domingo, 20 de diciembre de 2015

Soria, la noble desconocida (II)

Muy sencillo pero sabroso
El gran especialista en setas de esta zona del Duero es sin duda el restaurante de la Posada de los Leones. Para ellos, la seta es como un fruto del bosque, y la preparan de mil maneras, siendo siempre la primera opción en su menú mientras está en plena temporada.



Las que utilizan son ricas, sanas y sabrosas, por ello no es de extrañar que elaboren platos tan deliciosos como el revuelto de hongos, el pudin de boletus y gulas o una especialidad que no había probado antes: las croquetas de hongos de temporada.




Pero también, en el caso de que no queramos esta joya de la tierra como plato único, en el resturante se combinan como exquisita guarnición en platos como las manitas de cerdo rellenas de boletus y trufa de Soria o la caldereta de ternera con setas de cardo.

Yo soy un amante incondicional de las setas, pero para quien no las adore como yo, la Posada tiene otras opciones que no las incluyen, como las típicas migas de pastor, el somarro ibérico a la plancha, la sopa castellana, huevos trufados con jamón, bacalao con tomate, lomo de atún a la plancha con pisto de Soria o el picadillo de matanza.



Si no hemos quedado suficientemente llenos, una exquisita tarta casera o una cuajada con miel, nos dejarán el dulce sabor de boca que pone la guinda a nuestra comida.
El local, por su parte, es una antigua casa palacio del siglo XVII, totalmente reformada y habilitada para los tres usos que tiene, esto es, alojamiento, restaurante y cafetería. Han guardado varios elementos originales de la gran casona, obligados evidentemente por pertenecer a un casco antiguo que fue declarado Conjunto Histórico Artístico.


La impresión global es francamente buena. Buena comida, buen servicio y localización inmejorable. Eso sí, recomiendo un paseo por la preciosa villa para ayudar a hacer la digestión de las delicias del almuerzo.


Si te gusta la micología, este es tu sitio.

Berlanga de Duero. Historia hecha piedra y...un caimán.
Quizá sean dos de los elementos que configuren la personalidad de esta tierra seca, árida en gente, no por ánimo y simpatía, sino por escasez y emigración.









La que durante mucho tiempo fue villa de paso obligado para mercaderes y comerciantes en su camino a Soria, feudo del Señor de Vivar, que la conquistó a los árabes, crisol de culturas y creencias, como lo demuestran las pocas huellas que quedan de su judería, finalmente recuperó parte de su esplendor tras pasar a ser patrimonio de los Duques de Frías.
Entramos por la puerta de la Hilera a este conjunto de pequeñas y grandes riquezas que ni siquiera el benéfico y famoso " lagarto de Berlanga" pudo proteger del abandono de muchas familias que decidían abandonarlo en busca de un mejor futuro.
Por eso ahora, el pueblo sólo se llena cuando en agosto, en su hermosa Plaza Mayor, se congregan bajo los soportales apuntalados por vigas de madera, los emigrantes que retornan una vez al año para las fiestas de la Villa.





Así que sin apenas miradas curiosas, paseamos hasta la Colegiata de Santa María del Mercado, recreando la vista en edificios como el monasterio de las franciscanas, los restos del Palacio de los Marqueses o el Castillo de Tovar.
Desgraciadamente, a la hora que fuimos ( la de comer) y con una nevada que anunciaba la inminente llegada de febrero, poco más podíamos hacer en Berlanga, cerrada a cal y canto para evitar que el calor escapara de los hogares levantados con la dura y seca piedra del valle del Duero.
Solo el caimán que desde hace siglos guarda la colegiata, y que nació en las Islas Galápagos, podrá contarnos todas las historias que ha visto y oído con su cuerpo disecado.

La era de la soledad
No es el título de una película de ciencia ficción. Es el nombre del lugar (antigua era donde se separaba el grano de la espiga de trigo) que se encuentra a la salida ( o entrada según se mire) de la villa de Berlanga de Duero. Aquí y como ya vimos en un lugar de similar condición en Medinaceli, se tuvo a bien levantar un humilladero que sirviera para arrodillarse y pedir protección divina antes de emprender el peligroso camino que partía hacia otras ciudades y pueblos. Y no era en vano, ya que en esos tiempos, los mercaderes y ciudadanos eran una presa fácil para los salteadores que acechaban en las lindes de huertos y cauces de ríos, y por ello cualquier protección era poca.


En este caso, la pequeña ermita estaba y está dedicada a la virgen de la Soledad, quizá por aquello del sentimiento de aislamiento que sentían los que atravesaban la hermosa tierra soriana.
De destacar prácticamente el exterior, con una picota de estilo gótico que ejerce hoy de rotonda, y el propio valor arquitectónico y artístico del edificio, con un magnífico porche y sin edificios a su lado, lo que la convierte en centro de las miradas y permite su contemplación por todos los ángulos.


Por unas mirillas que el tiempo ha abierto en las puertas, se puede vislumbrar un poco del interior, muy austero pero que deja entrever un poco de la historia de este humilladero.

                                            Burgo de Osma, Castilla en una plaza
Este precioso cuadrilátero barroco, que se abre en el corazón del hermosísimo Burgo de Osma, fue desde siempre el centro neurálgico de la vida social y cultural de la villa.



Barroca pero sin excesos, elegante y sobre todo llena de pequeños rincones que la destacan por encima de otras plazas de ciudades aún mas importantes, está adornada ( porque son adornos, las joyas que la forman) del magnífico edificio del Hospital de San Agustín, que es hoy oficina de turismo y sede del Camino del Cid, y que corona su preciosa fachada con bolas, pirámides y rombos que ya se vieron en el estilo herreriano del Escorial y sus dos torres gemelas engalanadas con el escudo del Obispo Arévalo y Torres; otro lado lo gobierna el ayuntamiento, que parece un reflejo un poco descafeinado del Hospital, como si se mirara en un espejo roto o ajado por el tiempo pero que también tiene su encanto, con sus torres y columnas reutilizados del antiguo consistorio medieval.







Para rellenar los otros dos flancos, nada mejor que una preciosas y típicas casas castellanas bajo cuyos soportales se ubican bares y cafeterías donde late el pulso de la ciudad.

Unas esculturas de verracos hechas en granito, se encargan de dar la bienvenida o despedida a la ciudad, y al mismo tiempo sirven de recordatorio para que no olvidemos que este año se celebra el 40 aniversario de las Jornadas Gastronómicas de la Matanza del Virrey.

La ciudad que refleja la luz
Una luz intensa, que refulge sobre las paredes de roca amarilla y la transforma en oro, que brilla sobre el suelo rojo y lo convierte en fuego, fuego y oro que se funden en uno para dar vida al Burgo de Osma.


No sabría con qué quedarme, si con la hermosa Plaza Mayor, con la impresionante catedral, monumental como su maciza pero ligera torre barroca, o con la larga y entretenida Calle Mayor, que bajo sus pórticos añejos alberga los mejores mesones y bares donde degustar la sabrosa cocina soriana y sobre todo une la villa medieval donde se levanta la catedral, con la dieciochesca de la Plaza Mayor en una transición tan suave y delicada que habremos viajado por el tiempo sin apenas caer en la cuenta.





Aquella Uxama romana, creció como una niña hasta hacerse una mujer hermosa y admirada por todos, desde obispos, artesanos y comerciantes hasta el mismísimo Cid Campeador que cayó rendido a sus pies.
Así caímos rendidos nosotros, ya que desde el principio nos embrujó con su belleza serena y castellana, recia pero elegante, y se convirtió en una de nuestras ciudades favoritas de España.




Así que cuando nos acerquemos a ella vayamos con cautela, porque no volveremos a ser los mismos que cruzaron sus puertas.

Hostal Arévacos. Sencillo pero acogedor
Cuando decidimos pasar la noche en Soria para poder aprovechar bien el día siguiente en nuestra ruta por estas tierras castellanas, buscábamos un alojamiento económico donde poder descansar y vivir un poco de la noche soriana.



La elección del Arévacos fue totalmente acertada, ya que por su situación ( a escasos 200 metros del centro de la ciudad) su precio ( realmente económico) y sus instalaciones no tenía competidores en la capital del Duero.
Una vez allí pudimos comprobar que el establecimiento bien valía una segunda y tercera visitas, porque se trata de un hostal acogedor, muy limpio y bien atendido. Si bien el recibidor es pequeño y apenas cuenta con espacio para la recepción, el espacio para las habitaciones está bien distribuido y cada una de ellas es amplia y con todas las comodidades. Camas grandes que invitan al descanso, televisión de pantalla plana, un baño tan limpio que pasaría el test del algodón, calefacción ( muy necesaria si vas, como nosotros en pleno enero) y un wifi potente y sin caídas.



Para desayunar, basta seguir calle abajo para encontrar decenas de sitios donde reponer fuerzas, supermercados y bazares.
Sin duda un establecimiento recomendable para pasar un par de noches y descubrir los encantos de esa Soria desconocida.

                               Pastelería Café Nueva York, la exquisitez hecha arte
Nada menos que desde 1951, lleva esta céntrica pastelería soriana endulzando los paladares de todo el que acude a disfrutar de los hermosos rincones de la ciudad y para los propios sorianos, que saben perfectamente donde ir para paladear los mejores dulces de la provincia.
Empezando como no con la exquisita mantequilla de Soria, que se puede llevar a casa como un recuerdo de la ciudad en cualquiera de sus tres formatos, natural, salada y dulce, siendo esta última la más demandada por su textura suave y deliciosa al paladar.




Añadamos al regalo para nuestros familiares unos caballitos de Soria bañados en chocolate blanco o con leche, una trenza numantina, bombones, tarta de tres mousses, una costrada, una bolsa de paciencias, yemas al bombón o una tarta de queso.
Las variedades que nos ofrece la pastelería Nueva York es casi interminable.
Si queremos desayunar, el local dispone de tres menús de desayuno a muy buen precio, siempre incluyendo café, de gran calidad y sabor.




El local es amplio y acogedor, reforzado por un servicio amable y rápido que no permitirá que dejes Soria sin saborear los exquisitos dulces y desayunos que la pastelería Nueva York ofrece a todos sus clientes.
Dulce, muy dulce es Soria.

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