viernes, 2 de noviembre de 2018

El maravilloso mundo de los cruceros (IX) Norwegian Jewel

 Dicen que cuando se prueba algo por primera vez lo mejor es hacerlo a lo grande, y si puede ser lo mejor, tiene más valor aún y la recompensa, en caso de que te guste es aún más grata.

Y eso fue lo que decidí hacer cuando en el año 2006 decidí probar por primera vez a hacer un crucero, algo a lo que mis padres eran muy aficionados pero que yo me resistía a catar. La idea preconcebida de que un crucero era todo prisas, con escalas rápidas que apenas te dejaban atisbar algo de los puertos y ciudades que tocaba estaba enquistada en mi cabeza, sumada a ese falso concepto de que los cruceros son para "gente mayor".

Muy al contrario es una opción, como pude comprobar más tarde, que cada vez más gente elige como destino de sus días de vacaciones, ya que combina el relax, el turismo, la buena comida y la diversión. 

Así que un día de mayo de aquel año amanecí en Barcelona dispuesto a dar el primer paso en un camino hasta ese momento desconocido pero que consiguió engancharme desde que puse el pie en la cubierta del Norwegian Jewel, de la compañía NCL.

Un barco impresionante, enorme y lleno de sorpresas esperaba para que yo disfrutara de unas vacaciones  por el Mediterráneo que no harían más que aumentar mi sed de viajes y de futuras singladuras por todos los mares del planeta.

Este gigante de 294 metros de eslora y 38 de manga estaba casi recién salido de los úteros del astillero, brillando como la joya que era al sol de Barcelona.

Lo primero que hicimos fue ir a ver la cabina en la que dormiríamos durante la semana de nuestro recorrido por el Mare Nostrum y que nos llevaría a conocer Mónaco, Roma, Sicilia, Nápoles y Génova.

Como primerizo que era, y ante el temor de agobiarme en un camarote interior, decidí contratar un exterior con ojo de buey, un poco más caro pero al menos lleno de luz y sin esa sensación de iluminación artificial de un interior. Recomiendo a todos aquellos que sean grumetes como yo, en aquel momento, que hagan lo mismo. No se arrepentirán del dinero pagado.

En lo que llegaban las maletas fuimos a dar un paseo por la cubierta de piscina y al mismo tiempo ver la salida del barco, que muchas veces es lo mejor de un día de navegación, ya que las bocinas saludan al puerto y a otros barcos que han permanecido atracados durante varios días junto al que en ese momento parte.

Antes de la cena fuimos a conocer algunas de las cubiertas del coloso, que tiene nada menos que 15 y visitar sus restaurantes antes de que se llenaran de cruceristas hambrientos, como el Tsar`s Palace, que es uno de los restaurantes principales.

O Le Bistro, de especialidades francesas y una maravillosa vajilla de Rosenthal firmada por Versace.

El Jewel Club Casino


Pronto nos fuimos acomodando y acostumbrando al barco.

Mientras caía la noche.

Amplios espacios como el Cigar Club para fumadores...

...o el Crystal Atrium.

El barco dispone también de una capilla para bodas en alta mar oficiadas por el capitán.

El salón Spinakker, una preciosa sala de baile con vistas 360º, donde sonaba la música más divertida.



Durante las horas de navegación podíamos pasear por cubierta...

...o jugar un partido de baloncesto

La icónica chimenea

Y por qué no, visitar el puente de mando.

Varios bares y rincones acogedores dispuestos a lo largo y ancho del barco.


Así como otros restaurantes de especialidades.

Como pueden ver, un comienzo por todo lo alto de mi carrera como crucerista. Todo lo que hemos visto de este buque y mucho más que no fotografié pero que quedará en mi memoria para siempre, como la deliciosa cocina mediterránea, la oriental, la francesa e italiana, los cócteles, la diversión y los espectáculos, hicieron que me entrara el gusanillo de los cruceros irremediablemente. Y en buena hora, porque el crucero es algo que realmente hay que vivirlo y sobre todo disfrutarlo. Prueben a hacer uno. Les aseguro que nunca se arrepentirán, muy al contrario...


jueves, 1 de noviembre de 2018

El maravilloso mundo de los cruceros (VIII). La historia de NCL

 

Recuerdo que mi debut en el mundo de los cruceros lo hice de una manera espectacular con esta fantástica compañía, tal y como veremos en el siguiente post, por lo que guardo un especial cariño a NCL y su escasamente valorado pero maravilloso concepto del Freestyle Cruising, que luego conoceremos. Pero conozcamos un poco su historia.

Fundada en 1966 por el noruego Knut Kloster y el israelí Ted Arison, la entonces Norwegian Caribbean Line, supuso un punto de inflexión en el mundo de los cruceros, un cambio radical en formas y conceptos.



Sus comienzos, desde un punto de vista actual, fueron humildes, ya que su primer buque el Sunward de apenas 140 metros de eslora era un modesto ferry que hacía recorridos entre Miami y las Bahamas. 

Pronto, la flota empezó su crecimiento hasta finales de los 80 y los nuevos barcos del mismo tipo que el Sunward eliminaron el espacio dedicado a los coches transformándolo en camarotes, un teatro de dos plantas e incluso casino. Los nuevos Skyward y Starward, por ejemplo, ofrecían camarotes de un lujo discreto y actividades a bordo que serían la semilla de la futura NCL.


Mientras, en 1972, Arison abandona la recién inaugurada NCL para seguir su camino y fundar la que sería una de sus rivales más fuertes, la Carnival Cruise Line.
Los 90 significaron un salto en diseño y características de los nuevos buques, y vieron nacer maravillas como el Norwegian Crown, el Norwegian Dinasty o Norwegian Majesty.


El camino estaba preparado y el futuro era prometedor y brillante. Pero en el complicado mundo de las finanzas e inversiones, para crecer hay que vender o asociarse, por lo que en el año 2000, la entonces Star Line de Malasia adquirió NCL, lo que supuso una inyección económica que permitió el salto definitivo de la compañía hacia nuevos horizontes hasta entonces sólo imaginados, como el antes nombrado Freestyle Cruising, que consistía en quitar los corsés históricos de las cenas a determinadas horas, la obligación de la vestimenta formal durante las mismas y tener que sentarse a comer con desconocidos que no siempre eran de nuestro agrado.
Para ello se diseñaron nuevos barcos con espacios innovadores y ofertas de ocio distintas a las entonces conocidas. Se pusieron a flote buques como el Norwegian Sun, el Sky, el Star o el Down.




Una nueva época había comenzado para NCL, y fue el momento en que decidí que ya era hora de probar aquello de los cruceros, que hasta entonces, y como mucha gente, pensaba que era una forma de vacaciones para gente mayor, algo aburrido y carente de atractivo. Afortunadamente, pronto los clichés se vinieron abajo y me di cuenta de que estaba descubriendo un mundo nuevo, desconocido hasta entonces para mí y que me atraparía hasta tal punto de que hoy llevo a cuestas más de 30 cruceros.
El responsable de mi fascinación y mi obsesión por los viajes por mar sería el maravilloso Norwegian Jewel, que en el siguiente post conoceremos a fondo.

Al Jewel,que inauguró una clase dentro de la compañía, le siguieron el Jade, el Pearl y el Gem.



Estos cuatro buques fueron los primeros en ofrecer The Haven, un espacio exclusivo de cabinas con suites premium con piscina y solarium exclusivos para ellas, aparte de otras innovaciones que hasta entonces no habían tenido cabida en un barco de cruceros, y sobre todo dieron prevalencia al concepto Freestyle del que ya hemos hablado.
2010 vio nacer el Norwegian Epic, que no pertenece a ninguna de las clases anteriores ni tampoco a las posteriores, es como una clase en sí mismo. Cariñosamente lo llamo Frankestein, primero por el aspecto de su proa, que siempre me recordó a la cabeza del monstruo creado por Shelley y segundo porque parece hecho de pedazos de conceptos, es decir, tiene elementos de la clase Jewel y al mismo tiempo de la futura clase Breakaway. Más adelante lo conoceremos en profundidad.

A continuación se dio el pistoletazo de salida a la clase Breakaway, que nació con el barco del mismo nombre. El nuevo concepto abre el barco al mar, con espacios al aire libre como el Waterfront, aumenta las posibilidades gastronómicas con 28 opciones de restauración, la diversión con 5 toboganes y una variedad casi infinita de actividades a bordo.

Muy pronto se sumó el Getaway, que mejoró aun más la oferta de la clase.

La clase Breakaway-Plus, añadió en sus nuevos barcos a partir del año 2015, nuevas mejoras como una enorme sala de observación, balcones un poco más grandes y nuevas opciones en la restauración. Los buques que pertenecen a esta clase son el Norwegian Escape, Joy, Bliss y Encore.




¿Y el futuro? NCL es absolutamente imprevisible. Podemos esperar todo tipo de mejoras e innovaciones, siempre buscando diferenciarse y destacar del resto de las compañías para ofrecer una experiencia única y absolutamente nueva para todos aquellos que eligen NCL como destino de sus vacaciones soñadas. 
Podemos adelantar que la previsión es que dentro de los siguientes  seis años vean la luz otros tantos buques dentro del proyecto "Leonardo", con una mayor eficiencia energética, nuevos diseños que permitan una mayor conexión con el mar y por supuesto infinitas y atractivas posibilidades de ocio, gastronomía y diversión.