viernes, 1 de junio de 2018

El maravilloso mundo de los cruceros (I). La historia de MSC Cruceros.De un pequeño barco de carga a un imperio de los mares


Sorrento vio nacer en 1940 a Gianluigi Aponte, un hombre que acabaría convirtiéndose en una de las grandes figuras de la navegación italiana y en el fundador de uno de los mayores grupos marítimos del mundo. Pero cuando pensamos en MSC, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza son sus enormes barcos de crucero, sus chimeneas blancas y azules, el Yacht Club o los grandes puertos del Mediterráneo. Y, sin embargo, la historia de MSC comenzó muy lejos de los cruceros.


El origen hay que buscarlo en 1970, cuando Aponte, con apenas treinta años, decidió crear su propia compañía de transporte marítimo. Compró un pequeño buque de carga llamado Patricia y comenzó una aventura empresarial que poco después incorporaría al Rafaela, bautizado así en honor a su esposa, y posteriormente al Ilse. Aquellos primeros barcos fueron las piezas iniciales de una compañía que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes gigantes mundiales del transporte de contenedores.

La familia Aponte, además, tenía una larga tradición vinculada al mar. Los registros familiares se remontan hasta el siglo XVII en la península de Sorrento, una zona donde la navegación y el comercio marítimo formaban parte de la vida cotidiana. De alguna manera, Gianluigi Aponte no inventó esa relación con el mar, sino que la llevó a una escala completamente diferente.



En 1978 la compañía trasladó su sede a Ginebra, Suiza, donde continúa actualmente el cuartel general del MSC Group. Por eso, aunque MSC tenga una imagen profundamente italiana y sus barcos respiren Mediterráneo por todos sus rincones, la sede corporativa del grupo no está en Génova ni en Nápoles, sino en Suiza.

Pero todavía faltaban los cruceros.



Para comprender cómo MSC terminó dedicándose al transporte de pasajeros hay que detenerse en otro personaje nacido también en Sorrento: Achille Lauro.

Lauro fue armador, empresario, político y una auténtica celebridad en la Italia de su tiempo. Su compañía, la Flotta Lauro, desarrolló una importante actividad marítima y llegó a convertirse en uno de los nombres conocidos de la navegación italiana.

Y aquí aparece una conexión especialmente curiosa para quienes vivimos en Tenerife.

El nombre de Achille Lauro forma parte también de la historia del puerto de Santa Cruz de Tenerife.

El gran trasatlántico Achille Lauro, uno de los barcos más famosos de la Flotta Lauro, realizaba cruceros internacionales y conocía perfectamente las rutas atlánticas que conectaban Europa con África y otros destinos. En enero de 1982 llegó a Santa Cruz de Tenerife y allí comenzó uno de los episodios más curiosos de su larga historia.

El barco quedó retenido en el puerto como consecuencia de las dificultades económicas de la compañía y de las deudas acumuladas. Los problemas fueron aumentando hasta que diferentes acreedores solicitaron embargos sobre el buque. La prensa de la época llegó a informar de varias órdenes de embargo y de las deudas que la naviera mantenía con empresas, con el propio puerto y con parte de la tripulación.

El Achille Lauro permaneció inmovilizado durante aproximadamente un año. Finalmente pudo abandonar Tenerife en enero de 1983 y dirigirse a Génova, aunque sus problemas financieros estaban lejos de solucionarse.

Para mí, esta parte de la historia tiene un interés especial. Cuando uno pasea hoy por Santa Cruz y ve llegar un enorme crucero de MSC, cuesta imaginar que uno de los antepasados de esa compañía estuvo precisamente aquí, retenido durante meses por problemas económicos.

El mundo de los cruceros tiene una memoria bastante curiosa: barcos que desaparecen, compañías que quiebran y nombres que vuelven a aparecer años después bajo otra bandera.



La entrada de Gianluigi Aponte en el negocio de los cruceros se produjo en 1988, cuando MSC entró en el capital de la compañía vinculada a la Flotta Lauro. Aquella operación puso las primeras bases de lo que acabaría convirtiéndose en MSC Cruceros.

La nueva aventura comenzó bajo el nombre StarLauro Cruises, conservando de esta manera parte de la identidad de Lauro. La adquisición de buques de la antigua compañía permitió a Aponte entrar en un sector completamente diferente al transporte de contenedores.

Pero la historia no fue sencilla.

El propio Achille Lauro continuó navegando durante algunos años hasta que, en noviembre de 1994, sufrió un incendio frente a las costas de Somalia mientras se dirigía hacia Sudáfrica. El buque fue evacuado y dos personas murieron durante el incidente. El barco acabaría hundiéndose. Fue un golpe especialmente duro para la compañía.

Y aquí se produjo otro punto de inflexión: en 1995 nació MSC Cruceros como compañía diferenciada, abandonando progresivamente la marca StarLauro y comenzando a construir una identidad propia. Es decir, 1988 fue el momento en que MSC entró en el mundo de los cruceros, pero 1995 es la fecha que debemos considerar como el nacimiento de la MSC Cruises que conocemos hoy.



Durante sus primeros años MSC Cruceros creció utilizando barcos ya existentes. Entre ellos llegaron el Symphony y el Rhapsody, mientras la compañía intentaba hacerse un hueco en el mercado europeo.


El crecimiento fue progresivo, pero Aponte tenía claro que, si quería competir de verdad en el mundo de los cruceros, necesitaba dejar atrás la dependencia de los barcos de segunda mano y comenzar a construir sus propios buques.

El primer gran paso llegó con el MSC Lirica.

En diciembre de 2000 MSC firmó el contrato para construirlo en los astilleros de Saint-Nazaire, en Francia. Era una decisión trascendental porque significaba que MSC comenzaba a diseñar una flota específicamente para su propio concepto de crucero. El MSC Lirica entró en servicio en 2003 y poco después llegaría el MSC Opera.

Y aquí comienza realmente la transformación de MSC.

En 2004 se produjo otra de esas casualidades que tantas veces aparecen en la historia de las navieras. La compañía Festival Cruises, que había crecido rápidamente durante los años anteriores, entró en quiebra. Entre sus barcos se encontraban dos relativamente modernos: el European Vision y el European Stars.

MSC aprovechó la oportunidad y adquirió ambos buques.

El primero pasó a llamarse MSC Armonia y el segundo MSC Sinfonia. Los dos terminarían formando parte de la clase Lirica y se convertirían durante años en piezas importantes de la flota.


Lo curioso es que, mientras MSC empezaba a construir sus propios barcos, también iba incorporando unidades procedentes de otras compañías. La flota crecía por dos caminos diferentes.

Pero el verdadero salto todavía estaba por llegar.



En 2008 apareció el barco que cambió la escala de MSC, se llamaba MSC Fantasia.

Construido en Saint-Nazaire, tenía 333 metros de eslora y, en el momento de su entrada en servicio, se convirtió en el mayor barco de la historia de MSC. También representaba un cambio de filosofía: ya no se trataba simplemente de transportar pasajeros por el Mediterráneo, sino de convertir el propio barco en parte esencial del viaje.

El Fantasia inauguró además una nueva clase de barcos que posteriormente completarían el MSC Splendida, el MSC Divina y el MSC Preziosa.

Pero había algo todavía más importante: en el MSC Fantasia nació el MSC Yacht Club.


La idea era bastante revolucionaria para MSC: crear dentro de un gran barco una zona privada que funcionara prácticamente como un barco de lujo independiente. Suites, restaurante privado, salón panorámico, piscina, solárium, mayordomo y servicio de conserjería, pero con la posibilidad de salir de esa zona y disfrutar de todo el resto del barco.

Era, literalmente, un barco dentro del barco.

El concepto se convirtió posteriormente en una de las señas de identidad de MSC y continúa evolucionando en las nuevas generaciones de buques.

El curioso caso del MSC Preziosa

Y llegamos a uno de los barcos que más historia tiene incluso antes de comenzar a navegar.

Cuando escribí originalmente esta historia, el MSC Preziosa era una novedad. Hoy ya forma parte de la historia de la compañía, pero merece la pena recordar su peculiar origen. El barco había sido concebido inicialmente para otro proyecto y su construcción estuvo relacionada con la compañía estatal libia GNMTC. La situación política de Libia hizo que aquel proyecto quedara paralizado y MSC terminó adquiriendo el buque. El barco, que se iba a llamar Phoenicia, incluiría un gigantesco acuario de más de 120 toneladas en su diseño, en el que nadarían tiburones de todas clases y tamaños.

La guerra civil de 2011 hizo que todo el proyecto, ya avanzado se detuviera. Visto el cariz de la situación, MSC hizo una propuesta de 550 millones de euros para adquirir el que va a ser el MSC Preziosa,  cuarto y último integrante de la clase Fantasia. Con él quedaba cerrada una generación de barcos que había cambiado por completo la dimensión de MSC.

Pero la compañía ya estaba pensando en algo mucho mayor.





Al igual que sus hermanos de MSC será registrado bajo bandera de Panamá, aún siendo la única con capital 100% europeo, ya que Costa pertenece a la americana Carnival.
Por otra parte MSC es una compañía que siempre ha mirado por el cuidado del medio ambiente, por lo que Bureau Veritas le ha concedido las 6 Perlas Doradas por la protección del medio marino, aparte de otros premios a la mejor compañía calidad/precio por la prestigiosa revista, desgraciadamente desaparecida Cruceros & Destinos, o al mejor barco MSC Splendida por los premios Excellence.

 

En 2017 llegó el MSC Meraviglia. Con él MSC volvió a aumentar considerablemente la escala de sus barcos y presentó una arquitectura interior que buscaba que el pasajero tuviera algo que hacer incluso sin mirar por la borda.

Uno de sus elementos más llamativos es la gran Galleria Meraviglia, una avenida interior de 96 metros de longitud con restaurantes, tiendas y espacios de ocio, cubierta por una enorme pantalla LED que funciona como techo digital.

Después llegaron el MSC Bellissima, el Grandiosa, el Virtuosa y el Euribia, desarrollando progresivamente aquella misma filosofía.



Los barcos de MSC dejaron de ser simplemente enormes hoteles flotantes. Comenzaron a parecer auténticas ciudades.

Pero MSC tomó también otra dirección.

Con la clase Seaside la compañía quiso que el pasajero estuviera más cerca del océano. La arquitectura exterior se diseñó alrededor de grandes espacios abiertos, terrazas, piscinas y zonas orientadas hacia el mar. Llegaron el MSC Seaside y el MSC Seaview, seguidos posteriormente por el MSC Seashore y el MSC Seascape.





El concepto evolucionó todavía más en las versiones posteriores, como la Seaside EVO, que introdujo mejoras en espacios y tecnología. Era una manera diferente de entender el gigantismo naval: no solamente construir barcos más grandes, sino intentar que el pasajero sintiera que el mar seguía siendo protagonista.

Y entonces ocurrió algo todavía más ambicioso. MSC decidió que no siempre quería llevar al pasajero a un destino. En determinadas rutas, el destino podía ser suyo.

La compañía transformó Ocean Cay, en las Bahamas, en Ocean Cay MSC Marine Reserve, una isla privada integrada en sus itinerarios del Caribe. Los primeros pasajeros llegaron el 5 de diciembre de 2019. Hoy la isla cuenta con playas, restaurantes, bares, actividades acuáticas y diferentes espacios de ocio, pero también forma parte de la estrategia medioambiental de la compañía alrededor de la reserva marina.

Ocean Cay es importante porque demuestra hasta qué punto ha cambiado el modelo de negocio. MSC ya no vende únicamente un camarote y una ruta, vende también una experiencia completa que empieza en el barco y continúa en destinos diseñados específicamente para sus pasajeros.


En 2022 llegó otro momento importante con el MSC World Europa, primer barco de la nueva clase World.

Su diseño exterior es fácilmente reconocible por la proa vertical y la característica forma de Y de la popa. Pero la novedad no está solamente en el aspecto exterior. El World Europa fue además el primer barco de MSC propulsado por GNL, dentro de la estrategia de la compañía para introducir tecnologías destinadas a reducir el impacto ambiental de sus operaciones.


Después llegaron el MSC World America y la siguiente evolución de la clase.

El World America comenzó sus operaciones desde Miami en 2025, reforzando la presencia de MSC en el mercado estadounidense y en el Caribe.


Y la historia continúa.

En 2026 está prevista la entrada en servicio del MSC World Asia, destinado a operar en el Mediterráneo durante la temporada de invierno. Con sus 333,3 metros de eslora, capacidad para miles de pasajeros y una oferta que incluye decenas de bares y salones, numerosos restaurantes, piscinas y espacios de entretenimiento, representa otra vuelta de tuerca al concepto de megacrucero.

Quizá sea porque la compañía ha confiado plenamente en el público español y por ello es la que más puertos de embarque y desembarque ofrece en nuestro país: Barcelona, Palma de Mallorca, Santa Cruz de Tenerife, Málaga, Vigo, La Coruña, Bilbao, Valencia o Ibiza.
Italia, siempre presente también con la madrina de todos su barcos, la inigualable Sofía Loren que antes de la botadura del MSC Divina pidió al dueño un deseo, que el nuevo barco llevara el nombre que lo identificara con ella, una Diva. Se le concedió el deseo y más que eso, la Royal Suite 16007 está decorada s su gusto y posee una serie de cuadros únicos de la actriz.




Porque la elegancia y el trato personalizado no son exclusivos de Sofía Loren, MSC pone a disposición del privilegiado pasajero el Aurea Spa, en todos sus barcos con sofisticados y únicos tratamientos. Pero llega aún más allá con el Yacht Club, un espacio exclusivo en los ya de por sí elegantes barcos de la compañía, decorados con el buen gusto italiano y la serenidad mediterránea.


Después de conocer toda esta historia, quizá se entienda mejor por qué MSC ha conseguido convertirse en una de las compañías que más ha crecido dentro del mundo de los cruceros.

Yo he viajado en varias ocasiones con ella y, por supuesto, espero hacerlo en muchas más.

Cada vez que subo a uno de sus barcos tengo la sensación de que estoy entrando en una pequeña representación de Italia flotando en mitad del océano: los detalles, la gastronomía, el diseño, la música, los espacios comunes y esa manera tan particular de entender la hospitalidad.

Cuando un barco de la compañía llega a Santa Cruz de Tenerife, no puedo evitar acordarme de aquel Achille Lauro que permaneció atrapado en nuestro puerto durante meses a comienzos de los años ochenta. Aquel viejo trasatlántico, inmovilizado por las dificultades económicas de la Flotta Lauro, parece hoy pertenecer a otro mundo. Sin embargo, forma parte de la misma cadena de acontecimientos que, con muchas vueltas y bastantes páginas de historia por medio, terminó conduciendo hasta la MSC que conocemos actualmente.

Desde aquel barco retenido en Tenerife hasta los gigantes de la clase World han pasado muchas cosas. Y también muchos mares.

La compañía sigue creciendo, construyendo barcos cada vez mayores y buscando nuevos destinos. Pero cuando uno conoce sus orígenes, detrás de cada enorme crucero de MSC aparece algo más que una gigantesca máquina de vacaciones.

Aparece la historia de una familia de marinos de Sorrento, de un capitán que comenzó con un solo barco de carga y de una empresa que aprendió a navegar mucho más allá de aquello que originalmente había imaginado.

Yo, desde luego, seguiré embarcando. Porque si hay una compañía con la que siempre he disfrutado especialmente del viaje, esa es MSC.

Sin duda, MSC.


3 comentarios:

  1. Sin lugar a dudas Roberto, un buen trabajo, te felicito.

    ResponderEliminar
  2. Este verano tuve la suerte de conocer el Crucero MSC Magnifica. El nombre lo dice todo. Exelente artículo.

    ResponderEliminar