martes, 28 de julio de 2015

Viva México (IV)

Hacienda El Lencero
Una hacienda mexicana como la que visitamos es la típica imagen de gran casona con patios, balcones y balaustradas, grandes cuadras para caballos, pozos y almacenes, una iglesia con una gran torre cuadrada y campanario. El Lancero es un museo de la historia de a pie, no de la nobleza, pero tampoco del pueblo llano.





Llegamos a la hacienda con nuestro guía, y tras pagar la entrada visitamos primero el jardín, con una higuera gigantesca y muchos senderos con laureles. En uno de sus lados, gracias a un manantial hay un pequeño lago.





La historia que nos cuenta el guía se remonta a cinco siglos atrás, cuando uno de los soldados de Cortés recibió una de las primeras "Mercedes Reales" que constituían las diez posadas con permiso en el camino desde la ciudad de Veracuz.
A partir del XVII, se diversificó su uso para cría de ganado y cultivo y procesamiento de la caña de azúcar.





La historia se cierra en 1842 cuando el general Antonio López de San Anna compró la hacienda y la habitó en periodos, como habitó el Palacio Presidencial, nada menos que 11 veces en 34 años.



Una vez que cesó y se vendieron sus propiedades, fue saqueada, quemada y abandonada hasta que en 1935 fue recuperada y se le devolvió todo su esplendor.
Como punto no del todo comprobado de su historia, se dice que la cruz de piedra del jardín perteneció a Cortés, de ahí su nombre...


Catedral de la Asunción de Cuernavaca
La excursión combinada Cuernavaca-Taxco, en una de las más ofrecidas a los que visitamos México D.F. Así que, aunque no la llevábamos programada, nos pareció una ocasión estupenda para visitar estos lugares.




Por la mañana nos dirigimos a Cuernavaca, en Morelos, donde pasamos junto a uno de los mejores monumentos que se han hecho de Zapata, sobre un caballo veloz comandando la Revolución. El nombre viene de una palabra indígena que significa " el lugar de los árboles susurrantes" o Cuauhnáhuac. y es destino frecuentes de los federales los fines de semana.



En Cuernavaca, poquito vimos, la verdad, apenas la Catedral y un par de calles. De cualquier manera, el templo me llamó mucho la atención, y os cuento el porqué.
Al ser una de las ciudades más antiguas de México, la fecha de su construcción también lo es. Nada menos que de 1520, este edificio encierra murales en su desnudo interior de influencia oriental cuya autoría se atribuye a artistas llegado nada menos que de China y Filipinas en los primeros tiempos del comercio con España.



Nunca hubiera imaginado que las rutas del comercio españolas pudieran traer hasta México artistas de lugares tan lejanos.
Las pinturas, y la sensación de ligero abandono de la fachada y los jardines, frente a la monumentalidad del interior de la Catedral, le dan a este templo un carácter de lugar redescubierto, del que quieres hablar al que te escuche. Realmente hermoso.
Maravillosa Taxco.
Se nota la altitud cuando vamos subiendo por las verdes carreteras....Al ver aparecer la ciudad en una hondonada a 1.800 metros, el aire es más denso, huele a historia, a calma, a plata...










 Ya desde 1522 los españoles supieron de ricos metales que explotaron en pequeña medida, ya que no supieron encontrar los grandes filones que si halló José de la Borda en el siglo XVIII.
Lo curioso es que fue un americano, llamado Spratling, el que impulsó la artesanía de la plata, actual fuente de riqueza de la ciudad.
El turismo también es motivo de orgullo de Taxco, ya que entre sus visitantes estuvo el naturalista Alexander Von Humboldt, que se hospedó en la casa que ahora lleva su nombre y que podéis ver en la foto ( la casa de la gran portada de cantería).






Seguimos paseando por las preciosas calles empedradas y vemos también cesteros, otra actividad de la zona, y un monumento a los fieles que siguen una tradición empezada por los frailes, que se encadenan, además de cargar cruces y ‘atos de ramas’, y otros objetos religiosos, una tradición que empezó en 1949 y que se ha celebrado, año tras año, hasta estos días.
Iglesia de Santa Prisca en Taxco.
Pues resulta que el hijo de don José de la Borda, don Manuel se metió a cura, como era tradición en las buenas familias de México y España, y su padre, que era muy católico, pero que adoraba a su primogénito, no quiso que en ningún momento desapareciera de su vista, así que decidió construirle, gracias a su gran fortuna, una iglesia tan fabulosa que no quisiera irse de su lado.





Así que empezó la construcción de la Iglesia que en un principio no iba a ser dedicada a Santa Prisca, pero parece que esta santa es muy caprichosa, por lo que aprovechó una noche de tormenta para aparecerse y sujetar con sus manos los rayos que amenazaban con destruir lo que se llevaba adelantado del templo. Por supuesto que con esto se ganó el honor de que la iglesia le fuera dedicada y pudiera lucir el esplendor churrigueresco que ahora podemos disfrutar.

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