miércoles, 4 de junio de 2014

Exótico Marruecos (IV)

Al día siguiente, por la mañana salimos de Fez para dirigirnos a Meknés. Allí visitamos el Mausoleo de Mulay Ismail.


La entrada es libre, aunque las propinas se aceptan con gusto. La ornamentación es exquisita y la rica decoración marroquí luce con todo detalle.


El Mausoleo de Mulay Ismail es una de las pocas Mezquitas de Marruecos a las que pueden acceder los no musulmanes, y esto es así por que esta Mezquita no está destinada a la oración, ya que es un Mausoleo.


La Mezquita del Mausoleo de Mulay Ismail es algo modesta y sencilla, pero es de ahí de donde realmente surge su gran belleza, es elegante y está más bien llena de espacios vacíos que de grandes objetos lujosos.


En su interior se encuentra la tumba de Mulay Ismail, que si bien en un principio no se puede diferenciar en nada con respecto a las tumbas de otros califas, excepto por que en todas las paredes que la rodean podremos ver algo insólito: están repletas de auténticos relojes de péndulo del siglo XVIII. Estos relojes fueron acompañados a la negativa respuesta del Rey de Francia Luis XIV, cuando Mulay Ismail pidío la mano de la Princesa de Conti. Dichos relojes están en pleno funcionamiento desde hace ya varios siglos, todos ellos acompasados y mostrando el característico tic tac en el inmenso silencio del mausoleo.


Mulay Ismail fue un tiránico y cruel califa, pero ilustrado, aunque algo menos que su contemporáneo y amigo rey francés, el cual lo tuvo diplomáticamente contento con meterse poco en sus asuntos y con hacerle estupendos regalos. El califa magrebí se moría por los inventos europeos de su siglo, pero no precisamente por aquellos que afectaban a la producción agrícola, artesanal e industrial, que ya empezaban a asomar la cabeza en Occidente, sino por los autómatas, tan propios de la época, por los juguetes mecánicos y por los relojes.



La cúpula interior la sostienen doce columnas procedentes de las ruinas de Volubilis. En una de las paredes se reproduce un poema de Mohammed V a la memoria de sultán Alauita.


Patio decorado con mosaicos y azulejos que da paso al mihrab de escayola esculpida.


Una última mirada a este precioso mausoleo...

Salimos del mausoleo y paseamos un poco por la ciudad.


Meknassa de los Olivos (Azeitún, da origen a la españolísima palabra aceituna), es una fundación berebere del siglo IX, pero hasta 1069 no toma su verdadero carácter, cuando los Almorávides construyen un bastión y una alcazaba.

Tras pasar por asedios, conquistas, abandonos y reconstrucciones, Meknès alcanza su apogeo bajo el reinado de Mulay Ismail que la hizo su capital. Este sultán alauí, contemporáneo de Felipe IV, embelleció Meknès dotándola de murallas con puertas monumentales, jardines, mezquitas, alcazabas y su primer palacio, Dar Kebira.


El resultado es una de las ciudades más monumentales de Marruecos.

Después del Mausoleo nos dirigimos al Estanque Bassin Agdal: gran deposito para la acumulación de agua de 319 m de longitud, y 149 de ancho



Su profundidad supera los 2 m. Fue edificado por el Moulay Ismael para irrigar los jardines de Mequinez.



Aunque un poco alejados, merece la pena visitar los graneros de Heri es-Souani. Con un ingenioso diseño de pequeñas ventanas, gruesos muros y un sistema subterráneo de canalización de aguas, mantenían la temperatura fresca y el aire en circulación.


Aquí se almacenaban el grano y el heno para alimentar a los 12.000 caballos del sultán. Una parte ha sido restaurada pero la mayor parte de bóvedas se encuentra aún en ruinas.


La vegetación se ha ido apoderando del lugar y le confiere un aspecto muy interesante.


Así lo debió pensar también Martin Scorsese cuando decidió situar en este lugar algún escenario de la película ”La última tentación de Cristo”.



Vamos de camino al interior.



Por el camino, nos detuvimos para ver este espectáculo de verdor en medio del desierto.




Y al otro lado de la carretera esta construcción.



Y de día emprendemos el camino y vemos esta escena que me pareció un poco "pastoral", por cuanto todo parece un poco preparado. Supuestamente son "comerciantes de agua".



Estos pozos estaban sospechosamente cerca de la carretera....


El ritual era bajarse del bus, acercarse a los pozos, hacer fotos y comprar piedras y mil mercaderías que sacaban de su tienda..

Me resultó más divertido hacer fotos a este grupito de camellos que no se apartaba de la carretera.



Ahora es cuando comienza la auténtica ruta de las kasbahs.


Con este nombre se conoce, en el sur del Alto Atlas, a un recorrido por una serie de fortalezas .




Construidas en adobe con torres almenadas y adornos de ladrillo crudo, en ocasiones, son auténticos pueblos fortificados.



Están situadas en un paisaje espectacular en el que el desierto y la montaña se encuentran, conjugando todos los tonos del ocre y el rojo, los ríos crean desfiladeros que se transforman en fértiles valles o en oasis con verdes palmerales.



Si las antiguas Kasbahs seducen con su poder de evocación, el paisaje conmueve por la fuerza de sus contrastes, su luminosidad y el silencio que inunda el alma de paz y sosiego, por lo que esta ruta es una de las más atractivas y solicitadas de Marruecos.


La región da una sensación de cuento de hadas que parece irreal en su encanto antiguo, donde los innumerables tonos de vívidos rojos, verdes y blancos permanecerán sin duda grabados en su memoria.


Al dejar atrás Boulmane del Dades entrarán en un mundo donde las rocas, carne de la montaña, se cierran a ambos lados antes de abrirse de nuevo sobre un área esmeralda cubierta de verde hierba, de tierra roja y de bellas casas.


A través de todo el valle los caminos sinuosos les llevarán de pueblo en pueblo, algunos de los cuales cuelgan de las rocas por encima del río mientras otros descansan junto a sus frescas y murmurantes orillas.



Garganta del Todra

La Garganta del Todra, situada en el remoto lado oriental de las montañas del Alto Atlas en Marruecos, es una de las formaciones rocosas más sensacionales del norte de África, con cañones cuyas paredes parecen precipicios tallados que se alargan durante varios kilómetros a través de las montañas.


La parte más espectacular de la garganta del Todra son los últimos 600 metros, donde el cañón se estrecha considerablemente hasta alcanzar en algunos puntos una anchura de tan sólo 10 metros.


La misma garganta se va haciendo escarpada y las lisas paredes de piedra alcanzan 300 metros de altura en cada uno de sus lados. En el resto de la garganta, el agua es gélida, puesto que los rayos del sol apenas alcanzan el fondo del desfiladero.


Al final de los 600 metros de longitud de la garganta, el cañón se abre a un claro menos dramático pero igualmente bello, con el río fluyendo a través de las rojas montañas a ambos lados. Los campesinos siguen usando el camino, ahora más transitable "gracias " al cemento para seguir con su quehacer diario.


La garganta se ha convertido en un lugar bastante accesible, con una carretera de asfalto que conduce valle arriba desde Tinerhir hasta la misma garganta y una carretera que continúa hasta los pueblos de Aït Hani, Tamtatouchte e Imilchil.

¿Dónde desemboca el río? Lo curioso es que el río no desemboca en ninguna parte.


Como ocurre con la mayorí­a de los ríos de Marruecos que van de la cordillera del Atlas hacia el oeste, son conducidos y canalizados, hasta que su última gota de agua es absorbida en un huerto o evaporada por el calor del desierto.


El guía nos aconsejó comer antes de volver a la guagua, ya que por la tarde no tendríamos lugar donde hacerlo. Así que paramos en un restaurante y comimos una tortilla y una cocacola. Cosas del Ramadán.
Cualquiera diría que este es el nacimiento del río.


Nos dijeron que una avalancha de agua había destrozado la plataforma por donde se andaba. Pero tiene una pinta de pala mecánica.....




Y seguimos la ruta pasando por pueblos realmente maravillosos. Si os dais cuenta, el tiempo está empeorando.






Y llegamos a Ouarzazate, la puerta del desierto.

Para quien diga que hablar por el movil no entraña peligros, os cuento que por salir a la terraza de mi habitacion, esa noche a llamar por teléfono, los mosquitos de la zona me hicieron el regalo de 124 picaduras. Lo juro. Jamás he estado tan desesperado. Eso sí las farmacias marroquies tienen auténticos profesionales. Un tratamiento de desinfección y cremas y en tres días como nuevo. Este es el escenario del crimen perpetrado contra mi persona.


Construida en 1928, Ouarzazate es el punto de salida de las excursiones hacia el Gran Sur marroquí. Sin embargo, pasó de ser una ciudad etapa a convertirse con el tiempo en un destino por sí solo.


Antiguo lugar de guanición de tropas extranjeras, la ciudad está situada en el Marruecos meridional, una zona rica por su agricultura, famosa por sus dátiles, las rosas y la henna.


Podemos encontrar la Kasbah de Taourirt, en otros tiempos residencia del pachá de Marrakech, que está construida en adobe con torres almenadas.



Se visitan los antiguos aposentos del Glaoui, el comedor y la habitación de la favorita que conservan su decoración de estuco pintado y los techos en madera de cedro.



La verdad es que no he encontrado casi nada de información sobre esta kasbah, así que me limitaré a las fotos.

Las vistas eran muy bonitas. La pena fue el tiempo!!!



Dependencias auxiliares.




Otras vistas desde la kasbah:






Y pasamos al interior. No se visita mucho pero nos hacemos una idea de como transcurría la vida.




Y continuamos el viaje, hoy visitamos la Kasbah de Ait Ben Haddou. La más famosa de todas.
Coronando un risco de unos cien metros de altura, la antiquísima fortaleza de Ait-Benhaddou aparece en el paisaje desértico como un espejismo.




El camino para llegar hasta ella asciende desde la huella de lo que alguna vez fue un río, y que a veces con las crecidas y las lluvias renace y da vida a los cultivos que se desarrollan alrededor del pequeño poblado, que se sostiene como un sueño más dentro de esta región.


Las Kasbahs son majestuosas fortificaciones de color arena y ciudadelas abandonadas a su suerte, como esperando ser cubiertas por las arenas del tiempo, guardando las cicatrices de las eras y quizá el retorno de los guerreros.


Mientras acogen con agrado a los visitantes que las admiran, el silencio abraza su magnificencia.

La más famosa de estas fortificaciones, la Kasbah de Ait Benhaddou, emplazada a unos treinta kilómetros de la ciudad, es un castillo de arena ribeteado por almendros en flor, reconocido por su extraordinaria belleza incluso por la UNESCO, que la ubicado dentro de las construcciones que son patrimonio de la humanidad.


La kasbah es un complejo de edificaciones unifamiliares independientes congregadas entre sí para su mejor defensa y protección.


En el pasado llegaron a constituirse auténticos pueblos fortificados.


Las kasbahs como Ait-Benhaddou fueron grandes pueblos amurallados, diseñados para defender la cosecha y los palmerales que crecen junto al curso macilento de los cauces.


Esta hermosa y soberbia kasbah fue construida en adobe con torres almenadas y adornos de ladrillo crudo.

Estos pueblos albergaban importantes comunidades agrarias, mercantilistas y guerreras, con una visión particularmente purista del Islam.


De economía fundamentalmente agrícola, la sociedad era conservadora y practicaba el cultivo en terraza en numerosos valles de los ríos que desaguan hacia el sur de la cordillera.


El complejo de barro y piedras está rodeado por una muralla con monumentales puertas, y dentro de ella hay varias estancias y edificios muy antiguos y bellamente decorados y restaurados por las diferentes visitas de los directores de cine que tomaron este sitio como escenario para sus obras, la última que tuvo repercusión fue “Gladiator” con su pequeño circo romano alrededor.


La historia cuenta que Ait Benhaddou se hizo fuerte y poderosa en el período de las caravanas comerciales que llegaban desde el sur de África y necesariamente debían cruzar el Monte Atlas y con ello llegar hasta la fortaleza.

De lejos la fortaleza parece abandonada y sin cuidado, pero también hay momentos en los que esta región se transforma en un hormiguero de gente preparando escenas para películas.


Esto siempre es bienvenido por los habitantes del poblado, ya que el cine también trae trabajo para ellos como extras.


Las familias de la zona nunca han vivido fuera de esta kasbah pero todos saben perfectamente qué es un director de casting y cómo conseguir un papel de extras.


Durante los calurosos días la gente del lugar casi no se ve en la calle, y parecen perderse entre las sombras de las laberínticas callejas y pasadizos subterráneos.


Sin embargo, en el actual pueblo por el que pasa la carretera –muy cercano a la Kasbah-, hay unas tiendas preparadas para los turistas con ofertas de cristales perfectos con mezclas de minerales distintos hasta una cantidad increíble de fósiles –que deberían cuidarse como joyas arqueológicas; pero el estado no cuenta con el presupuesto necesario, y parece que nadie aún ha tomado cartas en el asunto.


Si se puede, es muy aconsejable hacer una visita al torreón de la antigua kasbah, donde encontraremos maravillosas vistas panorámicas de la región con el Alto Atlas como telón de fondo.
Construidas con barro, las cuadradas kasbahs con torres almenadas protegen cada pedazo de terreno fértil. Encajonados entre los altos picos del Atlas y la inmensidad del Sahara, los bereberes de los áridos valles presaharianos han desarrollado desde hace milenios una destreza especial para el comercio, las artesanías y la agricultura. Y han sabido sacar partido a los torrentes que bajan hacia el sur desde las nieves del Atlas. El verdor de los plantíos, cultivados con palmeras, olivos, frutales y hortalizas hasta el último metro, contrasta con la sequedad circundante, donde el desnudo terreno muestra el perfil de un antiguo fondo marino plagado de fósiles y la proximidad del desierto es siempre un aviso de peligro. Un espectáculo único, que nos llena de la esencia atemporal de esta tierra indómita y del modo de vida arcaico y tenaz de su gente.

La carretera trancurre por territorio Amazigh (Bereber) con unas vistas impresinantes de los montes pelados, tan sólo existe vegetación en las zonas más bajas de lo valles y es aprovechado por los pueblos Imazhigen de la zona para cultivarlos.



El puerto de Tizi-N'Tichka es el más alto de Marruecos a 2260 metros, por el pasa la carretera que lleva desde Ouarzazate a Marrakech cruzando el Alto Atlas.


Por sus yermas laderas surgen pueblos del mismo color que la tierra, donde los pastores beréberes aprovechan los rincones frescos para mantener algunos cultivos a la sombra de nogales y almendros.


En esta región el terreno es árido y el clima y el pastoreo excesivo no dejan lugar para los bosques de cedros que abundan en las laderas del Medio Atlas, más al norte.




En aldeas como estas viven los bereberes del Alto Atlas, que habitaban Marruecos antes de la llegada de los árabes.


De hecho, a pesar de ser musulmanes conservan algunas creencias y ritos paganos. A los extranjeros de origen europeo nos conocen como "arumi", que quiere decir "romano".

3 comentarios:

  1. impresionante és lo que és!!!! muy buenas tomas

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  2. Me ha gustado descubrir Marruecos- a traves de tu cuaderno de viaje condimentado con olores de especias y jazmin,y matizado con una luz que envuelve sugerentes imagenes de los variados objetos artesanales fabricados por este pueblo bereber, asi como deleitar al neofito con una bellisima arquitectura, que sugiere una cultura rica en matices, donde la sensualidad es la piedra angular.Fez es, con diferenciai , la pieza clave de este recorrido por las arenas del desierto africano, que ha despertado mis sentidos y hecho recordar vívidamente el sunset sobre las jaimas en "El cielo protector" de Bertollucci (Paul Bowles ,Tanger) que -si no la has visto- te la recomiendo. Mayca Fernandez /La Coruna |Spain. Mobile phone nº + 34 654919678

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  3. Muy buenas las fotografías, en general, y en particular las bellas tomas de la Kasbah de Ait Ben Haddou son mis preferidas. El Hotel en el que te alojaste tiene un "aire" aocgedor y me gusta el trabajo de interiorismo. !Apetecible¡

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