jueves, 2 de abril de 2015

Cuenca Encantada (II)

Catedral de Cuenca




Como fue habitual en la Edad Media, el edificio más importante de una ciudad tenia que levantarse, obligatoriamente sobre una mezquita musulmana o sobre cualquier resto de construcción importante que diera a conocer la importancia y el poder de la civilización cristiana. En el caso de la Catedral de Cuenca, el resquicio árabe que se remachacó fue una antigua alcazaba musulmana.




Y como no se andaban con chiquitas en eso de demostrar el poderío y las riquezas de los nuevos dueños de la ciudad, el estilo elegido fue el imperante protogótico, que aunaba los restos de un macizo y casi militar románico con las florituras del próximo gótico que había de venir.




Para algunos tiene influencias francesas, para otros inglesas. Lo que sí está claro, es que este templo que parece inconcluso y que sin embargo quedó huérfano de cuatro torres que nunca llegaron a restaurarse, es una auténtica joya que en su interior esconde maravillas como la capilla de los Apóstoles, la del Espiritu Santo o la muy medieval y llena de simbolismo de los Caballeros, además de una preciosa sacristía y sala capitular. A un lado queda el soleado y discreto claustro que también tiene sus tesoros, como el complejo reloj que se encuentra en uno de sus lados.




Y como todo lugar en nuestro país, la Catedral también tiene su leyenda. Leyenda que la nombra como guardiana del Santo Grial, y único refugio que no será destruido el día del Juicio Final.
No es una iglesia de grandes retablos ni de recargada hermosura, por el contrario, en la sencillez de su porte y de su adorno reside toda su elegancia.













Bajo el mar de Thetis
Si, como lo están leyendo. Porque hace 90 millones de años, lo que ahora vemos poblado de pinos, tejos, acebos y arces, fue en su día el lecho marino de ese mar primigenio que vio la separación y desplazamiento de los continentes.
La Ciudad Encantada, surgió del fondo del mar para ser azotada y modelada por el viento, el hielo y la lluvia hasta quedar como la vemos hoy en día. Y aún sigue cambiando, erosionándose y poco a poco desapareciendo.






Esta claro que no la veremos desaparecer en nuestra generación, ni siquiera lo verán nuestros tataranietos, ya que se trata de un proceso que llevará otros tantos millones de años. Pero lo que si se, es que es un fenómeno comparable en belleza y hermosura a las formaciones de las Chimeneas de Hadas de la Capadocia Turca o del Gran Cañón del Colorado. Son juegos de la Naturaleza, creaciones que sólo ella puede llevar a cabo.






Y debemos admirarlas y respetarlas.
En este paraje las sorpresas se suceden una tras otra. Formaciones como La Lucha del Elefante y el Cocodrilo, Los Amantes de Teruel, El Mar de Piedra, el famoso Tormo que sirve de símbolo turístico de la Ciudad, la Cara de Hombre, o los gigantescos Hongos, van apareciendo ante nuestros ojos en un recorrido circular de dos kilómetros y medio que nos va mostrando la increíble e imaginativa fuerza de la Naturaleza.






Leyendas también hay, como la que cuenta que bajo el Tormo se encuentra la tumba del famoso pastor Viriato, y que en tiempos antiguos y oscuros era lugar de sacrificios y brujerías. La Ciudad Encantada se presta a todo tipo de fábulas y mitos, y cada cual puede ver o dejar de ver figuras y sortilegios, contar las edades de la Tierra por las capas que claramente se ven en las piedras, o simplemente pasar unas horas de diversión en un lugar que no dejará indiferente a nadie.























Y para acabar, el Ventano del Diablo.

Cuenta la leyenda, que un día el Diablo estaba aburrido y se puso a pensar maneras de conseguir que los hombres murieran y fueran a parar al Infierno. Y se le ocurrió utilizar una de las debilidades de la Humanidad para conseguirlo.
Sabiendo que la curiosidad es innata en el ser humano, se le ocurrió excavar en la roca un mirador con dos grandes balcones que cayeran sobre un barranco y que permitieran contemplar unas vistas magníficas y muy atrayentes. Modeló el Cañón del Júcar para que fuera un precipicio de más de 200 metros de altura y lo pintó con preciosos colores en la piedra y en el agua.






Todo el que pasaba por allí se sentía atraído por la curiosidad y se asomaba a los balcones para disfrutar de las vistas. En ese momento el Diablo los empujaba y en el momento en que caían al fondo del precipicio tomaba sus almas y se las llevaba al Purgatorio.




Esa es la leyenda, aunque parte de razón tiene.
Si bien el Ventano es fruto de una maravillosa acción geológica que excavó la dúctil roca hasta crear la increíble balconada natural que es el Ventano del Diablo, las vistas desde ella parecen salir de la mano, si no del Diablo, de un pintor que hubiera puesto todo su empeño en dar colores imposibles al agua y a la roca del Júcar.
La mejor hora para disfrutar del espectáculo cromático es sin duda el atardecer, cuando la cada vez mas débil luz del sol saca esos tonos que durante el día permanecen ocultos a nuestros ojos y que perfectamente pueden complementar nuestra visita a la Ciudad Encantada de Cuenca.

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