jueves, 3 de mayo de 2018

Egipto, en busca de la eternidad (III)


El Templo de Isis de Philae.
La isla de Agilkia y su fabuloso templo llevan atrayendo peregrinos desde hace miles de años. Y eso que sus ruinas estuvieron a punto de desaparecer, ya que durante seis meses al año las crecidas aguas del embalse creado por la vieja presa de Asuán anegaban el templo ( que en aquel momento se encontraba en una llanura cerca del río) y los visitantes podían pasar con sus barcas de remos entre las columnas sumergidas mirando el fondo a través de las transparentes aguas para observar los maravillosos santuarios de los antaño todopoderosos dioses.








Y luego llegó la Gran Presa, que amenazaba con inundar muchos tesoros arquitectónicos del Antiguo Egipto, por lo que la UNESCO tuvo que intervenir y organizar un rescate de urgencia. Para ello se cortó el complejo y se trasladó piedra a piedra hasta la cima de la isla de Agilkia, 20 metros más arriba de donde estaba, después de reordenar la superficie para que se pareciera lo más posible a su antiguo entorno.












Accedemos a ella en barco, y tocamos tierra en el embarcadero que se encuentra en la parte más antigua del templo. Tras andar durante apenas unos minutos llegamos al impresionante pilón de 18 metros que franquea el patio central, que a su vez nos presenta el acceso al santuario de Isis., que en su momento albergaba la estatua de oro de la diosa, todo él cubierto de relieves de la diosa, de Osiris y otras divinidades.








Alrededor del templo encontramos también restos romanos, como el templo de Augusto, la puerta de Diocleciano o el quiosco de Trajano, muy pintado por los románticos artistas victorianos y donde vemos al emperador haciendo ofrendas a los dioses egipcios.










Si nos fijamos bien veremos inscripciones y altares que levantaron los primeros cristianos (coptos) utilizando como materia prima las veneradas piedras del templo y levantando capillas donde antes se veneraban dioses paganos, cuyos rostros fueron desfigurados. Pero luego llegaron los musulmanes y destrozaron a su vez las inscripciones cristianas. La lucha de religiones es muy antigua….










Tras la visita a Philae, el guía nos subió en una falúa típica egipcia para dar un paseo por el Nilo hasta llegar a un punto donde nos bañaríamos en sus aguas y visitaríamos un pueblo muy especial.








Como se descubre cuando uno se acerca al Nilo, las falúas son y han sido durante siglos, el medio más popular de transporte por el río. Estos veleros tradicionales dan al Nilo su aspecto más pintoresco y no hubiera considerado la visita completa sin haber subido a uno de ellos.
La visita incluye la Isla Elefantina, centro de la vida social de Asuán durante siglos, por su boyante comercio de marfil y piedra dura, sobre todo granito, que se extraía en la zona. Aparte, en ella se adoraba al dios carnero Khnum, que debía controlar las crecidas del Nilo.






La mayor parte de ella pertenece ahora al horrible mamotreto del hotel Mövenpick, con una espantosa torre que parece la de un aeropuerto, con su ferry privado y su muro de 3 metros de altura que aísla a sus “afortunados” huéspedes del resto de la humanidad.
En lo alto de las montañas cubiertas de arena vemos edificios que parecen integrados con la aridez del paisaje. Entre ellos el monasterio de San Simeón o el Mausoleo del Aga Khan, levantado por la esposa de este jefe espiritual musulmán, con un sarcófago de mármol de Carrara donde descansan juntos para toda la eternidad.





Y desembarcamos para visitar una aldea nubia


 Gharb Soheil
En un terreno acotado, entre el sur de Egipto y el norte de Sudan, junto al río Nilo, encontramos a los descendientes del antiguo y orgulloso reino de Nubia, una población desplazada que lucha por sacar de las arenas del desierto una cultura rica y única.







Tan antigua como que se remonta a 2.000 años antes de Cristo, y se alargó hasta el siglo XVI con la caída de su última dinastía. Hoy, el pueblo de Gharb Sohail, junto con otros pequeños núcleos nubios se ha convertido en una atracción turística más, subiéndose al carro de los alojamientos turísticos alternativos que conviven con elementos aún tradicionales, ya sean  las  mastabas ( bancos tradicionales construidos en la pared), un área para reuniones de mujeres que generalmente tienen lugar después de la puesta del sol, y una zona de té, como representaciones de una unidad de vivienda típica nubia. Encontramos paredes  pintadas con escenas de la vida cotidiana o de la naturaleza, y mientras las contemplamos podemos disfrutar de  las bebidas tradicionales que siempre están listas como el té rojo con albahaca, el té de hibisco o la fuerte jabana africana.










Todas las poblaciones nubias que podemos visitar son un colorido refugio de casas pintadas de azul, amarillo, verde o rojo. Y jamás podemos salir de una de ellas sin comprar algo de su artesanía, como collares y pulseras hechos de huesos de camello, canastas, perfumes, incienso o una colorida pashmina hecha a mano. Otro Recuerdo, éste más efímero, son los tatuajes de henna que las aplicadas mujeres hacen en las manos de las visitantes femeninas.







Amables y hospitalarios, los nubios de Gharb Soheil, te invitan a entrar en sus hogares, con pisos cubiertos de arena apisonada, y sus jaulas y criaderos para cocodrilos, las queridas mascotas nubias.

El éxodo nubio ya comenzó en 1964 con la construcción de laPero la  presa de Aswan High, que sumergió pueblos enteros y dejó a más de  100,000 personas sin hogar. Desde entonces, los nubios han estado reclamando su derecho a regresar a sus tierras.







La nueva generación es consciente de la falta de proyección que tiene Nubia. Su economía depende de la temporada turística de invierno, por lo que han creado canales de YouTube como "Nuba Tube", aplicaciones móviles y plataformas de redes sociales para mantener vivo el idioma, comercializar sus productos y mostrar su patrimonio.