sábado, 18 de febrero de 2017

Berlín, la ciudad reinventada (III)

Fernsehturm,la aguja de Berlín
Desde 1969, la torre construida por Dieter y Franke, y a la que los berlineses apodan "Telespárrago" domina la enorme Alexanderplatz con sus imponentes 365 metros de altura. Arriba del todo una impresionante bola de acero de 32 metros de diámetro alberga diversas instalaciones técnicas, pero también encontramos un bar- restaurante y una plataforma de observación desde donde se puede admirar un magnífico panorama de Berlín.




Tras una cola para pasar el control de seguridad entramos a la base, donde adquirimos las entradas para subir hasta la cumbre y quedamos a la espera de nuestro turno en los ascensores ( recomiendo ir muy temprano, ya que la espera puede llegar a prolongarse una hora y media).





Llegado nuestro momento subimos hasta un piso superior donde de nuevo pasamos otro control de seguridad y nos espera el ultrarápido ascensor que en menos de 30 segundos nos pone en la plataforma.



Nada menos que 200 son las personas que puede albergar el café panorámico instalado sobre un anillo giratorio que tarda una hora en describir una rotación completa.


Nos pegamos a los cristales como moscas, intentando encontrar el mejor ángulo para captar un Berlín que se desnudaba ante nosotros con una perspectiva diferente de la que hasta ese momento nos había mostrado.
Imprescindible.


Hackeschen Höfe, los patios más bonitos de Berlín

Hay que tener mucho cuidado para no pasar por alto la entrada a este pequeño paraíso arquitectónico que Berlín esconde con celo. Un pasadizo amplio pero que parece tan sólo llevar a unos comercios y teatros que quieren jugar a esconderse de los transeúntes, disimula una sorprendente sucesión de patios interiores fruto de la construcción de edificios que se levantaron de manera caótica y donde se hacinaban en el siglo XIX las familias obreras y los talleres de artesanos.



Renovadas en su totalidad, las 80 viviendas se acondicionaron en armonía con oficinas, pequeñas tiendas, talleres, galerías de arte y salas de teatro, como el mítico Chamäleon, uno de los mejores cabarets satíricos de Berlín, que se localiza en un edificio adornado con una maravillosa fachada Jugendstil de ladrillos esmaltados realizado en 1905.



Ocho son los patios que han quedado a disposición de los visitantes, algunos mas hermosos que otros, pero con un encanto propio que los hace realmente singulares.
Paseemos por ellos sin prisas, e imaginemos sus espacios llenos de gente, de vida.

Memorial del Muro de Berlín, el muro de la vergüenza.

Dos Alemanias, dos mundos, miles de familias partidas...un muro. No era la primera vez que la humanidad creaba una muralla que protegiera una manera de vivir; la Gran Muralla China o el Muro de Adriano, se levantaron muchos siglos atrás con el afán de aislar lo desconocido o por lo menos, retrasar su llegada. Pero ninguno de ellos es comparable al que se construyó en Berlín en 1961. La Historia nos ha enseñado que la función de los muros era la protección, la defensa de las propiedades; el muro de Berlín, por el contrario se ideó para aislar a sus habitantes, como una cárcel gigante en la que en lugar de barrotes había tres metros y medio de frío hormigón a lo largo de 165 kilómetros.







Tras acabar la Guerra la ciudad se dividió en cuatro partes, tantas como países que participaron en su liberación. En los primeros tiempos se podía ir de una zona a otra casi sin dificultad, pero una vez que las diferencias entre el bloque comunista y el capitalista se hicieron más evidentes y la fuga constante de alemanes del este con gran formación académica se hizo casi imparable, la necesidad de una separación radical se hizo más que necesaria.
De la noche a la mañana Berlín quedó definitivamente partido a la mitad. Y empezó a correr la sangre. Sólo en su primera noche de existencia murieron 80 personas intentando en vano cruzar el muro, las vallas de tela metálica, los cables de alarma, una cerca de alambre, trescientas torres de vigilancia y treinta bunkers.





Familias rotas, amigos separados, ausencia de toda libertad, amargura y tristeza.
Recorriendo este Memorial encontramos puntos realmente angustiosos, como la Ventana del Recuerdo, con las fotografías de algunos de los que murieron intentando cruzar al otro lado; un tramo de 70 metros de Muro de hormigón y hierro retorcido con restos de una torre de vigía y muy cerca de la calle, casi fuera de la zona expositora, los restos de unas casas que quedaron en medio del Muro: la cocina y la despensa en la zona este y los dormitorios y la sala en la oeste. Es muy curioso ver las fotos en las que se puede apreciar el significado de estas casas durante la permanencia del Muro.


No puedo siquiera imaginar lo que debió ser para los berlineses saberse tan cerca los unos de los otros y al mismo tiempo tan separados, como en una especie de Guerra Civil silenciosa.

Antiguo cementerio judío, pura historia

El cementerio judío más antiguo de Berlín , fundado en 1672, albergaba hasta su clausura en 1827 más de 12.000 sepulturas. El lugar fue devastado por los nazis en 1943 y actualmente sólo se conservan una veinte estelas fúnebres, entre ellas la del gran filósofo Moses Mendelssohn, que ha sido objeto de una gran restauración. Una placa conmemorativa recuerda que el asilo de ancianos del barrio judío se utilizó a partir de 1941 como centro de reunión de los grupos que partían hacia los campos de exterminio.





Recientemente, una escultura en la que se representan hombres, mujeres y niños, se ha colocado justo en la puerta de entrada al recinto, recordando precisamente a todos los deportados que fueron llevados en trenes, como si fueran ganados a su propia aniquilación. Las piedras cubren la base del monumento por una razón muy simple: los visitantes sean o no judíos dejan una piedra y no una flor porque justamente la piedra tiene la particularidad ser una creación muy antigua y de vida muy larga; podríamos llegar a decir que la piedra es "eterna" en cierto modo, esto refleja un poco la visión del judaísmo frente a la muerte. Cuando nosotros nos enfrentamos a la muerte sabemos que el alma sigue existiendo y lo único que se fue es el cuerpo, el alma es eterna. La flor tiene corta vida y rápidamente se marchita, demostrando justamente la fragilidad del cuerpo, mientras que la piedra representa la eternidad del alma.

Dejemos una piedrecilla para recordar a los que tanto sufrieron.

Iglesia Nueva de Berlín, la polvera.

Quien no haya buceado nunca en Internet o leído alguna que otra guía sobre Berlín, al llegar a la plaza donde se encuentra la iglesia del Kaiser, no sabrá nunca que detrás de los acristalados muros de una especie de bunker de anodino color gris se encuentra un templo.



Se trata de la Iglesia Nueva, construida en 1961 para expresar la convivencia armoniosa del pasado y el presente en la ciudad y fomentar una actitud de respeto que los alemanes han procurado llevar a cabo durante todos estos años.

La iglesia está envuelta por más de 20.000 cristales fabricados en Chartres y completamente aislada del ruido exterior. Dentro la decoración es austera y destaca la figura de Jesucristo bañada en resplandeciente dorado, que contrasta enormemente con el azul que emana de las teselas de cristal.




Si teneis suerte como yo podréis disfrutar de un concierto ( o un ensayo) con una acústica de primer orden.


Ah, me olvidaba. Se le llama "Polvera" porque a su lado tiene un campanario al que llaman " El Pintalabios"... Sentido del humor germano.

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