lunes, 18 de febrero de 2013

Un paseo por Castilla La Mancha (II)

Y la siguiente parada, Oropesa. Los Álvarez de Toledo se esforzaron durante años en convertir a Oropesa en capital del condado, en una auténtica fortaleza señorial.


Hoy en día, sus imponentes edificaciones son los testigos que nos hablan de su pasado histórico: el Castillo, la Iglesia de San Bernardo, conocida como La Compañía, la Iglesia Parroquial de la Asunción, diversos conventos que salpican la villa y otros edificios de carácter civil, completan una localidad monumental rodeada de un entorno natural de enorme belleza, el llamado Campo Arañuelo y la Comarca de Oropesa.


Ubicado en el conjunto monumental de Oropesa, el Castillo se divisa a primer golpe de vista. Se empezó a construir en el siglo XII y se restauró en el siglo XX para alojar algunas dependencias del Parador Nacional de Turismo "Virrey de Toledo" que se encuentra en el antiguo Palacio de los Álvarez de Toledo, del siglo XVI. Fue declarado monumento en 1926.


El Castillo de Oropesa se empezó a construir en el siglo XII. Es una construcción cuadrilonga de mampostería, que en origen tenía cuatro torres circulares y de las que sólo se conservan dos, las demás debieron desaparecer al levantarse el castillo nuevo, adosado al antiguo con el que forma un único conjunto.


Se accede a un patio cuadrado, sin cubrir, formado por restos de muros de varios metros de altura, al que dan tres puertas, y que conserva restos de las antiguas caballerizas.


Dedicada a Clemastecs...


La Torre del Homenaje, en la fachada frente al palacio, es de planta cuadrada, de sillar, con torretas en las esquinas.








Se pasa de aquí a otro patio, rectangular, muy reformado. Adosada al cuerpo nuevo del Parador hay una torre octogonal de sillares almohadillados y dos cuerpos.






Uniendo castillo y palacio existe un tramo de muralla de mampostería y sillares que tiene un acceso cercano al castillo y está compuesto por un arco de medio punto adovelado con moldura de bocel en el interior.






Las otras torres corresponden a una nueva del homenaje y a otra, situada en el lienzo norte, que tiene un balcón en el primer piso y una escalera de caracol de altos sillares.










 
El Puente del Arzobispo es una localidad con sabor medieval. El puente del siglo XIII que le da nombre y que cruza el río Tajo en su paso hacia Lisboa es impresionante.


En la actualidad, El Puente del Arzobispo ronda los 1.500 habitantes, y ofrece la oportunidad de disfrutar de un entorno rural tranquilo y rodeado de naturaleza en la comarca de La Campana de Oropesa.


La Cerámica es uno de sus atractivos más importantes, en torno a la cual Puente celebra fiestas en honor a las patronas de los ceramistas, Santas Justa y Rufina y su peculiar bautizo de barro.








Ajofrín es un pequeño pueblo de la provincia de Toledo, tierra natal del maestro Jacinto Guerrero, autor, entre muchas otras, de la afamada zarzuela "La Rosa del Azafrán".


De su casco urbano, de planta irregular, destaca su iglesia parroquial de Santa María Magdalena con una interesante torre mudéjar, el rollo de justicia o picota, la fuente de los Cuatro Caños, dedicada a San Ildefonso, y otras grandes casonas que salpican las calles del pueblo, de tipología muy característica: plata rectangular y dos alturas más cámaras, como es el caso de la Casa Grande, la Casa de los Martín de Vidal, la Casa de los Buitrago...



Seguimos el camino hasta Orgaz. Su interesante casco urbano, declarado Conjunto Histórico Artístico, está presidido por las agujas de las torres de la Iglesia Parroquial de Santo Tomás y por las almenas de su Castillo. Orgaz sorprende por su singular arquitectura popular: un casco histórico salpicado de casas encaladas y escudos tallados en sus fachadas, y algunos interesantes monumentos.


Recorriendo Orgaz, descubrimos lugares llenos de encanto, como es el caso del Arco de Belén y el Arco de San José, restos de lo que fue la muralla de la localidad. Además de la Plaza Mayor y del antiguo Hospital de San Lázaro, la Iglesia Parroquial de San Tomás, obra de Covarrubias, es el monumento más emblemático de Orgaz. A ello se suman el Pósito municipal, la Casa del Vínculo y el Puente de los cinco ojos, además, por supuesto, del Castillo.












Seguimos. Una de las metas del viaje, como no, era los molinos. Así que a Consuegra....
Visitar Consuegra es conocer un pueblo de eminentes tradiciones manchegas.
Sus molinos de viento, perfectamente conservados, y la celebración de fiestas como la Rosa del Azafrán en noviembre y Consuegra Medieval en agosto, son testimonios de un pueblo que conserva y se preocupa porque así sea, un pasado medieval y de tradiciones arraigadas durante siglos.




Su patrimonio monumental, con plazas, iglesias y ermitas, adorna sus calles tranquilas y aderezan un paseo por el pueblo, que incluye obligatoriamente la subida a su Cerro Calderico, perfectamente identificable desde lejos, con sus molinos de viento y su castillo de origen medieval.


De los doce molinos que coronan el Cerro Calderico, cuatro de ellos conservan la maquinaria en buenas condiciones: el Sancho, el Rucio, el Bolero y el Espartero.

Entre ellos, el más interesante, sin duda, es el Molino Sancho, que posee toda la maquinaria del siglo XVI en óptimo estado para su funcionamiento. De echo, durantes la Fiesta de la Rosa del Azafrán -que se celebra el último fin de semana de octubre, el Sancho abre algunos de ventanillos, orienta sus aspas para poner en movimiento su enorme piedra, llamada Catalina, y realiza la Molienda de la Paz, un acto simbólico en el que participan diversas personalidades relevantes en el mundo de la cultura y la comunicación. Allí, una vez convertido el trigo en harina, se reparte en saquitos a los visitantes que, en ocasiones, rondan los 3.000.

El resto de los molinos cuentan también con apodos de El Quijote, como Chispas, el Caballero del Verde Gabán, Mambrino, Clavil


De pasada para comer, paramos en Alcazar de San Juan, visita que puede evitarse y de la que sólo puede salvarse este monumento.


Siguiendo la ruta nos vamos a la cuna de Sara Montiel jijijij Campo de Criptana.
La imagen más característica de Campo de Criptana son los molinos y el Albaicín Criptano formado por calles estrechas y pronunciadas pendientes, con construcciones de casas típicas manchegas de una sola planta, encaladas de blanco y zócalo de color añil.




Según los estudiosos cervantistas fue aquí en Campo de Criptana donde transcurrió la aventura más popular y conocida de El Quijote, el combate contra los gigantes que resultaron ser molinos, capítulo VIII de la primera parte de El Quijote.


Los Molinos de Viento de Campo de Criptana están declarados Bien de Interés Cultural, y especialmente los molinos Infanto, Sardinero y Burleta están declarados a su vez Monumentos de Interés Histórico y Artístico.
Por debajo de los molinos se extiende el barrio de Albaicín.


Siguiendo la ruta quijotesca encontramos El Toboso.
La historia de El Toboso, en la provincia de Toledo, es la de un pueblo manchego de remoto origen ibérico, importancia estratégica cuando las órdenes militares repoblaron Castilla-La Mancha en la Edad Media (concretamente El Toboso perteneció a la Orden de Santiago), y una carga inmensa de evocación quijotesca. Todo en El Toboso recuerda a Dulcinea y a Alonso Quijano, el hidalgo manchego que alumbra con su idealismo el mundo, desde las tierras de la Mancha.


La iglesia me pareció gigantesca para un pueblo tan pequeño.
La iglesia parroquial de El Toboso está dedicada a San Antonio Abad. Su estilo pertenece a la última época del gótico. La planta es cuadrada con tres naves iguales, y la bóveda de crucería, se apoya en grandes columnas cilíndricas. En el siglo XVII se añadieron tres tramos: el altar mayor, los laterales y varias capillas.

En la Capilla de los Hierros se conserva una imagen de San Agustín cuya cabeza, de madera policromada, pertenece a la escuela castellana del siglo XVII. Las portadas son renacentistas de finales del XVI. La torre, del mismo siglo, consta de tres cuerpos: el primero de estilo plateresco y los dos superiores de estilo herreriano.


El Toboso, que debe buena parte de su fama a la obra cervantina, alberga entre sus calles y plazas monumentos de interés histórico-artístico, además de numerosos rincones llenos de encanto típicos de las pequeñas villas manchegas, con su tradicional edificación de mampostería y tapial, y el refulgente blanqueado de sus muros.




La Casa-Museo de Dulcinea del Toboso, está situada en una típica casa manchega de labranza que, por tradición, pasa por ser la de Doña Ana Martínez Zarco de Morales, a quien Cervantes inmortalizó con el nombre de Dulcinea del Toboso, la Dulce Ana. Por tal motivo fue adquirida por el Estado y en 1967 fue inaugurada como museo con fondos que en parte pertenecen al Museo de Santa Cruz. La Casa-Museo de Dulcinea contiene numerosos útiles de valor etnológico y de empleo cotidiano en la vida manchega tradicional: cerámica, cestería, hierros y cobres en la cocina; la bodega con grandes tinajas y su desgranadora de uvas; el molino con su tolva, aperos de labranza y de caballerías, enseres para la fabricación de quesos y mobiliario del siglo XVII coetáneo del Quijote, de gran interés y sabor popular.
La casa, tiene planta rectangular y dos alturas y una portada adintelada de piedra que se remata con cornisa y dos escudos. En la parte central, ocupando el ancho de la portada, tiene una tercera altura a modo de torreón, por lo que tradicionalmente ha sido conocida como "Casa de la Torrecilla". La fábrica es de mampostería con sillar en esquina con el segundo piso y el torreón blanqueados. Interiormente tiene la típica estructura de cocina y dependencias de labor en la planta baja, huerto trasero y dormitorios en el segundo piso. Por su importancia, ha sido declarado Monumento Histórico-Artístico.



Y acabamos la ruta de Castilla la Mancha con un pueblito de postal, Tembleque, destacando la iglesia parroquial, construida en el siglo XVI y ampliada en el siglo XVIII. De estilo de transición del gótico al renacimiento. Tiene una grandísima planta de cruz latina con cabecera poligonal, de una sola nave y bóveda de crucería de estilo gótico. Adosada al templo se encuentra la ermita de la Virgen del Rosario.




Edificación típicamente manchega, de planta cuadrada con pórtico de columnas de granito y corredores en su planta superior, con soportes y ornamentación realizados en madera siguiendo las orientaciones de las construcciones de uso popular del siglo XVII. Diseñada para cumplir una doble función, la pura urbanística y centro de la vida de la población y la de plaza de toros, por lo que los corredores en sus dos alturas superiores son abiertas. En uno de sus lados está el Ayuntamiento, construido en 1654; el acceso principal está cubierto por dos torrecillas a cuatro aguas.




Casonas de dos plantas con grandes fachadas encaladas y patios se ubican entorno a su pintoresca plaza mayor, que sigue los esquemas de la arquitectura de los corrales de comedias y las hospederías, aplicado a un objetivo funcional: servir de centro de reunión para el pueblo en sus espectáculos festivos.


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