miércoles, 14 de junio de 2017

Irlanda, la fascinante Isla Esmeralda (III)

En Victoria Street ( como no) encontramos una pequeña gran sorpresa.
El Albert Memorial Clock Tower se construyó allá por 1865 para intentar paliar la nostalgia que sentían los funcionarios y hombres de negocios de la ciudad de Londres y para recordar al regio esposo de la reina Victoria, el príncipe Alberto. Si nos acercamos un poco vemos que está ligeramente inclinada, ya que se levantó sobre un terreno robado al río que apenas puede sostenerla.
Por este hecho se la ha llamado la Torre de Pisa de Belfast. Al estar situado cerca de los muelles, la torre fue una vez famosa por ser frecuentada por prostitutas que ejercían su oficio con los marineros, sin embargo, en los últimos años la recuperación de la zona ha convertido la Queen Square en un espacio realmente atractivo, con parques, jardines y esculturas.
Aparte de su curiosa inclinación, la torre está adornada con una estatua del príncipe Alberto, así como leones coronados ricamente tallados y decoraciones florales.


Arriba del todo, la torre alberga una campana de dos toneladas y las esferas de un reloj que tuvo que ser reparado, ya que fue gravemente dañado por una bomba que el IRA colocó en sus cercanías hace 24 años.
Uno de los lugares imprescindibles por su curiosidad al visitar la ciudad de Belfast.

Y vamos a echar un vistazo al Crown Liquor Saloon.


Nada menos que desde 1826 lleva abierto este pub en Great Victoria Street para alegría y diversión de propios y extraños. Aunque no soy bebedor, decidimos acercarnos hasta él para comprobar lo que suelen decir en Belfast. que su Crown es el pub más bonito de Irlanda. Y aunque visitamos tan sólo un par de ellos en nuestro viaje no me extrañaría que así fuera.

Ya por fuera su fachada llama la atención por su decoración victoriana, llamativa y llena de color, que usa azulejos en las paredes y pequeñas teselas de mármol en el suelo para conseguir un conjunto de lo más atractivo. Dentro, conserva los característicos snugs, pequeños apartados separados por mamparas de madera para dar la privacidad que muchos buscan, un poco alejada de la imagen de gente apelotonada que se suele tener de un pub, sobre todo cuando hace frío y el tiempo no permite estar fuera. Cada uno de ellos está decorado con paneles artesanales en madera realizados por ebanistas italianos, sus asientos forrados en suave cuero y por supuesto su puerta privada. Incluso hay un botón que al tocarlo hacía sonar una campana que alertaba al personal de que necesitabas más "líquido".




Hoy, The Crown no ha perdido nada de su impresionante y antiguo esplendor, gracias a las restauraciones de las últimas décadas y su reconocimiento oficial como lugar histórico de interés. La obra original de coloridos azulejos y vidrieras sigue brillando como si se hubieran colocado ayer mismo y al mirar al techo nos parece ver resplandecer la luz de gas tal y como lo hizo durante casi un siglo. Quizá este sea uno de los pocos lugares en el mundo donde la opulencia victoriana nunca ha perdido su gloria y fulgor.

Una vez dejamos atrás Belfast, y de camino a la archiconocida Calzada del Gigante, conducimos por la que podría ser una de las carreteras más bonitas del mundo, la llamada Coast Road. No creo que exagere si digo que ese día el sol parecía brillar más para nosotros, para que pudiéramos disfrutar del intenso azul del mar o del envolvente verde de la hierba y la vegetación que parecen fundirse a nuestro alrededor al  recorrer el camino de asfalto que nos llevaba al norte de la isla. Por eso, si hay tiempo, recomiendo recorrer esta carretera secundaria en vez de ir directamente a Derry y de allí a la Calzada.








Solo así se puede disfrutar de esta cornisa que une las dos mayores ciudades de Irlanda del Norte y que nos regala paisajes salpicados de playas y calitas, los famosos nueve glens( valles) donde se levantan pintorescos pueblecitos de pescadores e incluso algún que otro castillo que vigilaba esta estratégica posición del North Channel entre Irlanda y Escocia.




El lugar fue famoso también por la cantidad de salmones que atrapaban sus redes y que se exportaban a todo el Imperio Británico y por las enormes hogueras que se divisaban desde lejos en las que se quemaban toneladas de algas para luego destinarlas a usos médicos.






Mi consejo, detenerse donde te apetezca y disfrutar de un rato de contacto directo con la naturaleza, y sobre todo dejar pasar el tiempo...Yo lo hice en Tweed's Port, un pequeño muelle donde batía el mar y los patos aprovechaban para refrescarse entre las algas, y también más adelante en Agnew's Field, que dispone de un pequeño aparcamiento y unas mesitas donde tomar un aperitivo mientras se respira una mezcla de tonificante brisa marina y delicioso olor a hierba y campo.

Y llegamos a uno de los hitos de nuestro viaje, la Calzada del Gigante.

La Calzada del Gigante está envuelta en el mito y la leyenda. Se dice que fue excavada en la roca por el poderoso gigante Finn McCool como un camino formado por cuarenta mil columnas de basalto para pasar de Irlanda a Escocia sin mojarse los pies.


Al parecer el irlandés tenía un rival en esa tierra llamado Benandonner al que nunca había conocido. Para demostrar a todo el mundo que él era el más fuerte, Finn desafió al escocés a que fuera al Ulster a batirse en duelo, como el otro gigante rechazara cruazar a nado la distancia entre las dos tierras, el irlandés construyó la calzada en una sola noche.


Así que el el gigante cruzó y puso sus enormes pies en tierra irlandesa. Viendo Finn, que era mucho más grande que él corrió a su casa y siguiendo consejo de su mujer se disfrazó de bebé. Cuando Benandonner vió el tamaño del "hijo" de Finn se asustó con sólo pensar cual sería el tamaño de su progenitor, y huyó corriendo a Escocia rompiendo la calzada para que Finn no pudiera seguirle.



Bonita la leyenda, ¿verdad? Pero la realidad es más cientifica, ya que los fascinantes bloques hexagonales son el fruto de una actividad volcánica muy intensa, de altísimas presiones y temperaturas que dieron forma a esta zona durante más de 60 millones de años, enfriando y esculpiendo grandes bloques de lava que las sucesivas erupciones fueron depositando junto al mar.



Voy a hacerles una advertencia: el acceso al paraje donde se encuentra la Calzada es totalmente gratuito, no hay que pagar nada. No caigan en el error que cometimos nosotros, ya que por un malentendido pagamos el acceso al Centro de Visitantes, donde se explica la formación geológica y nos dan unas audioguías que nos explican los diversos puntos de interés.


No está mal, no nos arrepentimos, pero lo cierto es que no es barato, y es perfectamente evitable. Para ello recomiendo aparcar fuera del recinto del centro de visitantes y entrar directamente por el túnel que se encuentra a su derecha. Pasamos por una taquillas donde recoger y dejar la audioguía y tomamos el camino que baja paralelo a la carretera.

Tan sólo hay que seguir hasta el mar y a nuestra derecha aparece la Calzada. Hay que contar con que el camino de ida son aproximadamente unos 1.200 metros y que a la vuelta la pendiente es considerable. Para ello han puesto un servicio continuo de autobuses que hacen el trayecto en 5 minutos por un módico precio.



Sin embargo yo recomiendo caminar y disfrutar del paisaje y de la unión de la tierra y el mar que forjó la leyenda del gigante Finn para disfrute de todo el que venga a escucharla.

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