sábado, 8 de marzo de 2014

Mi Puerto Rico ( I )

Y empezamos nuestro maravilloso viaje a la Isla Estrella volando desde Madrid.
Aunque claro, como es habitual hay que hacer noche en la capital, y esta vez elegimos el Axor Feria por la comodidad de un hotel cercano al aeropuerto.
Hay hoteles a los que uno le coge el truquillo o tranquillo, como prefieran, rápidamente. Y el Axor, sea el Feria o el Barajas, tanto monta monta tanto, es uno de ellos.
Primero por la cercanía al aeropuerto y el estupendo servicio de transfer gratuito que brinda a sus clientes, puntual y eficaz; segundo, por el check-in inmediato y amable que ofrecen en la recepción; tercero...bueno podríamos seguir enumerando casi hasta el infinito y completar un catálogo de ventajas sin desventajas que nos ofrecen ambos hoteles.
Las habitaciones inmaculadamente limpias, amplias y luminosas; los espacios comunes llenos de luz y color, con mobiliario de último diseño y espectaculares lámparas, sobre todo en la zona de recepción; el desayuno, completo y sabroso, nos ofrece, para enfrentarnos al día que empieza, productos frescos, de alta calidad y de marcas de primera fila, con todo tipo de opciones que satisfacen al huésped más exigente.





Son nada menos que 502 las habitaciones que nos ofrecen ambos hoteles en dos edificios casi gemelos y unidos.
Otro de los determinantes que influyen en elegir Axor cuando hago noche cerca del aeropuerto, es su total implicación en la eficiencia energética y sobre todo en el cuidado del medio ambiente, y eso se ve en el diseño de las instalaciones que aprovechan la luz natural, como en el tratamiento selectivo de los residuos o la generación solar de la electricidad que consume.








Más ventajas: WIFI gratuito y de alta potencia en TODO el hotel!!! Maravilloso para viajeros que no pueden estar separados de la red ni por un minuto.







Así que seguirá siendo mi primera elección en sucesivas noches de escala en Madrid por mucho tiempo.














Y al día siguiente, tempranito, salimos para Puerto Rico.
Esta vez viajamos con Américan Airlines, vía Miami.






Un muestrario de las comidas que disfrutamos en el avión ( lo dejamos en "correctas")






Una vez hecha la escala..¡¡a San Juan!!


Y ya de noche llegamos a la Isla. Un taxi y en media hora estábamos plantados en el hotel, cansados del largo viaje pero ansiosos por descubrir miles de cosas nuevas.
Cuando planeamos el viaje a Puerto Rico, tuvimos dudas del lugar exacto donde reservar nuestro hotel.
No sabíamos si sería conveniente la zona de Río Grande, donde se ubican los grandes resorts, como el recién inaugurado Meliá, mas relajada y apartada, o sumergirnos en el tipismo colonial del Viejo San Juan, en el Sheraton que se ubica justo enfrente del puerto desde donde saldría nuestro crucero.
Al final decidimos, como es habitual, quedarnos con el término medio, y optamos por el el Radisson en Condado, muy cerca de todo y al mismo tiempo con una localización excelente para las excursiones por la isla.



No se trata de un hotel nuevo, de hecho tiene un par de cositas que deberían renovar poco a poco, como las moquetas, tan americanas pero poco apropiadas en un país caribeño y que guardan el eterno olor a humedad y a tabaco de la época en que se podía fumar en el interior del hotel, o esa manía de poner el aire acondicionado a tope. Tan a tope que se formaba una condensación que no dejaba ver el interior del hotel desde la calle.




De resto el hotel no está nada mal.
Lo mejor es su ubicación, en pleno barrio turístico de Condado, un pequeño Miami, por aquello del skyline junto al mar y el Lago del Condado, perfecta zona para un corredor como yo. Eso si, levantándose muy temprano antes de que el calor, la humedad y el sol hagan no tan placentera la carrera.
La habitación correcta, espaciosa, con acceso a wifi (vital), muy limpia y con unas camas deliciosamente cómodas e invitadoras, sobre todo después de un largo día de coche, visitas y playa.




Prácticamente no hicimos uso de otros servicios como las salas de juego ( muy frecuentadas no sólo por jugadores sino como lugar de celebraciones de bodas y otros eventos o el Ambassador Grill, bastante famoso en la ciudad.
Lo que si usamos a diario fue el servicio de aparcamiento gratuito, muy cómodo y bien atendido.


Eché de menos un desayuno en el mismo hotel, ya sabe todo el mundo que sin café no soy nadie, pero afortunadamente, los amables recepcionistas nos aconsejaron el Danny's a unos 200 metros del hotel, que cumplió perfectamente nuestras expectativas.
Así que sin duda es un establecimiento recomendable para alojarse mientras conocemos la maravillosa isla de Puerto Rico, la Estrella del Caribe.

Normalmente, cuando viajo, suelo elegir hoteles en los que la opción primera sea la categoría AD, es decir alojamiento y desayuno, ya que soy de esas personas que si no se inyectan el café a primera hora no soy nadie, tal y como hago mientras escribo estas lineas.
Sin embargo, previendo la calidez no solo atmosférica sino amistosa de la increíble isla de Puerto Rico, decidí contratar sólo el alojamiento, y echarme a la calle, sin café, a buscar un buen lugar para desayunar.



Y fue en el mismo hotel donde nos recomendaron el Danny's, a escasos 50 metros por la misma acera. Así que fue nuestro lugar perfecto para empezar el día con fuerza y ganas, bien alimentados, a lo puertoriqueño, como debe ser.
El local es amplio, bien dispuesto e iluminado el interior y aunque dispone de una estupenda terraza desde donde observar cómo va despertándose el barrio de Condado, con sus grandes camiones de reparto y la multitud de corredores ( runners) que como yo hacían la ruta desde Condado a Viejo San Juan, el intenso calor que desde bien temprano se siente en la calle, hace que prefiramos, los menos acostumbrados, el aire acondicionado a toda mecha, que nos ofrece la sala del restaurante.


Sentados frente a un café "negro" más intenso que el americano, aunque sin llegar al expresso, elegimos de una larga carta los que vamos a comer.




Acompañado de ese estupendo y lleno de personalidad café de Puerto Rico y un dulcísimo jugo (zumo) de china ( naranja)





Y después de este hipernutritivo desayuno nos subimos a nuestro coche de alquiler y empezamos a fascinarnos con la Isla. Y nada mejor para empezar que el Observatorio de Arecibo.
Como gran aficionado a las películas de James Bond y a la astronomía, no podía dejar pasar la oportunidad que me brindaba la vista a Puerto Rico para visitar este punto fundamental de la isla.
Este observatorio convierte a la antigua Borinquen caribeña en referencia para el resto del mundo e incluso para todo el universo, puesto que su telescopio es el más grande de nuestro planeta.








Aquí se encontró el emplazamiento natural adecuado para instalar un gran reflector de forma semiesférica, una especie de gran plato de 300 metros de diámetro sobre el que se encuentra increíblemente suspendida una plataforma triangular de 544 toneladas con antenas que cuelgan de tres grandes columnas situadas en los bordes del casquete mediante cables.






Podríamos decir que a modo de gran ojo que todo lo ve, su función primordial es captar cualquier señal, por mínima que sea, que pueda demostrar la existencia de vida en otros planetas de nuestro universo. Como miembro fundamental de SETI, programa que incluye telescopios del mismo tipo repartidos por todo el mundo, pretende escuchar constantemente el cosmos para percibir las posibles emisiones de radio que una civilización avanzada podría emitir del mismo modo en que constantemente lo hacemos nosotros.










Por ello, el uso durante la visita de nuestro móviles está absolutamente prohibida ( aunque si podemos sacar fotos mientras esté en modo avión), ya que muchas veces esas señales de radio que capta el gran plato son muy débiles y fácilmente confundibles con las de nuestros teléfonos.
Volviendo a la estructura, les aseguro que es tan grande que no puede modificarse ni moverse de su base. Es absolutamente impresionante.









Tanto que volviendo al principio, fue escenario de una peligrosísima escena en la película de James Bond " Golden Eye" http://www.youtube.com/watch?v=MH2qnn4D0kY.
Por ahora los resultados no han sido muy alentadores en cuanto a esas señales de vida extraterrestre, pero si que ha ayudado a la comprensión y conocimiento de otros fenómenos del cosmos como son los púlsares y otras estrellas giratorias que emiten rayos de energía que capta el telescopio.




Para completar la visita, un completo museo nos explica muchos de los principios astronómicos y geológicos del universo y la Tierra, con aparatos, experimentos y actividades didácticas que acompañan a grandes paneles informativos.






A esto se suma un documental que nos muestra la creación y desarrollo del proyecto SETI y del Observatorio de Arecibo y una astrotienda de lo más atractiva.
Nadie que visite Puerto Rico debe perderse esta visita. Es imprescindible.

Y aprovechamos para acercarnos a la atractiva y vibrante ciudad de Arecibo.
Aparcamos el coche y nos dispusimos a visitar la plaza de Luis Fernández Muñoz.




Arecibo fue una de las primeras localidades que los españoles fundaron e impulsaron en la isla junto con otras de gran importancia como San Germán, San Juan o Coamo. Los datos y registros hablan de 1515 como fecha casi segura de su fundación, por lo que de ser cierta, la convertiría en una de las ciudades más antiguas de Puerto Rico y de la mismísima América.




La plaza que ocupa su centro, es por tanto su corazón y su núcleo, y por ello ha sufrido quizá mas vicisitudes que cualquier otra parte de la ciudad. Ya en 1890 un incendio destruyó gran parte del espacio y en 1899 un huracán volvió de nuevo a sembrar la desolación en la ciudad.
Mucha de la importancia de la plaza se centra en el hecho de que era y es lugar de reunión de un pueblo que tuvo un gran papel en los días de la Independencia, de la que fueron grandes defensores y de lo que siempre se han mostrado muy orgullosos; como orgullosos de ser la " Villa del Capitan Correa", legendario héroe en la defensa de Puerto Rico contra la invasión inglesa de 1702. Todo un ejemplo de valentía...






La antigua plaza mayor, por tanto, es uno de los lugares de más historia de la ciudad y sitio de los edificios de más solera, como la Catedral de San Felipe Apostol, considerada una de las mejores de la isla, que mezcla en su fachada el neoclásico, la herencia española y los colores pastel caribeños.






Grandes laureles de indias, fuentes, un gran quiosco y sobre todo espacio de vida y descanso, convierten la Plaza de Luis Muñoz Rivera en el pulmón histórico y humano del Diamante del Norte.

Muy, pero que muy chocante es andar por la apacible ciudad de Arecibo, esperando encontrar arquitectura suave, caribeña o colonial, apenas alterada por la altura relativa de la Catedral de San Felipe, y a unos pasos de ella darse de frente con tres edificios totalmente inesperados.




Bueno, al menos dos de ellos, porque el teatro Oliver ni desentona ni desmerece a la ciudad, muy al contrario, ya que desde que entramos en ella da ese aspecto y semblante de culta y empacada.
Se trata, fijando la atención en él, de una construcción de 1877 que fue restaurado con toda urgencia en el 2001, ya que presentaba serios problemas estructurales de mantenimiento y tras varias vicisitudes hubo que lavarle la cara y recuperar su antigua función.




Este edificio histórico fue construido como teatro municipal con el fin de aliviar la necesidad cultural de Arecibo, así como de un lugar para celebrar las reuniones de la ciudad y otros tipos de eventos, lo que lo llevó incluso a convertirse en una sala de cine.
Frente a el, una fuente rodeada de delfines se convierte en punto de observación de dos gigantes poco habituales en una ciudad, los templos masónicos.



En el siglo XIX existían en Puerto Rico un puñado de Logias, principalmente vinculadas al Gran Oriente Nacional de España. En 1885 se fundó la Gran Logia Soberana de Puerto Rico y aunque en 1896 por presión gubernamental se cierran todas las Logias de la isla, al año de la invasión norteamericana de 1898 se reanima el movimiento masón.
En Arecibo se estableció la número 2 Tanamá que hoy sigue funcionando con toda su fuerza, tal y como podemos observar en su recién restaurado edificio.


He intentado durante horas buscar información sobre los edificios para poder arrojar un poco de luz sobre este rincón de Arecibo, pero el mismo carácter semioculto de la masonería no ha dejado entrever casi información.
Quedémonos con las imágenes que ilustran un rincón poco conocido de Arecibo.

Junto al Puerto de Arecibo, siguiendo la carretera 655, un antiguo faro se ha reciclado para convertirse en museo. A su alrededor ha crecido el llamado Parque Histórico de Arecibo que contiene cinco representaciones culturales que transportan a los visitantes a través de acontecimientos históricos y culturales desde 1493, en épocas de la Conquista Española, hasta 1898, fecha en que se fundó el Faro de Arecibo y ocurre la guerra Hispanoamericana.




Una suerte de mini parque de atracciones acuático-histórico se despliega en la gran parcela que rodea el faro, sumergiendo al visitante en un recorrido que le lleva a descubrir una aldea tahína, un poblado africano que habla de los antepasados que llegaron del continente negro, y las guaridas de los piratas o las carabelas españolas. Eso si, todo de manera interactiva y didáctica.




Por fuera, una gran bahía que es el Puerto de Arecibo, sirve al mismo tiempo de playa y muelle de descarga de combustible.


Las del río Camuy, son grutas que permiten contemplar un espectáculo de la naturaleza que no había encontrado en ninguno de mis viajes, en ningún otro lugar, porque aquí tuve la posibilidad de conocer uno de los ríos subterráneos más largos del mundo, que curiosamente se llama Camuy, es decir " Sol ".









Espeleólogos de todo el mundo han visitado estas oquedades desde hace decenios, exactamente desde 1958, y sus investigaciones permitieron que se abriera como parque en 1986 para disfrute de otros científicos y visitantes.
Aunque no fueron los primeros, ya que en la zona hubo una población de indios tainos, en épocas anteriores a la presencia española, que las utilizaron con fines religiosos como atestiguan restos de enterramientos y ofrendas a sus dioses.














Para acceder a ellas es necesario el uso de un pequeño tren que reúne a un grupo de visitantes y los lleva a la entrada de las cavernas por un camino cementado que discurre bajo la bóveda verde de los gigantescos árboles de la zona.
Una vez en la entrada, y prevenidos por el guía de las precauciones básicas y lógicas para entrar a las cuevas, vamos descubriendo las grandes y pequeñas maravillas que han estado esperando por nosotros desde hace millones de años.
La superficie que abarcan es de unos 1.215 metros cuadrados con un extenso catálogo de maravillas geológicas que incluyen estalactitas, estalagmitas (que crecen a un promedio de un centímetro cada 300 años), desfiladeros (como el que nos muestra al río Camuy fluyendo 150 metros por debajo de nosotros) y grandes techos, inmensos techos.









Bueno, por lo menos la parte que podemos visitar como turistas, ya que para los privilegiados científicos existen más de 16 kilómetros de recorrido, 220 cuevas casi inexploradas y 17 entradas más a las mismas desde otros pueblos de los alrededores.
Lugares maravillosos como la cueva espiral que nos lleva al Salón Grande, o el de los Ecos o las Doncellas Blancas nos esperan en el recorrido para asombrarnos y deleitar nuestra vista e imaginación.
Al salir de las cuevas, tomamos de nuevo el trenecito, que nos lleva a un mirador, el de "Los tres pueblos", desde donde vemos un sumidero de unos 20 metros de ancho con plataformas colgantes desde donde podemos contemplar el río a unos 120 metros más abajo en uno de los pocos momentos en que aflora a la superficie. El nombre del lugar hace referencia a que se encuentra en el límite territorial de tres municipios, Camuy, Hatillo y Lares.



A la vuelta, el tren nos deja en la misma entrada, donde tenemos a nuestra disposición aseos y varias máquinas de agua y refrescos, así como un restaurante donde tomar algo rápido antes de seguir conociendo el maravilloso Puerto Rico.
Una parada para saborear la estupenda y sabrosa comida puertorriqueña y seguimos camino...


Tocaba un poco de playa, así que siguiendo las recomendaciones de la guía de viaje nos fuimos a la maravillosa Playa de Jobos, la Playa del Oeste.
Puede que para muchos no sea la playa más bonita de Puerto Rico, sobre todo para aquellos que tienen en su imaginario la blancura de las costas caribeñas, el sol, las palmeras junto a la orilla...






Pero por eso mismo fue, sin duda, mi playa favorita de Puerto Rico, por ser diferente a todas y por ofrecernos una variedad paisajística variada, colorida, poco habitual.
También influirá, digo yo, lo que nos costó encontrarla. Una hora deambulando con el coche por la zona de Isabela, entre bases aéreas norteamericanas, caminos poco transitados y una costa que aparecía y desaparecía ante nuestros ojos.






Finalmente llegamos a la playa en cuestión, y desde un primer momento nos enamoró.
Y lo hizo por que es amplia, tranquila y agradable. Esos son sus puntos fuertes en una primera impresión.
Luego empezamos a descubrir más cosas.
Por un lado que tiene uno de los atardeceres más bonitos de Puerto Rico, al estar situada al noroeste de la isla. Increíble.



Por otro la variedad de costa que nos ofrece. Un contraste realmente fabuloso de arena, agrestes rocas y un mar tranquilo y sereno sobre la guijarros pero fuerte y batiente contra los acantilados, apenas unos metros más allá.
Este contraste es lo más llamativo de la playa, porque si bien cerca de la orilla encontramos varios bares y terrazas prácticamente sobre el agua, con sólo caminar un poco encontramos toda la fuerza del mar golpeando las rocas cortadas a pico.










Esa misma fuerza es la que ha hecho que durante décadas sea uno de los puntos más concurridos para surfistas de todo grado, ya que según el lugar donde queramos practicar encontraremos varios tipos de olas.













Por ello la Playa de Jobos es un buen lugar donde practicar el deporte de la tabla o simplemente refrescarnos y ver un precioso atardecer con una buena y helada cerveza Medalla.


Hay que hacerle el gusto a las chicas, y ¿que mejor sitio que un Outlet? El de Barceloneta es impresionante.
Lo normal es que los grandes outlets, o tiendas de liquidación en castellano, se sitúen a las afueras de las grandes ciudades, ya sea en Europa como en Estados Unidos, y evidentemente, en Puerto Rico, siendo Estado Asociado, no iba a ser de otra manera.



Por eso, a medio camino entre Arecibo y su famoso observatorio y la capital de la isla, San Juan aparece, el outlet de Barceloneta, a la orilla de la carretera que pasa por el pueblo del mismo nombre.
Se trata de uno de los complejos de venta al detalle de grandes marcas que pertenece a la cadena Premium Oulet Centers, que engloba establecimientos repartidos por todo Estados Unidos e incluso Malasia, Japón y México, con la idea de que pasemos todo un día de compras, asueto y relax sin que tengamos que salir del recinto que abarca todo tipo de locales comerciales, de entretenimiento y de restauración.






Por un lado tenemos los edificios que albergan las marcas de más prestigio dentro del panorama mundial en lo que respecta a moda, como pueden ser Calvin Klein, Guess, Polo Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, Nautica, Clarks..todo un mundo de lujo y calidad con el que regalar y regalarnos artículos a precios increíbles.
La oferta de restauración es muy amplia y de profundo sabor americano, como el Cajun Cafe & Grill, el Chicken Now, elChina Max, el Flamer's Burgers & Chicken o el socorrido Subway.
Por supuesto que las plazas de aparcamiento son casi ilimitadas y los accesos muy fáciles y claros desde la autopista.
Una manera estupenda de relajarnos y hacer algunas compras después de un largo día de disfrute de las maravillas de Puerto Rico.

El siguiente día continuamos nuestro recorrido circular por la isla, está vez de camino a Ponce, nos detuvimos en Mayagüez.
Visitamos Mayagüez atraídos por la música de Frankie Ruiz, insigne hijo salsero de la ciudad, esperando encontrar algún recuerdo palpable de su memoria, algo que llevarnos en la retina, un sonido, un son.
Pero poco pudimos bailar, poco pudimos escuchar del músico. Quizá haya sido porque la capital del municipio tiene tantos hijos ilustres que no puede permitirse elegir a un favorito.
Razones no le faltan, ni belleza tampoco.






Creciendo a un ritmo vertiginoso, su perfecto puerto atraque le dio preeminencia desde un principio como base para la actividad comercial. El dinero empezó a fluir y con él el enriquecimiento de familias que ayudaron a levantar las joyas que encontramos hoy en la ciudad.
Como la Plaza de Recreo Colón, con un centro gobernado por una fuente y una estatua del descubridor.. En aquellas últimas décadas del siglo XIX había una intensa relación comercial y migratoria entre la ciudad de Barcelona y la de Mayagüez, pues buena parte de la población estaba constituida por inmigrantes de Cataluña y las Islas Baleares, muchos de los cuales integraban el gobierno de la ciudad y formaban buena parte de su liderazgo social, político, comercial e industrial.
Mayagüez miraba hacia Barcelona y Palma de Mallorca del mismo modo que San Juan miraba
hacia Madrid o Cádiz, y con la misma inmediatez o familiaridad con que hoy se mira a Nueva York.
Por ello, el encargo de todo el aparato escultórico de la plaza fue encargado a Barcelona y a catalanes y cuando estuvo terminado fue orgullo de todo el pueblo de Mayagüez.
Sobre un pedestal de granito rodeado de simbolismo, se levanta la figura de Colón, escoltada por dieciseis lampadarias y alabarderos, que representaban las diversas culturas del viejo mundo, entre
ellas la egipcia y la etíope, la griega, la persa y la romana, de las cuales la nación Descubridora ( España) era heredera, por haber sido colonizada, entre otros, por griegos, cartagineses, romanos y bizantinos y
por descender sus monarcas de varios de los emperadores romanos de ambos imperios, el de
Oriente y el de Occidente. Por cierto, que la plaza aparece siempre impoluta y los jardines perfectamente cuidados, reflejo del carácter de sus habitantes.
Sin dejar la plaza, en su frente, nos encontramos con la Catedral de Nuestra Señora de la Candelaria, construida en 1760 pero reconstruida casi totalmente en unas obras que han finalizado hace poco, por lo que ahora podemos disfrutar de un templo casi nuevo.





Un poco más lejos un último hito, el Teatro Yagüez.




Quizá el edificio más querido por los mayagüezanos, cumplirá en 9 años su primer centenario. Ejemplo perfecto del teatro colonial de inspiración neoclásica sigue en activo y con más fuerza que nunca, con programas regulares de exquisitos espectáculos escénicos. Tras varias restauraciones que han conseguido paliar los efectos de las lluvias y los vientos que en forma de huracanes habían ido socavando los cimientos y techos del teatro, hoy luce en todo su esplendor para seguir siendo faro de cultura de Mayagüez.
Bien merece una parada una ciudad de tanta inquietud cultural e histórica, que mira a su pasado para reflejar su futuro.

Y seguimos, esta vez parando en Agüadilla.
Es bastante agradable ir recorriendo la zona oeste de Puerto Rico, muy verde, con estupendas playas y unos atardeceres realmente hermosos y encontrarse con una pequeña gran ciudad en el camino.
Aunque está a 130 kilómetros de la vibrante San Juan, se ha convertido poco a poco en meca para los amantes del surf por lo idóneo de sus costas.


No podemos evitar que nos venga a la cabeza la imagen de muchas localidades del sur de España pero mezcladas con algún que otro toque americano ( el frente de la alcaldía es un claro ejemplo).



Y es que claro, Aguadilla ha jugado un papel esencial en la historia isleña desde hace siglos. Ya en tiempos de la dominación española fue uno de los siete departamentos en los que se encontraba dividida la Isla. Y lo más curioso es que aún se mantiene la disputa entre la ciudad y Mayagüez sobre cual fue la ciudad que vio el primer desembarco de Cristóbal Colón.
Cristobaladas aparte, el centro neurálgico de Aguadilla se presenta recién restaurado e impoluto, un lugar del que, con razón, se sienten orgullosos los habitantes de ésta ciudad costera.






No en vano su nombre viene de un término que usaban los indios de la zona, que significaba "jardín" y que ahora se ha recuperado para llamar a la ciudad " El Nuevo Jardín del Atlántico".

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