miércoles, 6 de enero de 2021

Cantabria, la Tierra Infinita (VI)

 Nos vamos ahora a la localidad de Puente Viesgo, conocida desde 1776 por las cualidades de sus aguas sulfurosas. Si preferimos llegar hasta aquí en una magnífica excursión que sale desde Santander, recomiendo contratar la excursión a las Cuevas de Puente Viesgo y Valles Pasiegos 


Hoy en día, el Gran Hotel Balneario Puente Viesgo se alza a orillas del río Pas, en un edificio de 1862 en estilo ecléctico pero de gran influencia inglesa. El ferrocarril trajo la riqueza al pueblo, ya que grandes personalidades como el Marqués de Comillas o Pérez Galdós acudían a "tomar las aguas" que tanto beneficio tenían para curar todo tipo de afecciones.

Otro interesante punto del pueblo es sin duda la Iglesia de San Miguel, que de primeras nos parece un templo antiguo, pero que indagando nos descubre su pasado muy presente.

Aunque parece de estilo románico, es tan joven como que se levantó en el siglo XVII, algo que se distingue perfectamente en la torre y en la capilla, restos de la primera construcción. El cuerpo del templo, sin embargo, se reedificó en 1948 siguiendo los cánones del neorrománico. La mezcla de estilos en la decoración exterior se basa en obras tan variadas como el Pórtico de la Gloria de Santiago o en iglesias como San Martín de Fromistá, Santillana del Mar o Castañeda.
Dentro, completando el aura románica del templo, un espacioso y sencillo ábside.


Y un diminuto San Andrés con una vidriera minimalista.

Nos ponemos en marcha hacia Los Corrales de Buelna. Este municipio cántabro localizado junto a la cuenca del río Besaya tuvo un importantísimo despegue económico gracias a la industria metalúrgica y química a finales del siglo XIX.
La ciudad vivió un desarrollo rápido que permitió un crecimiento espectacular, pero aún conserva varios puntos de interés de los que visitaremos dos.
Por un lado la iglesia de San Vicente Mártir y el asilo de San José, que componen un conjunto arquitectónico nacido de los años de bonanza y riqueza económica de principios del siglo XX.

A primera vista los edificios, sobre todo la iglesia, tienen un aire más antiguo, pero como he dicho se proyectaron y construyeron en el primer cuarto del siglo pasado.

Conjugan en su arquitectura ese estilo ecléctico que parece amalgamar varias corrientes, aunque se suele decir de ellos que presentan un aspecto neoherreriano, que recuerda mucho al Escorial, aunque con muchos guiños al estilo montañés cántabro.

En su interior se venera un Cristo que tiene una curiosa historia, ya que para conseguir la figura del mismo, el escultor Victorio Macho mantuvo durante horas a pastores de la zona colgados de una cruz hasta que sus músculos llegaban al punto exacto de tensión que requería la obra. La imagen tuvo muchos detractores, ya que la cruz tiene forma de T mayúscula y el Cristo no tiene corona de espinas ni lanzada en el costado.
Fuera del templo destaca en una de sus esquinas un reloj muy curioso protegido con doble tejadillo, muy adornado, que contrasta con el severo resto de la iglesia.

Callejeando llegamos al segundo punto de interés, el Palacio de los Condes de Mansilla.
Situado en la plaza del mismo nombre, fue construido en el siglo XVII no es una sola construcción sino un conjunto de edificaciones que incluyen el propio palacio, una capilla, una casa de guardeses y un enorme jardín, todo ello rodeado por un alto muro de mampostería.

Como toda casa noble que se precie, muestra al visitante enormes escudos que demuestran la pureza de su sangre, localizados en las dos fachadas que dan a la calle. En una de ellas el de los Prieto.

Y en otra el de Rasilla y Ceballos.

Actualmente ha dejado a un lado su uso residencial para ser utilizado como lugar de eventos y bodas.



Muy cerca de Los Corrales, en San Felices, se levanta la conocida como Torre de Pero Niño.

Esta construcción de estilo gótico, que se eleva hasta los 14 metros, tenía en su origen 3 plantas, ocupada la baja por el almacén y las caballerizas, la intermedia como vivienda del tenente que administraba el condado y la superior por los guardias y servicio de la torre.

Hoy, la construcción se ha dedicado a una exposición llamada "Pero Niño: vida y andanzas de un caballero medieval", que describe la vida caballeresca y cortesana de éste personaje, desde su estancia en la Corte hasta su muerte, retrocediendo en el tiempo hasta la Baja Edad Media. Y es que su historia fue de lo más fascinante. Militar, marino, corsario, participante en las batallas de Túnez, Inglaterra y Francia, casado dos veces, amante de una princesa de Portugal, enemigo y amigo íntimo del rey... De todo ello queda esta torre que nos recuerda la figura de este caballero que bien podría ser protagonista de una buena novela de caballerías inspiradora de cualquier moderno Cervantes.

Nuestra siguiente parada es Reinosa, ciudad de origen medieval y antigua frontera de los reinos cristianos desde el siglo VIII. Es una ciudad llena de rincones encantadores y nos ofrece la posibilidad de recorrerlos gracias a esta visita guiada por Reinosa
Comencemos el paseo desde su centro administrativo e histórico. la Plaza de España, a la que se llega por la Calle Mayor, conocida por sus soportales que cobijan a los transeúntes durante los fuertes chaparrones y nevadas que azotan la ciudad en invierno.


En la citada plaza, el edificio del ayuntamiento de estilo barroco acompaña a los Torreones de Navamuel y Manrique, mucho más antiguos que él, ya que están datados a finales de la Edad Media.

Ambas construcciones se han anexado a la Casa Consistorial, formando ya parte de las dependencias municipales.

Frente a ellos, construcciones más modernas nos muestran los habituales balcones cubiertos de cristaleras que permiten la entrada de la escasa luz del invierno reinosano.


De vuelta a la Calle Mayor encontramos la casa palacio del Marqués de Cilleruelo, o del Pano, construida por el noble en el siglo XVIII y ocupada después por el regidor de la ciudad. 

Para acabar la visita de la ciudad nos acercamos a la Iglesia de San Sebastián, del siglo XVI. De estilo barroco, se cuenta que los sillares para su construcción provienen de las ruinas romanas de Julióbriga.

Como en muchos templos de España, luce en sus muros exteriores una inscripción dedicada a José Antonio Primo de Rivera, con el símbolo de la Falange, junto a las cuales hay una lista con los nombres de los reinosanos del bando franquista muertos en la Guerra Civil.

Dentro nos esperan espectaculares retablos churriguerescos como el de San Sebastián.


Como curiosidad, voy a ampliar la foto de este retablo, donde se puede apreciar, que el desprendimiento de uno de los querubines en relieve, llevó a pintar, no se sabe cuando, una cara de angelillo al más puro estilo Ecce Homo de Borja. Fíjense en el primero de arriba...


Al margen de este desaguisado contra todo buen retablo que se precie, la iglesia tiene otros tesoros, como el barroco de la Inmaculada.

O hermosas piezas de escultura religiosa.


Y de Reinosa nos acercamos para conocer una curiosidad de la naturaleza, el nacimiento de un río. Era la primera vez que iba a ser testigo de cómo un río surgía de la tierra para surcar parte de la Península Ibérica, y era el Ebro, nada menos.

En el lugar conocido como La Fuentona, se ha localizado a lo largo del tiempo el nacimiento de uno de los ríos más grandes de España, que aunque los investigadores han concluido que realmente nace en el circo del Pico de Tres Mares mucho más arriba, tiene más encanto verlo surgir de la tierra en este enclave.

Para llegar a él, dejamos el coche en el centro de interpretación y bajando por un sendero entre altos ejemplares de fresnos y chopos, vamos a dar a una pequeña y plácida poza donde vemos, entre unas rocas, surgir las primeras gotas del río.

Aislada sobre una de las rocas de la poza encontramos una imagen de la Virgen del Pilar, patrona de España, rodeado por los escudos de todas las provincias por las que pasa el río. No olvidemos que su Santuario está situado a orillas del mismo río en Zaragoza.

Pasamos un buen rato caminando por las orillas del recién nacido río. dejándonos embrujar por el paisaje.


El río que da nombre a Iberia, recorre 928 km antes de desembocar en el Mediterráneo




Debido a la gran popularidad que gozó a partir de los años 50, se acondicionó la zona como parque y merendero y se encargó al escultor Otero, el mismo que conocimos en Santillana, la imagen de la Virgen y una gigantesca estela de piedra donde acompañada de unas frases de Menéndez Pelayo enfatiza los valores patrios de la época franquista.
En ella vemos tres figuras alegóricas. El Toro Ibérico como símbolo de España, el Atleta que se identifica con el Ebro y con los hijos de la Patria y la Fe que sostiene un medallón con la Virgen del Pilar.

martes, 5 de enero de 2021

Cantabria, la Tierra Infinita (V)

La encantadora villa de Castro Urdiales hunde las raíces de su fundación en época romana, alrededor del año 74, cuando fue bautizada como Castro Vardulies o Flaviobriga.


Después de una azarosa historia de invasiones y saqueos, el rey Alfonso VIII le dio el empuje necesario para convertirla en un importantísimo puerto comercial y militar, que aún sufriendo los estragos de la peste, los incendios y ataques piratas, llegó al siglo XIX siendo una de las principales potencias nacionales en la extracción y comercio del mineral de hierro. Esta actividad decayó a partir del mediados del siglo XIX y la ciudad pasó a ser entonces conocida gracias a la industria conservera, la pesca y el turismo.
Y es precisamente el turismo el que se acerca en verano a disfrutar de playas como la de Brazomar, la mas cercana a Bilbao, de donde provenía la burguesía que la elegía para pasar los meses de estío.

De aquí parte nuestra ruta que siguiendo el Paseo de Luis Ocharán Mazas nos lleva al centro de la villa marinera. Hay una visita guiada por Castro Urdiales que nos muestra su interesante historia y patrimonio.

Por el camino encontramos el Club Náutico, un edificio que inevitablemente nos recuerda aquel de Santander, también levantado sobre palafitos o postes de hormigón y que se edificó también en los años 30 del pasado siglo. Del mismo modo su arquitecto quiso enlazarlo con el mar dándole aspecto de barco, con sus barandillas y escaleras a modo de cubiertas, ojos de buey y terrazas voladas, aunque con una característica diferenciadora, su tejado en "V".

 Mas adelante, y antecediendo al casco antiguo encontramos el Puerto de Castro Urdiales, abarrotado de embarcaciones de todo tipo y vigilado por el Castillo y faro de Santa Ana y la iglesia de Santa María de la Asunción.



Desde el Paseo Marítimo tenemos una vista espectacular de los edificios que rodean el puerto, muchos de ellos auténticas joyas modernistas.

Es esta zona la que concentra los mayores atractivos de la ciudad, como el puente medieval. Esta curiosa construcción de piedra formaba parte de un conjunto de otros puentes y pasarelas que unían el castillo con la Ermita de Santa Ana que en su momento estaba edificada sobre un promontorio aislado en el mar. Al construir el puerto se tuvo que destruir gran parte de las estructuras para instalar la maquinaria, quedando sólo este puente.

Bajo él, hay un entrante de mar que se asemeja a una piscina de piedra de forma cuadrada, que se llena y vacía por capricho de las mareas.

El puente unía, como hemos dicho el castillo y la iglesia con la curiosa ermita de Santa Ana, que antes de serlo tuvo funciones de faro e incluso centro de reuniones del Cabildo de Mareantes y Navegantes de San Andrés.

Normalmente el pequeño templo permanece cerrado a las visitas, abriendo sólo en verano, pero vale la pena subir las escaleras de piedra para tener una visión estupenda de la bahía.


Pero subamos el peñasco para seguir nuestra visita.


El castillo de Santa Ana es uno de los pocos castillos conservados en Cantabria. Construido a finales del siglo XII, formaba parte del conjunto defensivo de la ciudad, constituido por murallas que rodeaban el perímetro de la ciudad antigua y la línea costera que la unía al mar.

En la ciudad se le recuerda sobre todo por ser el último baluarte defensivo de sus habitantes contra las tropas napoleónicas, pero también y tristemente por haber sido cárcel de nacionales y republicanos durante la Guerra Civil.

Hoy en día, sus espacios se han dedicado a actos culturales y exposiciones temporales. Sin embargo tiene también otro uso, si cabe más importante, ya que desde 1853 es la base de un faro que levanta su luz hasta los 49 metros de altura para advertir de la cercanía de la costa a los navegantes que pasan ante Castro Urdiales, y que lo han convertido en uno de los faros más originales del mundo por su situación y entorno.


Separada del faro por el antiguo camposanto, encontramos la Iglesia de Santa María de la Asunción.


Este templo, visible desde casi todos los rincones de la ciudad, fue levantado entre los siglos XII y XV, y es el monumento gótico más importante de Cantabria, siendo declarada Monumento Nacional en 1931.


Fue la catedral de Burgos la que inspiró el estilo de esta iglesia que ha tenido infinidad de añadidos a lo largo de los siglos, como capillas funerarias, arbotantes de refuerzo, vidrieras y rosetones.



En sus recios muros de piedra arenisca podemos palpar el carácter no sólo religioso sino también defensivo, ya que recordemos que formaba parte del complejo amurallado de la ciudad. Prueba de ello son las cicatrices que el templo muestra al visitante y que recuerda que fue baluarte en la defensa de la ciudad contra las tropas de Napoleón.


Aunque el exterior conserva casi intacto su carácter gótico, en uno de sus lados se remodeló uno de sus accesos para levantar una entrada en estilo neogótico, que se conoce como Puerta de los Hombres, que contrasta claramente con el estilo predominante en el templo.




Frente a la fachada sur vemos también los restos de la antigua Iglesia de San Pedro, anterior a Santa María, ya que es del siglo XII, y que se considera el edificio más antiguo de la Villa y centro de reunión del Consejo.

Miramos atrás para decir adiós al templo...

Con una vista del ayuntamiento del siglo XVII, tomamos de nuevo nuestro coche para continuar la ruta.

Dejamos atrás la costa cántabra para enfilar nuestros paso tierra adentro, haciendo una parada en una pequeña localidad, Ampuero.

En esta villa, localizada en el curso bajo del río Asón, y según las crónicas históricas se construyó la nao Pinta, una de las tres que participó en el descubrimiento de América.

El lugar también es conocido en la comunidad autónoma por ser lugar de peregrinación de los fieles que acuden al santuario de la La Bien Aparecida, que luego visitaremos. Entrando por la calle principal vemos muestras de su arquitectura tradicional, abundante en casas con grandes balconadas.




Y la iglesia parroquial que se construyó entre los siglos XV y XVII en estilo barroco.

Pero quizá la construcción más famosa del pueblo sea la torre palacio de Espina, a la que envuelve una curiosa historia.
Juan de Espina Velasco, fue un clérigo erudito y coleccionista. Sus inquietudes le llevaron a reunir todo tipo de objetos que llamaran su atención y curiosidad, sobre todo instrumentos musicales y artilugios maravillosos como espejos que creaban ilusiones ópticas, raros objetos traídos de otros países, manuscritos y obras de arte de altísimo valor e infinidad de pequeños tesoros que guardaba celosamente.

La gran mayoría de estos objetos los guardaba en esta torre que formaba parte de un conjunto residencial levantado por su familia y del que desgraciadamente sólo se conserva este macizo cubo. Era tal la obsesión por mantener su colección bien guardada y apartada de ojos extraños e incapaces de apreciar su valor, que pronto se ganó la fama de nigromante y hechicero y por ello su pequeño palacio se ha conocido desde entonces como la Torre Mágica.

Hoy en día un museo recoge la historia de este científico y musicólogo para mostrar al visitante las inquietudes adelantadas a su época que le ganaron fama de brujo y mago. 
Reforzando la leyenda, la portalada que da paso a la torre está guardada por dos gigantes de piedra, Hércules y Teseo, que vestidos a la manera romana sostienen dos mazas mientras pisan sendas cabezas de león.

Y hablamos ahora de la Bien Aparecida. Cuenta la leyenda que unos niños pastores subían con frecuencia a lo alto de San Marcos con su ganado para que las reses comieran de los ricos pastos de la zona. Un día vieron una extraña luz que salía de un ventanuco de la ermita del santo del mismo nombre. Cuando se acercaron vieron la imagen de la virgen que brillaba como el mismo sol.

Se desconoce el origen y autor de la talla, que con su pedestal apenas mide 21 cm de altura, aunque los expertos dicen que se trata de una obra gótica del siglo XV y de estilo hispano-flamenco. Clasificada como malines, por su teórica procedencia de la ciudad flamenca y figura de muñeca, su nombre le viene dado por una historia muy curiosa. Al parecer un devoto fue a dar gracias a la Virgen del Mar por haberle salvado de morir en el océano y viendo su estado de conservación la llevó a restaurar. Los vecinos de Marrón, barrio donde se situaba la ermita de esta virgen, creyéndola robada la buscaron durante meses sin hallarla. Cuando la imagen de la que es hoy patrona de Cantabria se apareció a los pastores, los de Marrón pensaron que era su virgen desaparecida y aunque se discutió mucho sobre cual de las dos era la del Mar, finalmente se aclaró la confusión concluyendo que la imagen no era la robada, sino la " Aparecida y Bien Aparecida".

Los peregrinos, deseosos de milagros y consuelo, llegaban en principio por centenares y más adelante por miles, por lo que la ermita primitiva se hizo insuficiente. Así que se mandó a construir el actual templo a principios del siglo XVIII en estilo barroco, justo donde se levantaba ésta.

Varios retablos barrocos completan la decoración interior de la iglesia.