martes, 1 de octubre de 2019

Impresionante Noruega (I) Ålesund

Empezamos nuestro recorrido por la impresionante y fascinante Noruega por uno de sus más hermosos lugares, Ålesund, que gracias al crucero que realizamos en 2017, nos acercó como en una primera toma de contacto a todo lo que nos puede ofrecer este país escandinavo.

La vida a veces nos da segundas oportunidades, ocasiones de renovarnos y de renacer como un ave fénix de las cenizas, brillando más que nunca y marcando un camino en la historia. Precisamente eso fue lo que le ocurrió a la hermosa ciudad de Ålesund en 1904.

De madrugada el silencio de la noche de los fiordos fue roto por una alarma avisando de que una fábrica de conservas estaba en llamas y no había manera de detener el incendio. En menos de 24 horas 850 casas se quemaron hasta los cimientos y más 10.000 personas quedaron sin hogar.


Los habitantes de Ålesund, fuertes y avezados como todos aquellos que deben luchar contra la adversidad y los reveses de la historia, reconstruyeron sus casas de nuevo en el corto periodo de tres años. Esta vez en vez de levantar casas de madera como todo pueblo tradicional noruego, eligieron como material la piedra. El estilo que entonces triunfaba en el norte de Europa era el Jugendstil, un nombre propio para otra denominación del Art Noveau.


El resultado que hoy podemos ver y disfrutar es una conjunción singular de unidad y variedad, con construcciones modestas pero ricas en ornamentos como los caballetes o las torrecillas típicas de las iglesias de madera medievales, las stavkirken y una fuerza arquitectónica que rememora el pasado vikingo, con sinuosas y suaves formas que recuerdan las olas del mar, convirtiendo a Ålesund en el ejemplo de su época más completo y armonioso de Escandinavia.



Gracias a la guía Lonely Planet  https://www.lonelyplanet.es encontramos tesoros por todo el centro de la ciudad, el denominado Jugendstil Senteret, aunque los más llamativos son la antigua farmacia con un precioso e intacto interior y prácticamente todas las casas de las calles Apotekergata y Kirkegata. 


El colorido, la situación privilegiada y pintoresca de las casas del puerto que parecen emerger de las aguas como la diosa Venus, completan el recorrido arquitectónico por la ciudad.


Pasear por Ålesund también significa vivir el mar, su olor, su frescura y su historia, ya que la ciudad es la base de la mayor flota bacaladera de Noruega. Varias tiendas de recuerdos de buena calidad se esparcen por el paseo del puerto y no está de más detenerse a probar un bocadillo de arenque con una buena cerveza noruega.

Son nada menos que 418 escalones los que ascienden por el monte Aksla pero al llegar arriba y contemplar la vista que se tiene de la ciudad de Ålesund nos damos cuenta de que el esfuerzo ha valido la pena.


Y eso que hasta la cima se puede llegar gracias a un pequeño tren o al autobús hop on-hop off, como parte de un pequeño recorrido turístico que nos muestra lo más hermoso de esta ciudad noruega.
Pero nosotros, decididos, bajamos del barco y nos propusimos el reto de llegar hasta arriba por nuestros propios medios, o mejor por nuestros propios pies. Así que recorrimos el entramado de calles que va desde el muelle de cruceros hasta la base del monte, donde encontramos un pequeño y delicioso parque y sin pensarlo dos veces tomamos aire y empezamos a subir. Aunque el camino está bien preparado y es totalmente seguro hay espacios bastante estrechos donde se pone a prueba nuestra educación, pidiendo permiso a los que van más despacio o simplemente esperando a que los que bajan se echen un poco a un lado para no detenernos y llegar rápido a la cima.


Durante el recorrido encontramos varios apartaderos habilitados como maravillosos miradores, pero nosotros queríamos llegar a lo alto y descansar de la subida, sabiendo que nos esperaba un espectáculo único que brillaría con todo su colorido bajo el sol del Norte.


Una vez arriba quedamos impresionados y enamorados de las vistas que nos ofrecía la ciudad de Alesund, las montañas y las islas de los alrededores. Fueron tan sólo 15 minutos de subida a todo lo que daban nuestras piernas y nuestros pulmones, pero puedo asegurar que vi cumplido mi sueño tantas veces visto en las fotos de las redes o en las revistas, de ver Ålesund desde una perspectiva única y diferente.

La vida en la región de Sunnmøre era dura y llena de dificultades. El suelo rocoso era difícil de trabajar y daba poco fruto para el esfuerzo y el tiempo que se gastaba en labrarlo, por ello mucha gente combinaba las labores de cosecha con las de pesca para poder subsistir.


Es por eso que las viviendas que vamos a ver estaban habitadas sobre todo por granjeros y pescadores y eran meramente funcionales.







Mientras paseamos por el parque observamos casas que fueron trasladadas aquí, en piezas o enteras sobre un camión, desde varios puntos de la región, como Alesund y que pertenecieron a zapateros, comerciantes de alcohol, carpinteros, herreros, fabricantes de barcos y un largo etcétera de profesiones y quehaceres.



Más de 50 construcciones tradicionales desperdigadas por el enorme y encantador parque nos dan una idea muy completa sobre la manera de vivir de los habitantes de la región. Gracias a la cuidada recreación de los interiores, no es difícil imaginar cómo podría ser un día en la vida de aquellos que entre los siglos XVIII al XX poblaron una zona que es tan bella en verano como dura en invierno.











Almacenes, escuelas, una iglesia con un precioso camposanto, viviendas de modestos pescadores o prósperos campesinos, se levantan en estas 120 hectáreas de exposición viva, levantadas en piedra o en madera, grandes y pequeñas, de tejados limpios o cubiertos de musgo y hierba para aislarlas del frío. Todas son un vivo ejemplo del tesón y la lucha de los noruegos por aclimatarse a un clima adverso e intentar obtener lo mejor que podía darles la Naturaleza.










Mención aparte merece la colección de 40 barcos históricos que también atesora el museo. Los barcos eran importantes para pescar y como medio de transporte entre los pueblos, por lo que se ha intentado ( y logrado) reunir una importantísima muestra que engloba réplicas de barcos de pesca, drakkar vikingos y un buque mercante que está datado nada menos que en el año 1.000.





Aparte de visitar las casas y el museo de barcos, recomiendo pasear por la multitud de senderos que recorre el parque para disfrutar de un entorno maravilloso, lleno de paz y naturaleza viva que complementarán la visita a éste lugar único y alejado de los puntos más visitados de la ciudad de Ålesund.









 
La mayoría de los visitantes que llegan a Ålesund ya sea en la escala de un crucero o como punto de visita de un circuito en coche o en autobús, se desviven por subir al mirador del monte Aksla, que como hemos visto es espectacular y no puede dejar de visitarse, pero tan sólo unos pocos se deciden a aventurarse al otro lado de la ciudad, aquel que mira hacia el oeste. Y es una pena, porque si bien el objetivo sería acercarse al pequeño parque de Storhaugen y subir la pequeña colina que se eleva en su centro para ver la panorámica de 360 grados que aunque menos impresionante es deliciosa, el recorrido hasta que llegamos a él no desmerece para nada al resto de la ciudad.

Es fácil llegar hasta él partiendo de la la conocida farmacia del centro y tomando la calle Kirkegata. Durante el recorrido salen a nuestro encuentro valiosos ejemplos de esa arquitectura, la Jugendstil, por la que es tan famosa la ciudad. Edificios de viviendas, que bajo sus ventanas y balcones cerrados albergan tiendas, salas de arte, librerías o pequeños restaurantes.


Al llegar al cruce con Aspegata debemos tomar a nuestra derecha, y el desvío no tiene pérdida, ya que nos encontraremos de frente con otra de las preciosas atracciones de Alesund, su iglesia. Se remonta a 1909 y por dentro es una joya llena de frescos y vidrieras que hacen alusión a la navegación, la pesca y la vida en el Mar del Norte. Los jardines llenos de hermosos tulipanes contrastan con el color ocre de la piedra, y le restan frialdad y seriedad a un edificio que también refleja la dureza de la vida en estos pagos noruegos a principios del siglo pasado.



Y por fin, al llegar a lo más alto de la calle y tomar a la izquierda la estrecha Markvegen encontramos el parque. Un último trecho de empinado sendero y llegamos a a cima. Desde ella podemos observar una panorámica diferente de la ciudad y sobre todo de las tierras emergidas de Godøya, Valderøya y Ellingsøya.

Vale la pena acercarse hasta aquí para escapar de las rutas habituales y conocer la tranquila vida de la hermosa Alesund.

domingo, 1 de septiembre de 2019

La increíble historia de Violet Jessop


La increíble historia de Violet Jessop


Capítulo 1. El Olympic.

-Señorita Jessop, debe usted subir a bordo al instante. La gobernanta la espera para darle las primeras instrucciones.
- Por supuesto. Si este baúl no pesara tanto…
Violet se detuvo un instante sin pisar la pasarela. Miró hacia arriba y lo que vio la dejó sin aliento. Ante ella se levantaba una mole como no había visto jamás. Con sus 53 metros de altura, contando las gigantescas chimeneas, el coloso flotaba frente a ella desafiando todas las leyes conocidas de navegación.
-¿Y esto no se hundirá? Se dijo a si misma.
- ¡Este grandullón no se irá a pique ni aunque le cayera encima toda la montaña de Snowdon!
El joven que había contestado a lo que creyó que había sido un pensamiento se agachó y con un movimiento rápido se echó el baúl de Violet al hombro.
-Sígueme “primita”.
Violet nunca había entendido la falta de educación de algunos patanes de Gales. Llamarla a ella “primita”. Pero si era la primera vez que la veía ¡ Que descaro! Tuvo que tragarse las palabras que pensaba dirigirle a aquel muchacho que en parte le recordaba a su hermano, un muchacho bueno y trabajador, que ayudó a su padre, mientras vivió como pastor de ovejas en la lejana Argentina.
Antes de subir al barco, respiró hondo y miró de nuevo el nombre que estaba escrito en la proa. “OLYMPIC”. Recordó que su maestra le había hablado una vez de los titanes de la antigua Grecia. Al parecer eran seres todopoderosos, casi imposibles de destruir.

Cerró los ojos y pensó:
-Bueno, al menos no es una cáscara de nuez.
No era la primera vez que viajaba en barco. Con solo un año había acompañado a su madre en un largo viaje que las llevaría de Irlanda a Argentina, donde su padre las esperaba. Después nacieron sus hermanos y cuando su progenitor murió, cansado y casi sin dinero, la familia volvió a Inglaterra, y su madre decidió internarla en el colegio de un convento, en parte para liberarse de su carga.
Violet no la culpaba. Sabía que no era fácil mantener a nueve bocas, aunque Dios había tenido a bien, o mal, quien sabe, llevarse al cielo a seis de sus hermanos.
Así que cuando su madre enfermó gravemente, y ya siendo mayor de edad, Violet dejó el colegio y decidió ponerse a trabajar y aprender de la vida.
Nunca tuvo miedo a nada ni a nadie y ahora, después de un largo camino recorrido no iba a dar marcha atrás.
Así que subió a bordo y fue rápidamente a la sala de servicio. Allí le esperaba la señora Hartford, la gobernanta, una mujer grande y con cara de pocos amigos y sin embargo con un corazón de oro.
Después de darle las instrucciones pertinentes, toda la servidumbre de la Primera Clase se acomodó en sus camarotes.
Violet tuvo suerte con sus compañeras de cuarto. Incluso una de ellas, Valentina Green, tenía un lejano parentesco con su madre. Los días pasaron rápido, y luego los meses. Cada vez, con cada viaje, Violet iba adquiriendo mejores modales, se iba puliendo, como un diamante. Y lo más importante, se iba haciendo indispensable. Incluso le habían propuesto matrimonio. Y sí, fue el muchacho que le había ayudado con su baúl el primer día, Adolphe. Parecía que la vida le estaba dando más de lo que ella esperaba. ¡Pero que diantres! Ella se merecía lo mejor del mundo. Con 23 años era joven, guapa y cada vez más estirada y desenvuelta. ¡Si hasta una vez un pasajero la confundió con una de las señoritas a las que servía!

Para que engañarse. Al momento, ese pasajero la miró de arriba abajo y ya no confundió su traje de sirvienta con los suaves vestidos de seda que llevaban las debutantes, y Adolphe, ante su negativa al matrimonio, lo había intentado con otra de sus compañeras, y esta vez consiguió un sí.
En estos altibajos emocionales se encontraba Violet cuando escuchó la campanilla que venía del salón de fumar de Primera Clase.
Lord Garin Wenner VI la llamaba para que atendiera a su esposa, una delgada y pálida mujer, presa de un molesto mareo que hacía imposible que pudiera siquiera respirar.
Justo en el momento en que Violet ponía las sales bajo la fina nariz de Lady Wenner, un fuerte movimiento sacudió todo el barco. Tuvo que agarrarse a la silla donde estaba sentada la ahora desmayada aristócrata para no caerse.
Inmediatamente los pasajeros empezaron a gritar y a correr en todas direcciones. Nadie parecía saber lo que ocurría y el sonido de las sirenas no contribuía a calmar los ánimos. Violet también echó a correr hacia la puerta del salón y consiguió llegar por el pasillo de estribor a la mampara que comunicaba con la cubierta.
No podía creer lo que estaba viendo. Frente a ella se encontraba otro barco, el acorazado Hawke que había golpeado el Olympic y parecía pegado a él como si se hubieran fundido uno con otro.
-¡Por favor señorita, apártese de la barandilla, es muy peligroso!- Gritó uno de los oficiales
Violet se echó hacia atrás y corrió hacia su camarote. Por los pasillos se oían las voces de la tripulación dando órdenes e indicando a los pasajeros que volvieran a sus cabinas y se colocaran los chalecos salvavidas.
Al llegar, ya estaban allí sus compañeras de servicio, recogiendo sus pocas cosas de valor y haciendo acopio de ropa de abrigo.
-¡Dios mío Violet! ¿Vamos a morir verdad?- Pregunto Valentina.
- No digas tonterías y ponte el abrigo. Debemos llegar a los botes salvavidas antes de que nos quedemos sin sitio.- Le apremió .
-¡Pero tienen prioridad las señoras de Primera Clase!- dijo su compañera de camarote casi en un susurro.
- ¿Sabes lo que te digo? ¡Si una de esas señoritas, que no saben ni preparar un té, nos impide subir a un bote salvavidas, te juro por mi sangre que va a llegar a la costa a nado o arrastrada por los pelos!
Violet se apresuró a llegar, casi a empujones, hasta la cubierta de botes. Allí varios oficiales se afanaban en intentar controlar a la marabunta que se arremolinaba alrededor de los botes salvavidas.

-Vamos, subamos en éste, antes de que se den cuenta de que somos parte del servicio, dijo Violet.
-Señoritas, por favor, ese bote es de primera clase. Les gritó un oficial.
- Pues de aquí no nos movemos, así me tenga que atar con estas cuerdas al bote.
-Esta bien, quédense ahí sin moverse y sin decir una palabra. El oficial les dirigió una mirada despectiva y siguió con su trabajo.
Violet y sus compañeras se quedaron en el bote sin moverse, rezando, nerviosas sin saber que ocurriría ahora.
De repente la gente dejó de gritar y todo pareció detenerse. Se oía una voz amplificada por una bocina, instando a los pasajeros a no moverse del sitio y a tranquilizarse. Todo el mundo, extrañamente, hizo caso, y al momento apareció el capitán Smith en uno de los puentes, tomó con ambas manos la bocina y empezó a hablar.
-Damas y caballeros, lamentamos el incidente que se ha producido. Les informamos de que hemos sufrido una pequeña colisión con otro buque que ha causado leves daños en el casco del Olympic. Podemos seguir navegando con toda seguridad, así que cambiaremos el rumbo previsto y nos acercaremos al puerto más cercano para desembarcarlos a ustedes y proceder a la reparación de nuestro gran barco.
Los pasajeros quedaron más tranquilos, aunque algunas damas no quisieron bajarse de los botes. La voz se fue pasando de cubierta en cubierta y en poco tiempo todo fue volviendo a la normalidad.
Violet se apresuró a retomar el cuidado del pasaje de primera, hecho que no pasó desapercibido a su jefa, que sonrió con satisfacción e hizo unas pequeñas anotaciones en su cuadernillo.
Al día siguiente desembarcaron en Belfast, y allí se despidió Violet de sus amigas, que juraron no volver a subir jamás en un barco.
Sin embargo ella miró hacia atrás, hacia la mole del Olympic, y sonrió...