lunes, 4 de abril de 2022

Perú. La Tierra de los Incas.(IV) Arequipa(I)

 Considerada la segunda ciudad del Perú, después de Lima, Arequipa se extiende sobre un fértil valle entre volcanes a 2.350 metros de altitud.

Para recorrer los lugares más emblemáticos de Arequipa, recomiendo esta visita guiada por Arequipa y Monasterio de Santa Catalina que nos da una visión muy completa de este precioso enclave.




El Misti, el Pichu Pichu y el altísimo Chachani, que se eleva hasta casi 7.000 metros, parecen custodiar la llamada "Ciudad blanca", apelativo que recibe por el color de la piedra sillar de origen volcánico de sus antiguas construcciones.
El emplazamiento de la urbe presenta dos caras, por un lado su clima suave que no baja de los 10 grados y permiten el cultivo de infinidad de variedades de verduras y frutas, y por otro el elevado riesgo sísmico que la ha hecho sufrir incontables terremotos a lo largo de su historia.

Para hacernos una idea previa de la ciudad debemos acercarnos al mirador de Yanahuara, a 2.300 metros de altura.

Este barrio, que destaca, y es visita obligada, por sus casas hechas en sillar blanco y sus calles empedradas, se ha convertido en un punto turístico de gran afluencia para los visitantes de Arequipa.

El mirador del mismo nombre, es una estructura formada por nueve arcos edificados en la misma piedra blanca que las construcciones que la rodean y adornados por frases y pensamientos de algunos de los personajes más ilustres de la ciudad. Desde aquí se disfruta de una completa vista de Arequipa con el telón de fondo de los volcanes Misti, Chachani y Pichu Picchu.

A su lado se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, templo barroco mestizo del siglo XVIII, cuya principal característica es la mezcla en su fachada de elementos cristianos y peruanos, como la cantuta, flor nacional del Perú, y otros animales y plantas de la tierra inca.


Pero empecemos a conocer a fondo esta ciudad, donde entre otros personajes insignes nació Mario Vargas Llosa.

Nuestro punto de partida será, por supuesto, su preciosa e impresionante Plaza de Armas.

Nos encontramos en el lugar exacto en el que se fundó la ciudad de Arequipa el 15 de agosto de 1540. Su centro lo marca la fuente coronada por el famoso Tuturutu, personaje de confianza del inca Mayta Capac y vigía permanente, con su trompeta, de la Plaza de Armas.

Rodean el espacio por tres de sus lados los llamados Portales de Arequipa, construidos en granito en estilo neoclásico. Como la plaza es un cuadrado perfecto, cada uno de ellos mide 105 metros, elevándose a más de 5 metros.


El Portal Municipal, fue sede del gobierno administrativo de la ciudad en época del Virreinato, y en él tenía la sede el Cabildo y la cárcel. Desde sus arcos se daban los discursos políticos, se disfrutaban las fiestas y corridas de toros y se contemplaban las procesiones, actos de fe y ejecuciones. Quedó casi destruido tras el terremoto de 1868, y tuvieron que pasar 10 años para que recuperara su aspecto original.

El de San Agustín perteneció a la orden religiosa agustina y aún se recuerda la fastuosa cena que se ofreció bajo los arcos del primer piso al libertador Simón Bolívar, a la que acudieron cientos de invitados pertenecientes a la élite social arequipeña.

El tercer portal lleva el nombre de "Las Flores" cuyo nombre puede deberse a las pérgolas que lo adornaban o al alférez Flores, que mandó construirlo.
Pero el edificio más interesante es el que cierra este cuadrado vital para Arequipa, la Catedral.

Cual ave fénix, la basílica ha sido destruida y vuelta a levantar en incontables ocasiones, ya fuera por terremotos, incendios o erupciones volcánicas. Como dije antes, la Plaza de Armas es la cuna de la ciudad, y la catedral se comenzó a levantar con ella, aunque no estuvo completamente acabada hasta el siglo XVII.

Construida en ignimbrita, una piedra blanca de origen volcánico, y ladrillo, su estilo combina el estilo gótico, el neo renacentista y el neoclásico. Su fachada impresiona por las setenta columnas en estilo neogótico y dos gigantescos arcos laterales.

Tal y como comenté antes ha sufrido varios desastres naturales a lo largo de su historia. El último de ellos afectó gravemente a sus dos torres renacentistas, ya que en junio de 2001, un terremoto de 8.1 grados destruyó totalmente la torre izquierda y dañó seriamente la derecha.

Pero visitemos su interior. Llama mucho la atención el gigantesco órgano Loret, fabricado en Bélgica en el siglo XIX y que ha soportado varios terremotos sin que su estructura sufriera daños graves. Tiene 12 metros de altura y 1.206 tubos.

Frente a él, el Altar Mayor, construido íntegramente en mármol de Carrara.

En una de las capillas laterales podemos ver la capilla dedicada a Nuestra Señora de la Asunta, patrona de Arequipa.

Y en otra la preciosa Virgen de las Nieves.

Pero el elemento que más llama nuestra atención es el púlpito, una magnífica pieza neogótica realizada en Francia por el escultor Buisine-Rigot y traída en doce piezas en 1879. El simbolismo es contundente: Cristo aplasta a Satanás para simbolizar el triunfo de Dios sobre el mal.
El demonio con cuernos, alas y cuerpo de serpiente que se enrosca en la base del púlpito, es una de las pocas representaciones a gran escala del diablo en todo el mundo.


Muy cerca de la Plaza de Armas, encontramos otro ejemplo de arquitectura mestiza, la Iglesia de la Compañía.
Levantada por los Jesuitas entre el siglo XVI y el XVII, ha tenido que ser reconstruida en varias ocasiones a causa de los terremotos que ha sufrido la ciudad y que llegaron, como en el caso de la catedral a derribar la torre campanario. Lo más llamativo es su fachada, que mezcla elementos del barroco europeo con símbolos de la naturaleza de la cultura andina en forma de animales y plantas. 


No debemos dejar de visitar los claustros que se encuentran junto a la iglesia, y que funcionaron como Colegio de Santiago, hospicio para niños huérfanos, e incluso viviendas, hasta que en el pasado siglo XX se vendió por lotes a particulares que transformaron las dependencias en tiendas, bares y restaurantes dedicados al turismo.


El pequeño complejo consta de dos claustros, el mayor y el menor, más un patio. Levantados en una sola planta, la decoración de las pilastras incluyen racimos de uvas, papayas, la flor de la cantuta, rosas y querubines alados, junto a medallones con las iniciales de Jesús, María y José. Por encima, gárgolas para el desagüe con forma de estilizados pumas.


Siguiendo la calle de Santo Domingo nos sale al paso el templo del mismo nombre, y que data de 1634, aunque consta en la cronología de la ciudad que anteriormente hubo otro templo en el mismo lugar, ya que la orden dominica fue la primera en asentarse en tierras arequipeñas.

La torre es un añadido un poco posterior, ya que se construyó en 1649. En la fachada, vemos de nuevo elementos del barroco mestizo, con volutas y adornos que incluyen flores y plantas nativas del Perú.

Bajando unas calles entramos al Mercado de San Camilo, uno de los más grandes del sur del Perú.
Construido en 1938, sobre el lugat en el que se levantaba la iglesia de San Camilo, destruida por el terremoto de 1868, es el lugar perfecto para tomar el pulso a la ciudad de Arequipa.

Un infinito número y variedad de productos tienen cabida en el mercado, desde frutas y verduras, pasando por dulces típicos, textiles, carnes y pescados frescos, hasta puestos que ofrecen con orgullo uno de los emblemas de la nación, la papa, que cuenta con más de 3.000 variedades. Es también el sitio ideal para comer los platos más afamados de la cocina arequipeña, como el rocoto relleno y el adobo.

domingo, 3 de abril de 2022

Perú. La Tierra de los Incas.(III) Nazca y Paracas.

 Muy temprano, nos vinieron a recoger al hotel para tomar el autobús que nos llevaría a uno de los destinos imperdibles del viaje, Paracas y las Líneas de Nazca.

Tras tres horas y media de viaje llegamos a este pueblo de pescadores que se convirtió casi por arte de magia en destino turístico e industrial. Pero de eso hablaremos luego, ya que después de dejar las cosas en nuestro hotel, nuestro guía nos llevaría al pequeño pero ultramoderno aeropuerto de Pisco.

Allí ya calentaba motores la avioneta con la que íbamos a sobrevolar un paisaje único en el mundo. Es imprescindible que todo viajero que visite Perú disfrute de este vuelo en avioneta sobre las Líneas de Nazca . Es mágico e inolvidable.


Sobrevolamos a una altura de 800 metros poblaciones como Ica o San Antonio, pero llamaba más la atención las mágicas sombras que proyectaba el sol usando el relieve desértico de una tierra llena de magia.



Y de repente surgen bajo nuestras alas las primeras formas en la arena.
De ellas, el cóndor, la araña y el colibrí son las más famosas y fotografiadas...



¿Cuál es el origen de estas formas que se extienden por una superficie de casi 350km² en las Pampas de San José?
Todo comienza en 1927, cuando casualmente se descubrieron las figuras de la misma manera que nosotros, al sobrevolarlas en una avioneta. Más tarde, el descubrimiento fue estudiado concienzudamente por Paul Kosok y Hans Horkheimer que creyeron que era un calendario astronómico. Pero quizá el nombre más conocido sea el de María Reiche, que durante décadas custodió e interpretó las líneas para descifrar su enigma.

Hay que partir de la base de que esta pampa es uno de los mejores lugares del mundo para observar el cielo y las estrellas, gracias a la transparencia de su cielo y la posibilidad de disfrutar de fenómenos como solsticios y equinoccios. Se ha llegado a ver en numerosas ocasiones, por ejemplo, el planeta Marte como un punto rojo en el cielo, algo difícilmente apreciable desde otro punto del planeta Tierra.

Las líneas en si mismas, son pequeños senderos de una anchura entre medio y varios metros, realizados quitando la tierra y las piedras de la superficie en un espesor de varios centímetros. Al hacer esto se logra un contraste entre el claro fondo de basalto y la tierra de la superficie. La razón de su longevidad se debe a que están en una zona con escasos vientos y unas precipitaciones casi nulas, ya que llueve un total de 30 minutos en dos años.

Las teorías fueron muchas, desde que eran pistas de aterrizaje para extraterrestres hasta que fueron hechas para atraer al incipiente turismo.
Pero hay dos que tienen unas bases firmemente asentadas. La primera es la astronómica, que dice que las líneas indicarían fenómenos como los nombrados solsticios y equinoccios, las estaciones del año, el agua, la siembra y la cosecha.

La antropológica se centra en las figuras como tótems propiciatorios de clanes o familias, que representan a dioses de la naturaleza vinculados al agua y la fertilidad.
Como vemos no hay nada claro en su significado ni en su propósito, por lo tanto el misterio continúa sin poder ser resuelto por a ciencia. 
El vuelo acababa y debíamos volver, sobrevolando los campos de labranza del distrito de La Tinguiña...

Y el oasis de la Huacachina, el más grande de América y una vez famoso por sus curativas aguas, que propiciaron la construcción de un balneario, hoteles y restaurantes.

Fascinados por la experiencia vivida, regresamos a Paracas, ya que al día siguiente visitaríamos una reserva natural impresionante.
Con un clima seco y soleado la mayor parte del año, la antigua aldea de pescadores se convirtió en un destino turístico no sólo por su clima, sino también por la proximidad a las Líneas de Nazca y a la Reserva Natural de las Islas Ballestas.
La riqueza y diversidad de la fauna en esta zona, nos permite incluso observar a pocos pasos de nosotros a coloridos flamencos que buscan comida en las playas de arena rubia que bordean el litoral.


Y precisamente ese iba a ser el objetivo del día, acercarnos a conocer la fauna marina que tan imprescindible ha hecho conocer esta zona de Perú.
Para ello tomamos una de las lanchas rápidas que nos lleva a las Islas Ballestas, un conjunto de islotes rocosos habitados sobre todo por las llamadas aves guaneras, el zarcillo, el piquero y el guanay. La mejor manera de conocer este lugar único es contratando una excursión a las Islas Ballestas y así poder disfrutar de una mañana de descubrimientos.

Antes de rodearlas y disfrutar de su agreste paisaje y de las especies que las habitan quiero hablarles de algo muy especial que tiene que ver con las aves que acabo de nombrarles.


Si se fijan en las imágenes, podrán observar que las aves hacen sus nidos y viven sobre los peñascos que surgen de las aguas del Pacífico y cubren la superficie con sus excrementos.
Pues imaginen ustedes la cantidad de los mismos que pueden producir las casi cuatro millones de aves migratorias que alternan sus residencias en estas rocas.


¿Y qué tiene este dato de especial? Muy sencillo, el guano es el mejor fertilizante natural que existe en el planeta por su alto contenido en nitrógeno y fósforo, y las Islas Ballestas producen más de 20 toneladas de guano por año, con una demanda que no para de crecer por el auge de la agricultura ecológica que requiere de abonos naturales que sustituyan a los químicos. Si importancia fue tal, que a partir de mediados del siglo XIX llegó a importarse a Estados Unidos e Inglaterra, alcanzando elevadísimos precios.
Voy a explicarles el procedimiento de su recolección.
Cuando el grosor de la capa de guano es suficiente, los operarios se acercan en barca hasta el islote elegido y recolectan en grandes sacos el guano obtenido.

Posteriormente lo llevan a unos grandes depósitos donde el guano fermenta y queda almacenado hasta que se lleve a tierra en grandes gabarras para su procesamiento y envasado.


Todo esto ocurre en el mayor de los islotes, donde se encuentra un pequeño conjunto de viviendas donde durante seis meses viven los recolectores, dedicándose plenamente a su trabajo de recogida del preciado excremento aviar.



Tras conocer estas islas guaneras desde el mar, proseguimos la ruta marítima que bordea los principales islotes, donde viven familias enteras de leones marinos...




Aunque no tuvimos oportunidad de verlos, los pingüinos de Humboldt también son habitantes habituales de las Ballestas. Y todo ello gracias a las corrientes frías que hacen abundante la presencia plancton y algas esenciales para la vida marina.

Las caprichosas formas de los islotes no dejan de sorprendernos.







Antes de volver a tierra nos detuvimos frente a un punto de la costa de obligada parada, el Candelabro de Paracas. Con 180 metros de largo y una antigüedad calculada en unos 2.500 años, este geoglifo posee casi tantas interpretaciones como las Líneas que sobrevolamos ayer.
Puede verse desde unos 20 kilómetros de la costa y sobre todo desde el aire, por su gran tamaño.

Es por ello que las teorías sobre su utilidad incluyen la de que es una señal para dirigir las naves extraterrestres hacia el puerto sideral de las Líneas de Nazca hacia las que apunta, pasando por ser un indicador de la dirección de la Cruz del Sur, guía de navegantes, o una pista para encontrar un legendario tesoro inca.

Ya en tierra, y hambrientos tras una jornada intensa, nos dirigimos al malecón del Chaco a almorzar.
Tuvimos la suerte de que uno de los restaurantes más recomendados del pueblo, el Sol de Paracas, estaba abierto. Puedo decirles que allí comí mi primer y mejor cebiche de todo el viaje. En ningún otro sitio me supo tan bien y disfruté tanto de este plato tan típico de la gastronomía peruana.

Y de segundo un delicioso chicharrón de pescado.

Tras el delicioso almuerzo regresamos al hotel para recoger nuestro equipaje, ya que volvíamos a Lima para volar, de madrugada a la Ciudad Blanca de Arequipa.