viernes, 7 de octubre de 2016

Viena Imperial (IX)

La Saint Honoré vienesa
No es por comparar, es sólo por dar una idea de lo que representa en Viena esta calle. Y es que todas las tiendas de los diseñadores más famosos como Chanel, Gucci, Prada, Valentino y tantos otros, están localizadas en esta calle, que parte del frente del palacio de Hofburg y luego se ramifica en otras calles menores igual de comerciales y caras.




Todos los establecimientos de moda y complementos, calzado, perfumerías y pequeñas tiendas de delicatessen se concentran en una calle no especialmente larga, pero con el encanto de los edificios sobrios de los siglos XVIII, XIX y XX.
A diferencia de la calle parisina , la vienesa es casi completamente peatonal, ya que son muy estrictas las normas que prohíben la circulación rodada, exceptuando los momentáneos accesos de los proveedores.





Los alquileres de los locales alcanzan precios astronómicos, y eso que ahora, la modernidad y lo chic se ha desplazado a la zona del Ring, cerca del Museum Quartier, donde se da cita la flor y nata del diseño vienés, que está de nuevo en alza.
¿Continente o contenido?
Ya desde antes de entrar al Museo de Historia del Arte, me asaltó esta pregunta, y durante todo el recorrido no pude encontrar la respuesta. Y es que no sabría decir qué es lo que me gusta más, si el edificio y su interior, o las obras de arte que alberga.
Pero vayamos por partes.





El edificio fue construido entre 1871 y 1891, veinte años de trabajo que bien valieron la pena, ya que la filigrana de los techos, la nobleza de los materiales empleados y el exquisito buen gusto se respira desde que se cruza la entrada. En muchos momentos me sorprendía a mí mismo mirando los delicados techos o la elegancia de las columnas tersas y pulidas, en vez de contemplar el cuadro que tenía enfrente.
Realmente hermoso.
La segunda parte, la formaría el conjunto de colecciones que los Habsburgo fueron aumentando a través de los siglos, y que incluye objetos que estaban perdidos o disgregados por el mundo.




Quizá lo más relevante sean las salas de la colección egipcio-oriental, adornadas con enormes columnas de fardos de papiros, decoraciones murales egipcias, vitrinas y otros ornamentos. Así podemos entrar en la cámara de culto del príncipe Ka-ni-nisut o admirar las tumbas y sarcófagos, los valiosos papiros o las estatuas y relieves.
Especial mención también para la colección de antigüedades, el mundo griego y romano de la mano de obras de arte únicas, como la Gema Augustea o los jarrones y ánforas gri
egas.

Finalmente la Pinacoteca con obras de Bruegel, Vermeer, Sanzio, Tintoretto y muchos otros genios de la pintura mundial desde el siglo XV a 1800.




En el último piso hay un gabinete numismático y la Kunstkammer o Cámara de Arte, pero en el momento de mi visita estaban cerrados por reformas.
Después de tanto gozo artístico, cerremos la visita tomando un estupendo café vienés y un suculento trozo de apfelstrudel en la cafetería que se encuentra debajo de la cúpula, enmarcada por los dibujos del genial Gustav Klimt.
Inolvidable.
La casa Hundertwasser
No fue de los mejores rincones que vi en Viena, de hecho, fue un poco por casualidad que nos acercáramos hasta la calle donde está ubicada. No me pareció ni siquiera atractiva en un primer momento. Luego, al mirarla mejor, le encontré su puntito, pero tampoco me llegó dentro.


La casa, que realmente es un bloque municipal de pisos, fue levantada en 1985 por el artista Friedensreich Hundertwasser, que quiso revelarse contra la frialdad de la arquitectura moderna. Las bandas irregulares de color en su fachada, aunque de noche no son tan llamativas, rematadas con cúpulas bulbosas, hace que mucha gente lo considere más cerca del cuento de Hansel y Gretel que de un bloque de viviendas subvencionadas.


Adosado tiene un café con amplia terraza y con la misma inspiración. En los tejados hay zonas ajardinadas con cientos de árboles y arbustos, e incluso salen por las ventanas...Una locura.

Menos mal que cerca había un puesto de sabrosas salchichas vienesas para ayudar a pasar el frío
.
Kunst Haus Wien
Tampoco me gustó esta casa del titulado "maestro" vienés. Me sigue pareciendo una copia Gaudiana pasada por el filtro austero austriaco, mas serio y menos colorista, menos retorcido y más cuadrado.


Por ello sólo le hice una visita de cortesía, a última hora del día para tener una idea de lo que representaba y no hablar sin saber, sin haberla visto y tocado.
Me pareció plastilina encajada entre dos edificios sin criterio, con dos pisos que alojan la exposición permanente de su obra y una cafetería-tienda en su parte baja.


Por mucho que veo fotografías y muestras de otras obras suyas, sigo sin cogerle el tranquilo..
Michaelerplatz, la antigua Viena
Todo un compendio de formas, estilos y épocas, aparte de ser uno de los centros fundacionales de Viena; eso es Michaelerplatz.




Para entenderlo miremos primero al suelo. Los restos de una casa romana y algunos fragmentos del primigenio Burgteather, nos contemplan desde abajo, aislados y bien conservados, justo en el medio de la plaza.




Cronológicamente le sigue, a un lado de la plaza, la Michaelerkirche, durante mucho tiempo la iglesia parroquial de los emperadores y lugar de enterramiento de muchas personalidades de los siglos XV al XVIII, y que además se conservan de manera espectacular debido al frio ambiente del sótano de la iglesia que le confiere una temperatura y humedad constantes.
Frente a ella, una de las puertas de entrada al Palacio de Hofburg, con las gigantescas composiciones escultóricas a sus dos lados, con la figura de Hércules como eje central.
Y en el lado opuesto, lo que se consideró una ofensa al buen gusto y al emperador, la casa Loos.


Este edificio de apartamentos, con cuatro pisos de vivienda sobre dos de negocios, se consideró en su momento el culmen de la modernidad, pero también de la fealdad, sobre todo por el emperador, que detestaba su simple fachada, sin adornos y vacía, por lo que ordenó parar la construcción hasta que el arquitecto prometiera adornarla con jardineras. Lo hizo en un principio, pero luego simplemente lo olvidó, por lo que el emperador ordenó cerrar para siempre las ventanas que daban a la casa.
A mi me parece un edificio precioso, pero claro, en aquella época lo recargado era lo elegante y la pauta a seguir por todo arquitecto.
Nunca llueve a gusto de todos, por eso esta plaza nos ofrece tanto donde elegir...
Un espacio imperial. La Heldenplatz.
¿O en un espacio teatral? La verdad es que no sé con cual de las dos funciones quedarme, porque esta amplia plaza ha sido escenario de tantos hechos históricos de gran importancia para Viena que es difícil elegir.



Por un lado la siempre discutida comparecencia de Hitler ante el pueblo austriaco para declarar la anexión de Austria al Reich alemán, por otro lado su teatralidad la hizo objeto de una obra escrita por Thomas Bernhard donde criticaba muy duramente la política social austriaca, por lo que se ha convertido con el paso del tiempo, en un símbolo tangible de la lucha contra el antisemitismo y el nacionalsocialismo, aún en contra de lo que simboliza su nombre ( Plaza de los Héroes)



La verdad es que llegar a ella, sobre todo por su lado abierto, es realmente impresionante, ya que nos damos cuenta de cómo hubiera quedado el inmenso Kaiserforum que tenía proyectado el emperador Francisco José, nunca terminado.

Por un lado tenemos, entonces, el ala Leopoldo del Hofburg, a su izquierda la Nueva Ciudad Imperial y a la derecha la Ringstrasse. La parte abierta nos ofrece una visión única del Parlamento austriaco, el Ayuntamiento y el Burgtheater (Teatro Imperial).
Filigrana de piedra
Aunque ya lo había visto en fotos, cuando llegué a su lado, pude confirmar el parecido, casi exacto con los ayuntamientos flamencos, y más concretamente con el de Bruselas, con sus torres de filigranas, altas y esbeltas. El de Viena también es de estilo neogótico con una aguja central que se eleva hasta los 102 metros de altura, incluyendo un caballero con estandarte que la corona.Además, en todo su perímetro se abren arquerías con estatuas de las personalidades de la historia de Austria.



También el Ayuntamiento cuenta con su propio Restaurante, el Rathauskeller, con diferentes salas y salones, renovados en el año 2005. Con un ambiente único y típico, estos salones pueden ser alquilados para diferentes eventos, públicos o privados; en uno de ellos es donde, de abril a octubre, tiene lugar el ya famoso Austrian Dinner Show.
Fue una pena que en el momento de la visita estuviera cerrado por acondicionamiento, porque aunque se recomienda unirse a la visita guiada, como algo extraordinario en un edificio público, está permitido recorrer sus siete patios interiores.



En invierno, el espacio que precede a su fachada es tomado por cientos de patinadores, ya que se instala una pista de hielo que incluso tiene un circuito para los más avezados que rodea casi la totalidad del jardín.
El edificio puede verse desde casi cualquier punto de la ciudad, cosa que no es de extrañar, con una torre tan alta...

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