miércoles, 1 de agosto de 2018

Irlanda, la fascinante Isla Esmeralda (I)

Pocos lugares han cautivado mi mente desde pequeño como la verde Irlanda.
Por un lado el misterio de sus castillos y leyendas, por otro la fuerza de su historia y el tesón y resistencia de su gente, y como no, la fascinación por unos paisajes que parecen salidos de la paleta del más alegre de los pintores. Praderas de un verde escandaloso, puertas de mil colores, ocres y musgos que cubren cada anciana piedra, azules infinitos de un mar que no fue nunca barrera para aquellos que tuvieron que dejar tras de sí su hogar para buscar un futuro más prometedor.

Así que nos pusimos en marcha para organizar el viaje, deseosos de ver en vivo todo lo que hasta ese momento aparecía en revistas, cine y televisión. 
Lo primero que hicimos fue consultar la maravillosa página de turismo de Irlanda www.ireland.com , llena de ideas, rutas, consejos y mil y un datos que nos sirvieron de muchísima ayuda para planear el viaje y durante nuestro recorrido. Aparte pusieron a nuestra disposición acreditaciones de prensa con las que visitar muchas atracciones de Dublín y una tarjeta de transporte incluido durante los tres días.


Contratamos el coche que nos llevaría a dar la vuelta alrededor de la isla, reservamos los B&B, el avión y a esperar el día!!!
Como en el resto del viaje, todo fue perfecto desde el primer día. Llegamos al aeropuerto de Dublín, recogimos maletas, coche y a conducir!!! Nos esperaban 10 días de aventura y casi 4.000 kilómetros por recorrer.

Y qué mejor manera de empezar que con uno de los iconos de la la Isla Esmeralda: sus castillos.
El de Trim puede que no sea tan espectacular como algunos que veremos más adelante, ni por su arquitectura, su emplazamiento o su entorno, pero si que merece una visita tranquila y sosegada por su importancia histórica y por ser el castillo normando más grande de Irlanda.

Emplazado en el corazón del Valle del Boyne, un paraíso pequeño y fértil muy cercano a Dublín, donde han ocurrido acontecimientos vitales y fundamentales para la historia de la isla desde hace 5.000 años, el castillo de Trim nos recibe a las mismas puertas de la encantadora localidad del mismo nombre, de tal manera que desde lejos ya nos impresiona la mole de piedra que se levanta en un altozano que le permite seguir vigilando el valle como lo hace desde hace casi 850 años.





Tuvimos la suerte de habernos puesto en contacto un mes antes con la OPW ( Office of Public Works) que gestiona la conservación de los monumentos y lugares históricos de Irlanda, y amablemente nos remitieron una tarjeta que nos serviría para entrar de manera gratuita en los casi 100 lugares de interés que en la actualidad se encuentran bajo su cargo. Más información en www.heritageireland.ie

Así que armados con la bendita tarjeta entramos en el recinto del castillo. 






Nos informaron de que en breve habría una visita guiada del castillo (que de cualquier manera es la única forma de visitar el interior de la torre), y que mientras podríamos andar a nuestras anchas por todo el recinto de lo que en su momento fueron las dependencias del conjunto fortificado. No me cansaré de repetir que en Irlanda la gente es extremadamente amable y si encima les dices que eres de Tenerife se les ilumina la cara y te dicen que ellos o algún familiar han estado en la isla. Así que aparte de informarnos de palabra, el señor de la taquilla nos prestó una guía en español con dibujos sobre la reconstrucción histórica del castillo y la vida diaria en su periodo de esplendor...¡en español!,
Así que caminamos durante unos 30 minutos y poco a poco nos fuimos haciendo una idea global de lo que fue esta fortaleza que se remonta a un año tan lejano como 1173, cuando fue mandada a levantar para proteger el llamado The Pale.








Espectaculares estructuras como el Gran Salón, la torre Barbacana que defendía el acceso al castillo del otro lado del río o la Water Gate por donde se accedía a éste, ya que en su momento el otrora caudaloso Boyne, llegaba hasta las mismas murallas del castillo, y se podía llegar hasta el mar siguiendo su curso.



Llegada la hora de la visita, un guía pelirrojo y muy simpático, con acento claro y fuerte, nos introdujo en el interior del Keep, que es el nombre que se le da al macizo torreón de tres plantas de 21 metros donde residió durante siglos la familia Lacy. Muros gruesos y compactos, portones de madera maciza, laberínticos pasadizos y escaleras, constituyen el sistema defensivo del castillo.






Varias maquetas nos dan una idea de la evolución de la torre en el tiempo, así como múltiples inscripciones en las paredes que cuentan pequeñas historias. Nuestro guía nos llevó a través de la historia mientras recorríamos el castillo y durante toda la visita nos contó las más increíbles anécdotas de su cronología y sobre todo de la grabación entre sus paredes de la famosa película de Mel Gibson "Braveheart".







Satisfechos por haber saboreado un pequeño y precioso bocado de la historia de Irlanda nos dirigimos a nuestra siguiente visita, miles de años atrás en el tiempo.

Bueno, pues la idea no era visitar Knowth, sino Newgrange, puesto que habíamos oído hablar mucho de la importancia y belleza del lugar. Pero quiso el destino que el número de visitantes para ese día hubiera llegado a su límite, y que encima la hora de visita del monumento ya había pasado.
Así que en un principio nos resignamos a no visitar ninguno de los yacimientos del conjunto de Brú na Bóinne, pero una vocecita que venía del pasado nos dirigió al precioso centro de visitantes y una vez más, armados con la tarjeta Heritage, nos arriesgamos a visitar Knowth en su última excursión del día.


Hay que tener en cuenta que la mayoría de estos conjuntos neolíticos se encuentran en terrenos privados, por lo que sólo se puede acceder a ellos desde el centro de visitantes y en unos pequeños autobuses que nos llevan hasta la puerta de cada recinto. 
Una vez nos bajamos de los antiguos vehículos, un guía ( que normalmente forma parte del equipo de investigación o conservación) nos da una extensa e instructiva charla sobre lo que vamos a ver. Primero desde el punto de vista histórico, y luego desde el arquitectónico, llegando a entrar unos cuantos metros dentro del túmulo.





Quizá Knowth no sea el más conocido entre los sitios que forman el conjunto, pero si que es el más importante, ya que las diversas capas que han encontrado los arqueólogos demuestran que estuvo habitado desde el 2.500 antes de Cristo e incluso se construyó un castillo normando en su cima.




Y es que hay sitio suficiente, ya que el túmulo es enorme, con dos corredores de hasta 40 metros de largo y 17 tumbas que lo rodean. Esos corredores reciben la primera y la última luz de los equinoccios, ya que están orientados de manera estratégica para cumplir con los rituales neolíticos de culto solar.
Según vamos rodeando el gigantesco túmulo ( es tan grande que no pude hacer una foto en la que saliera entero) vemos enormes piedras en su base con grabados espirales que según han ido descubriendo podrían ser mapas estelares o algún tipo de calendarios solares para la cosecha.

Para finalizar entramos en el túmulo, apenas unos metros pero que nos dan una idea del tamaño del mismo y luego a la cima, desde donde podíamos ver el valle desde nuestro privilegiado e histórico mirador.




Drogheda me rondaba en la cabeza desde que veía la serie "El Pájaro Espino", ya que era el nombre de una hacienda de grandes dimensiones donde se criaban ovejas en el estado de Nueva Gales del Sur (Australia) Según la historia, sus propietarios eran descendientes de irlandeses que emigraron en busca en un futuro mejor. Así que decidí investigar qué había de interesante en la ciudad, y la verdad es que valió la pena detenernos en ella en nuestro camino a Belfast, puesto que aparte de ser un lugar precioso y cargado de historia muestra orgullosa en su iglesia de St Peter la cabeza de San Oliver Plunkett, arzobispo de Armagh y primado de Irlanda. Pero hablaremos de él un poco más tarde.



El templo se alza imponente en medio de la ciudad, exactamente en West Street, una de las más comerciales y animadas de la ciudad. Desde 1791 que se construyó la primitiva iglesia, los habitantes de Drogheda, ricos comerciantes y emprendedores, no han cesado de agrandarla y embellecerla, al considerarla poco propia de una localidad con una economía tan pujante. Así se añadieron varias capillas y una preciosa sacristía.
Pero todo era poco para los habitantes de Drogheda, que querían un templo lo suficientemente fastuoso para poder albergar la sagrada reliquia. Así que a finales del siglo XIX se añadió una espectacular torre y el baptisterio, y se arrasó prácticamente con toda la edificación primitiva, dotando al templo de un elegante estilo gótico francés, aunque varios elementos de su gloria pasada se incorporaron al nuevo proyecto, como el púlpito, el rosetón y las campanas entre las que se encontraba " La Salamanca".








La iglesia finalmente refulgía como una joya sobre todas las iglesias de Irlanda. Elegante, esbelta, decorada con un gusto exquisito en colores brillantes y finos frescos, sufrió en los años 60 una "remodelación" que la dejó desnuda y vacía, un ataque directo a la belleza del edificio en nombre de las modas de la década.
Afortunadamente en los 90 del siglo pasado se pudo recuperar gran parte de la decoración anterior a ese fulminante desatino y se consiguió que el templo volviera a brillar tal y como lo vemos hoy en día.





Pero para acabar hablemos del mártir Oliver Plunkett, un hombre que dedicó toda su vida al cuidado de los más desfavorecidos, ganándose el odio y desprecio de las clases dirigentes, que veían cómo abandonaba sus deberes religiosos en la iglesia para ayudar a los necesitados. Así que lo acusaron de traición, fue llevado a Londres y sentenciado a muerte en un falso juicio.
Primero fue colgado, luego ahogado, descuartizado y finalmente quemado y sólo gracias a la audacia de unos amigos su cabeza pudo ser salvada antes de que el fuego consumiera el cuerpo.


Así que aparte de disfrutar de la belleza exquisita de este templo, debemos acercarnos al precioso relicario que guarda la cabeza de un hombre bueno, juzgado y condenado tan sólo por hacer el bien.

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