) GEP, FISON, TIGRES, EUFRATA, TU CR(st) IANORUM DUMITE FONTES” que se traduce como: “En Cristo, Guijón, Pisón, Tigris, Éufrates. Acercaos a las fuentes de los cristianos”. La inscripción hace referencia a los cuatro ríos del paraíso terrestre, nombrados en el segundo libro del Génesis.
Y con estas últimas imágenes abandonamos Ostia Antica..










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