viernes, 7 de octubre de 2016

Viena Imperial (IV)

Iglesia de San Pedro
Para los españoles católicos que vayáis a Viena, ésta es vuestra iglesia.



Las razones son varias. Primero que nuestra lengua es la segunda oficial de la Iglesia después del Alemán y por tanto los folletos, misales, estampas y recordatorios están en español, aparte de actividades que organiza la comunidad.





Segundo, porque en uno de los altares se encuentra el adoratorio de Escrivá de Balaguer.
La iglesia en sí es una explosión descontrolada del barroco con evidentes toques rococó. Supuestamente inspirada en San Pedro de Roma, hasta aquí trajeron los restos de los primeros mártires que estaban enterrados en las catacumbas de la Ciudad Eterna. Por su parte, el techo es una abigarrada representación de la Asunción de la Virgen.
Llena de detalles que no hay que dejar escapar, como los múltiples símbolos masones que adornan los retablos laterales, o la escultura de San Juan Nepomuceno, una recurrente imagen en las iglesias centroeuropeas.


Es obligado sentarse y mirar con mucho detenimiento a nuestro alrededor, disfrutar del silencio y de las volutas de oro y mármol que nos envuelven.
La iglesia de los Caballeros Hospitalarios
Entre tiendas de souvenires, restaurantes, cadenas de grandes firmas de ropa y decoración, se encuentra, pasando casi desapercibida la iglesia de la orden de los Caballeros de Malta en Viena.

No la tenía prevista dentro de mis visitas, porque no suele aparecer tampoco en las guías, así que en una de esas esperas por fuera de una tienda de ropa ( ya me entendéis) se me ocurrió acercarme a la puerta, ya que me llamaba la atención los cortinajes de terciopelo rojo.
Al entrar, la iglesia de nave única se nos presenta muy sencilla, con los símbolos de la orden por todas partes.


Aunque la iglesia tiene su sede aquí desde 1217, de su origen no queda absolutamente nada, ya que la actual es de aire barroco y ha sido restaurada en varias ocasiones.

Lo interesante, es que la Segunda Guerra Mundial dejó a la Orden sin fondos, y tuvo que vender la iglesia, pero volvió a sus manos en la década de los 60 gracias a un benefactor y por otra parte, y que poca gente sabe, es el lugar de descanso de Jean Parisot de La Valette, defensor de la isla de Malta y cuyo apellido dio nombre a la capital de la isla.


Es un rincón interesante para los que tengan especial interés por los templarios y los masones..
El Museo Judío de Viena
Al contrario de ciudades como Praga, en las que los museos y sinagogas se concentran en un espacio más reducido, en Viena hay que moverse un poco más para recorrer los hitos del pueblo de Abraham.

El Museo Judío que visitamos, no es un museo al uso. Por un lado es totalmente interactivo, busca conseguir la participación del visitante, proponiéndole preguntas, respondiendo a sus dudas, instruyéndole de manera clara y precisa sobre las bases de la cultura judía.
Por eso, la primera parte de la exposición, nos muestra un recorrido fotográfico por la Viena de siglo pasado, antes, durante y después de la Guerra Mundial.
No se trata de regocijarse en el Holocausto, al contrario es una celebración de la vida y la cultura judía.


Al pasar a las siguientes salas, encontramos lo que podríamos llamar el "tesoro", que es la recopilación de Max Berger de objetos de uso religioso y doméstico judío sobre todo de la época de los Habsburgo.


Aquí encontramos desde vestidos ceremoniales (talit), kipás, menorás de varios metales, mezuzás, torás, Iads ( manos de plata para la lectura de la torá) y así hasta completar una colección digna del mejor museo del mundo.



El piso superior alberga una exposición temporal muy bien montada que muestra cómo se fundó Hollywood a partir de las fortunas de las familias judías de los Mayer, Goldwyn o directores como Steven Spielberg, Woody Allen o actores como Barbra Streisand o Charles Chaplin, con una amplia muestra de objetos personales y proyecciones simultaneas de sus películas.




Es, como dije antes, un canto a la vida; a los logros y éxitos de los emprendedores hebreos a lo largo de los siglos, superando las discriminaciones y los ataques de los que no podían soportar ver el fruto de su trabajo continuo y tenaz.




No debemos perdérnoslo y recordar que se compra una entrada conjunta con el Museo de Judenplatz.

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