lunes, 14 de mayo de 2012

Escala en Marsella

MARSELLA




La escala de Marsella no es difícil, pero hay que tener en cuenta dos puntos delicados: Uno es que el barco atraca a unos 5 kilómetros de la ciudad y por lo menos cuando yo fui no había servicio de shuttle, solamente el que ponía cada barco, previo pago. Otro es que hay que tener en cuenta este tiempo en el traslado al centro de la ciudad para la hora de regresar al barco. Una vez que tenemos esto en cuenta, bajamos del barco.
Después de andar unos 15 minutos, llegamos a la parada de autobús que está en la autopista. Allí cojimos el nº 35, que nos dejó justo al ladito de la Catedral de Marsella, que a esa hora estaba cerrada y que visitaríamos más tarde. La verdad es que me sorprendió que no estuviera más en el centro, en el casco urbano, sino apartada, casi dentro de los barrios nuevos.
Justo en la Plazoleta de la Catedral comienza una línea pintada en el suelo, que si la seguimos nos va llevando por distintos recorridos turísticos.
Seguimos justo al frente mientras subimos por la Esplanade de la Tourrete, que nos lleva al mirador más famoso de Marsella: Saint Laurent.


La iglesia Saint-Laurent es un edificio de estilo románico-provenzal, de dimensiones bastante modestas, con tres naves separadas por pilares cuadrados. No se conoce con exactitud su origen, pero en el siglo XIII aparece mencionada en los textos, y se encontraba dentro de la muralla del Castillo Babon, que después fue destruido. Parroquia de los pescadores y de las gentes del mar, es la única iglesia parroquial de la Edad Media que se conserva en Marsella. Cuando se construyó el Fuerte de San Juan en el siglo XVII, la iglesia perdió un travesaño y su fachada oriental. Todavía hoy se ha de entrar en la iglesia a través de una puerta abierta en la nave meridional. El campanario del siglo XIV fue modificado en el siglo XVII. Durante la Revolución Francesa, la iglesia fue saqueada y resultó muy dañada, pero se salvó de la demolición al convertirse en almacén, lo que siguió siendo hasta la época del Concordato. Hasta 1943, año de la destrucción de los Barrios Viejos, fue un lugar destacado de la espiritualidad en Marsella. Está declarada como Monumento Histórico desde 1950.
Con su reciente restauración, la iglesia de piedra rosada procedente de las canteras de la Couronne, ha vuelto a encontrar su belleza original y, por fin, ha sido reabierta al culto. Pegada a la Iglesia de Saint-Laurent se encuentra la capilla de Sainte-Catherine construida por los Penitentes blancos en los primeros años del siglo XVII. Su bóveda decorada con nervaduras y arcos terceletes, pertenece al gótico tardío y es un caso único en Marsella. En esta capilla se conserva un mobiliario muy interesante: la Pietà des Calfats, la estatua de María, Estrella del Mar, un cuadro del martirio de Saint-Laurent.
Bajamos por las escaleritas de la derecha y nos dirigimos al centro por el paseo del puerto viejo. A esa hora de la mañana habían muchos puestos de flores y plantas. Seguimos todo recto hasta el final y llegamos a las Galerías Lafayette. No olvideis que hay una señora en la entrada de los servicios con su mesa y todos sus documentos que os cobrará 0,30 cts por entrar al baño.

Salimos, y cruzando la calle fuimos a tomár un café. Al dirigirnos de nuevo al puerto por la calle La Canebiére, encontramos un precioso tiovivo.

Continuamos por el paseo del muelle y llegamos a la Abadía de San Victor.

El origen de esta iglesia se debe a la piedad de los primeros fieles. En principio no era más que una gruta o caverna muy alejada de la ciudad, que se hallaba en los viejos Campos Elíseos, u ossarium de los marselleses, se utilizaba como un lugar de retiro para los primeros cristianos, así como para celebrar los Santos Oficios, y servía, asimismo, como sepultura para los mártires. Al lado de esta gruta (que actualmente se encuentra dentro de la iglesia inferior) hay una capilla dedicada a Notre-Dame de Confession, el altar mayor fue construido durante el mandato del emperador Antonino Pío (140). El cuerpo de Víctor, oficial de las tropas marsellesas, que murió martirizado el 21 de julio del año 303, bajo el mandato de Diocleciano, fue recogido por los feligreses que lo enterraron en dicha gruta.
Y ahora venía lo más duro. Subir a pie hasta la Basílica de Notre Dame. Aunque también hay un servicio de tren turístico que te ahorra esta tonta caminata.

La colina de la Garde (154 m) ha sido siempre un puesto de observación.
Según la tradición, se dice que el puesto de vigilancia existe desde tiempos prehistóricos, y con toda seguridad desde la época romana. En el siglo X una ley de Carlos II de Anjou incluye la colina de la Garde en la lista de paradas. Este sistema de vigilancia mejorará a lo largo de los siglos, y su función se mantendrá en la colina hasta 1978.

Para proteger a Marsella de los ejércitos de Carlos V dirigidos por el condestable de Borbón, Francisco I hace construir en 1525 un fuerte en la cima de la colina, que constituye, junto con el Castillo de If en la entrada del puerto, una defensa marítima que le faltaba a la ciudad. En nuestros días aún puede comprobarse la presencia del fuerte que sirve de asiento a la basílica actual, y podemos encontrar, encima del soportal norte, la firma del rey: una salamandra.
La geografía de Marsella marca su historia. Encerrada en una corona de colinas y calas, la ciudad se extiende en una franja de 57 km a los largo del Mediterráneo. El sol es un atractivo dentro de su agradable entorno. Marsella es una ciudad predestinada desde hace 28.000 años, como lo prueban sus pinturas paleolíticas de la Gruta Cosquer.
A lo largo de los siglos, la trama urbana se ha desarrollado alrededor del Viejo Puerto, estanque situado en la cala del Lacydon donde los marineros griegos procedentes de Focea en Asia Menor fundaron la ciudad en 600 antes de J. C.
Marsella, poderosa gracias a su comercio marítimo, adquiere su fisonomía actual en el siglo XIX. Se realizan grandes obras que modifican de forma duradera el urbanismo y la arquitectura. La ciudad se completa con un nuevo puerto, el puerto de Joliette, nuevas arterias parecidas a las realizadas en París, como la actual calle de la República, que actualmente es objeto de un amplio programa de rehabilitación, y numerosos edificios prestigiosos, entre ellos la basílica Notre-Dame de la Garde, el Palacio de la Bolsa, el Palacio Longchamp, la Prefectura, el Palacio de las Artes, la catedral de la Nueva Mayor…
La vida trepidante de la ciudad se concentra en torno a la actividad portuaria y la Canebière. En esta famosa avenida reina una intensa animación gracias a los grandes cafés de la época, donde se encuentran comerciantes y armadores. También encontramos grandes hoteles de lujo donde se alojan personajes famosos del mundo de la política, económico y artístico.
Marsella es decididamente una ciudad en movimiento, que sabe vivir el momento. La época contemporánea no rompe con esta tradición. Tras la Segunda Guerra Mundial, el arquitecto Le Corbusier construye, en el Sur de la ciudad, la Cité radieuse estudiada y admirada por generaciones de arquitectos.
A principios del siglo XXI, la ciudad se orienta hacia su futuro y cambia su aspecto. El proyecto de ordenación urbana Euroméditerranée, la mayor operación del estado realizada desde la construcción del barrio de negocios de la Défense de París, se encuentra en el centro de esta dinámica que combina la rehabilitación de lo antiguo y las construcciones modernas. Nacen nuevos barrios residenciales y de oficinas de los antiguos baldíos industriales. El mundo de la banca y financiero se codea con el sector de la high-tech y la comunicación. A esta metamorfosis urbana se añade la implantación de un tranvía.

Pero la colina de la Garde adquirirá toda su importancia -señal sagrada, señal urbana-, cuando se construye la basílica en el año 1853. Desde entonces en adelante, la silueta del edificio se hace inseparable de la imagen de Marsella.
Sin embargo, varias iglesias precedieron a la basílica. La primera de ellas en 1214, cuando un eremita, el maestro Pierre, consigue la autorización para construir en ese terreno que pertenecía a la Abadía de Saint Victor. A partir del siglo XVI la iglesia se transforma poco a poco en un centro de devoción de los marineros. De esta época datan los primeros exvotos, que los marineros empiezan a depositar allí.
De esta manera, la colina de la Garde tiene una triple vocación: como puesto de vigía, como construcción militar y como lugar de culto y de peregrinaje. A mediados del siglo XIX, el santuario se queda demasiado pequeño para los numerosos peregrinos que lo visitan. El Señor de Mazenod decide construir allí una gran basílica. La primera piedra se puso el 11 de septiembre de 1853, y las obras se confiaron al arquitecto Espérandieu; la consagración tuvo lugar el 5 de junio de 1864.
La presencia de numerosos exvotos, expuestos en los muros y suspendidos entre los pilares de la nave, constituye una verdadera colección de Arte Naïf, una crónica enternecedora de la sociedad marsellesa, a través de estos testimonios tan elocuentes de la fe popular, dedicados a lo que los marselleses de todas las confesiones religiosas se refieren como “la buena madre”.
El edificio se compone de dos partes: una iglesia baja, cripta, bóveda que acoge, en particular, un crucifijo policromado que data de la iglesia del siglo XVI, una «mater dolorosa», un mármol de Carpeaux; una iglesia alta, el santuario, consagrado a la Virgen (fiesta y peregrinación el 15 de agosto) en el que abundan los mosaicos con fondo de oro y los mármoles policromados que le dan un aspecto de relicario. Son reseñables las puertas de bronce y el altar mayor, diseñados por Revoil, que también fue co-arquitecto de la basílica; una virgen en plata de Chanuel; una Anunciación en bajo relieve de porcelana policromada y un Suvre florentino del siglo XVI.
El campanario soporta una estatua monumental de la Virgen; la realización de esta estatua se confió al escultor Lequesne, y fue ejecutada en bronce, metal que fue dorado con pan de oro por los talleres Christofle. La estatua fue colocada en su lugar en septiembre de 1870.
Desde la explanada que se encuentra ante el santuario se despliega la vista panorámica más impresionante sobre Marsella y su área urbana.
De nuevo bajamos a la ciudad y llegamos al Fuerte de San Nicolás
Desde mediados del siglo XVII, como partidaria de La Fronda, Marsella desafía y burla la autoridad real. En el mismo momento en que la paz con España deja al rey las manos libres, la ciudad se ve ocupada militarmente. Para entrar en la ciudad, Luis XIV, en marzo de 1660, no duda en hacer abrir una brecha en la muralla medieval. Algunas de esas piedras serán reutilizadas, con intención simbólica, en la construcción de la Ciudadela de San Nicolás. Luis XIV va a ordenar, así pues, la construcción de un fuerte, así como el ensanchamiento de la ciudad y la creación de un nuevo Arsenal. Para la construcción de la ciudadela, se dudó entre varios emplazamientos, y finalmente se escogerá una prominencia “en la embocadura del puerto, detrás de la abadía de Saint Victor (…) cuya extensión es lo bastante razonable como para construir allí un fuerte lo bastante fuerte como para mantener para siempre la autoridad del Rey …”. Las obras se realizan a un ritmo frenético, dirigidas por el Caballero de Clerville; en 1663, se acaba el Fuerte Alto (Entrecasteaux), y en 1664 el Fuerte Bajo (Ganteaume). Con ocasión de su paso por Marsella, Vauban criticará la construcción, que juzgará como ¡“la peor del universo”!

En mayo de 1790, los marselleses furiosos y con rencor por haber tenido que soportar esa ciudadela con sus cañones apuntando hacia ellos, se aprovecharon de la Revolución para empezar a demoler el fuerte, pero debieron parar un mes más tarde, por orden de la Asamblea Nacional.
El fuerte ocupa un espolón de roca calcárea situado entre el puerto, la abadía de Saint Victor y el Faro. Durante un tiempo, la construcción encerró dentro de sí la capilla de San Nicolás, que fue construida en la Edad Media; después, esta capilla fue destruida. El fuerte se compone de dos conjuntos de plantas, la más baja de las cuales, que hace la función de patio sobre el puerto, ha quedado aislada desde el año 1862 debido a la apertura del bulevar (hoy, boulevard Charles Livon). El fuerte alto está formado por dos recintos entrelazados, cuya planta cuadrangular se agarra a lo escarpado de la roca. La calidad de la mampostería, el gran aparato de roca calcárea de color rosa de la Corona, y su aplicación (encadenados de ángulo con almohadillados y cordones que van creando arabescos de curvas y contracurvas en las pendientes) contribuyen a crear una impresión de potencia serena, característica del estilo del Caballero de Clerville.

El conjunto hace de la ciudadela de San Nicolás “un fuerte de opereta”, concebido para calmar la furia de los marselleses y para asentar la autoridad de un monarca, consciente de su falta de popularidad en una ciudad cuya relación con la Corona de Francia databa de menos de dos siglos.
Dotada de un patrimonio natural excepcional entre mar, colinas y calas, Marsella ofrece a sus habitantes y visitantes la posibilidad de practicar muchos deportes, y gracias a unas infraestructuras adaptadas, es el escenario de los más importantes encuentros deportivos.

Cruzamos el Vieux Port en el transbordador gratuito y nos plantamos en la Iglesia de los Accoules
Desde el siglo XI se levanta aquí una pequeña iglesia parroquial dedicada a Notre-Dame des Accoules; el origen de ese nombre todavía se desconoce, dándose la hipótesis de que provenga de las pequeñas anclas depositadas allí a guisa de exvoto, o bien de los arcos de bóveda que sostienen el edificio. En el siglo XIII se reconstruyó la iglesia, así como el campanario de la Tour Sauveterre, que tocaba a rebato y convocaba al Concejo de la Ciudad. El conjunto fue arrasado en 1794, y la iglesia se reconstruyó sobre una planta central poco antes de la época de la Monarquía de Julio. En el antiguo emplazamiento de la iglesia primitiva se edificó un gólgota de piedra “en expiación de todos los crímenes cometidos durante la Revolución”. Igualmente, durante el siglo XIX se rehizo la aguja del campanario, que se encuentra inscrita en el Inventario Suplementario de Monumentos Históricos en 1964.
Al lado encontramos la antigua Charité

En 1640 el Concejo de la Ciudad decide, siguiendo la política real de “gran encierro de los pobres”, “encerrar en un lugar limpio y escogido a los pobres nativos de Marsella”.
En 1670, una asociación caritativa perteneciente al Consejo de los regidores confió a Pierre Puget, arquitecto del rey e hijo del barrio, la realización de un Hospital General para acoger a los mendigos y a los pobres.
El proyecto no se llevará a cabo, y no es hasta 1671 cuando se pone la primera piedra de lo que terminará siendo una de las más bellas obras arquitectónicas de Pierre Puget, pero el conjunto no será terminado hasta 1749.
Se compone de cuatro alas de edificios cerradas al exterior y abiertos por una galería a 3 niveles sobre el patio rectangular del interior. Los tres niveles reparten también el ritmo de la vida en el interior del edificio, dando acceso a vastos espacios colectivos, tanto para trabajar como para vivir, separando siempre las mujeres de los hombres.
En el centro del patio, la capilla construida entre 1679 y 1707 constituye la obra arquitectónica de mayor importancia que Pierre Puget realizó nunca en su ciudad natal. Esta capilla de cúpula ovoidal es un ejemplo perfecto del más puro barroco italiano. La fachada actual, que quedó sin terminar desde el siglo XVIII, data de 1863, y retoma el tema de la Caridad acogiendo a los niños indigentes, rodeada por dos pelícanos que alimentan a sus crías.
Tras la Revolución Francesa, y hasta finales del siglo XIX, la Charité fue un hospicio reservado a los ancianos y a los niños. En 1905, el edificio fue ocupado por el ejército, y más tarde servirá de abrigo a los más pobres. Tras la segunda guerra mundial, el arquitecto Le Corbusier llama la atención sobre el edificio, y denuncia su estado de abandono.
sobre el edificio, y denuncia su estado de abandono. Destinado a la demolición, finalmente será declarado Monumento Histórico en 1951. A partir de 1968, gracias a las leyes Malraux, será restaurado de forma admirable; desde 1986, la antigua Charité es un centro multidisciplinar de vocación científica y cultural, que alberga museos y que recibe exposiciones itinerantes. Situado en el centro mismo del barrio del Panier, se ha convertido en un lugar de visita imprescindible para los turistas.

Y volvemos, antes de irnos a la Catedral de la Mayor Nueva.
El lugar en el que está erigida viene albergando edificios religiosos desde el Siglo V. En el momento de la construcción la actual catedral conocida como « la nueva Mayor » se edificó ocupando parte del terreno que pertenecía a la antigua catedral románica « la vieja Mayor ». Pero al excavar sus cimientos se revelaron además restos de la existencia de una iglesia paleocristiana y un baptisterio sobre el mismo lugar. Estaríamos ante « la Mayor primitiva» y podríamos así hablar de Catedrales, en plural, de la Mayor.
Descripción y elementos.
Dentro de este extraordinario conjunto arquitectónico destaca a primera vista un pórtico monumental flanqueado por dos torres seguido de una imponente nave principal en torno a la que se agrupan los santuarios. En total la catedral tiene un largo de 142 metros y su altura va de los 60 metros de las torres a los 20 de la nave central pasando por los 70 de la cúpula central de 17,70 metros de diámetro (la sexta más grande del mundo). En torno al coro se extiende un largo deambulatorio que da acceso a las luminosas capillas.

El pórtico

Las distintas partes del edificio se establecen fácilmente a la vista de las fachadas exteriores y sus distintos volúmenes y alturas (además separadas por medio de torrecillas). Las fachadas exteriores e interiores alternan bandas policromas en piedra de Cassis y mármol verde de Florencia para el exterior y colores cálidos para el interior. Esta alternancia de piedras y mármoles de distintos colores es una de las características que hacen única a la Mayor.

La fachada exterior está  flanqueada de dos torres coronadas con sendas cúpulas. Sobrepasando la bóveda del porche que la precede hay una galería en arquitrabe que une las dos torres. Ordenadas sobre los soportales podemos ver una serie de siete grandes estatuas representando a Cristo rodeados de los apóstoles Pedro y Pablo, así como Lázaro (quien habría sido según la leyenda el primer obispo de Marsella) y sus compañeros (su hermana Marta, Maximin, María Magdalena) santos legendarios de Provenza. En la anteiglesia se alza la estatua de Monseñor de Belsunce, quien se hizo famoso durante la última epidemia de peste vivida en Francia (la peste de Marsella en 1720).

La bóveda del porche está revestida de mosaicos azul y oro inspirados en el mausoleo de Gala Placidia en Rávena. Las caras interiores del porche están ocupadas por estatuas monumentales de los santos obispos primigenios de Marsella agrupados de tres en tres.

El tímpano es coronado por una triple arquería en arquivolta con un rosetón en el centro acompañado de un mosaico que representa las ciudades de Jerusalén y Belén. Los tímpanos de las puertas están esculpidos en mármol mostrando en el centro La Coronación de la Virgen (de Guillaume), al este El símbolo de la Resurrección y al oeste El Agnus Dei y la Fuente de la Vida (de Brémond).
Durante la época carolingia tuvo lugar una restauración de la que se conservan adornos esculpidos con motivos entrelazados. Más tarde, en pleno Siglo XI el obispo Pons Ier hace reconstruir el ábside utilizando para ello piedra calcárea blanca lo que nos permite distinguirlo fácilmente de construcciones de otras época. La planta de cruz latina fue concebida por el arquitecto francés Léon Vaudoyer siguiendo el estilo románico-bizantino ya puesto en práctica en la también marsellesa Notre-Dame de la Garde. Perfeccionado con la experiencia de la anterior construcción y con mayores aires dadas las dimensiones de la catedral en la Nueva Mayor conviven campanarios y cúpulas al estilo de Notre-Dame des Doms de Aviñón, alternando así referencias al Oriente y el Occidente, supuestamente unidos a través del puerto de Marsella y presentes en la fundación de la ciudad (de origen fenicio).

Tras la muerte de Vaudoyer en 1872 fue su colaborador Jacques Henri Esperandieu quien le sucede, levantando los armazones de madera y las cúpulas. Fallecido dos años más tarde sería Henri Antoine Révoil quien terminaría la obra, dedicándose especialmente a la decoración en compañía de los inspectores Errard, Mouren y Joly. Dentro de la misma (mosaicos, esculturas, bronces...) destacan además de los elementos bizantinos en mármol y pórfido ya señalados las cúpulas y balaustradas decoradas siguiendo la inspiración de las catedrales de Lucca y Siena.

Los materiales utilizados en la construcción fueron muy variados; como piedra verde de Florencia, mármol blanco de Carrara, piedras de Calissane y del Gard, onyx de Italia y Túnez o mosaicos venecianos.

La catedral sería entregada a monseñor Jean-Louis Robert el 30 de noviembre de 1893 para ser abierta al culto. Tres años después, el 24 de enero el papa León XIII la nombraría basílica menor, consagrándose el 6 de mayo de 1897.

Por su tamaño y estilo el conjunto arquitectónico de la catedral no tiene comparación en todo el Siglo XIX. Se tardaron 40 años en terminarla e incluso hoy en día algunos detalles (como los revestimientos previstos para las cúpulas) no han sido concluidos.

En la actualidad y dentro del proyecto Euromediterráneo lanzado por las distintas instituciones para revitalizar las infraestructuras marsellesas está prevista la supresión del tráfico rodado frente a la Catedral y la creación de una explanada y un espacio público encargados al urbanista galo Bruno Fortier.
La nave principal se compone de tres naves (una central y dos secundarias). Está recubierta de bóvedas de crucería y por cinco cúpulas sobre el crucero y el coro. La elevación se controla por abundantes columnas de mármol sostenidas por pilares donde la piedra y el mármol alternan sus tonos rojo y ocre. Se iluminan en grupos de tres por vidrieras de motivos no figurativos. Las naves laterales, contienen tribunas sostenidas por una triple arquería que reposa sobre columnas de un sólo bloque de pórfido con capiteles de mármol esculpidos con motivos florales. Las balaustradas de mármol soportan candelabros de bronce. Destacan por su originalidad los mosaicos multicolores de la escuela veneciana que decoran el suelo. Así mismo es digno de admiración en la tercera nave el grupo escultórico realizado por Auguste Carli que representa la escena del Vía Crucis del paño de la Verónica.
El transepto. La nave transversal de 50 metros de largo completa los brazos de la cruz junto a la principal. A través de unos escalones permite acceder al deambulatorio que separa el coro de las grandes capillas laterales. En su centro se encuentra el crucero donde cuatro arcos monumentales sostienen la cúpula central de plano octogonal. Los ocho muros son iluminados por ventanas geminadas por la cimbra emplazadas en arcos sustentados por columnas con capiteles esculpidos coronados por un rosetón que reparte la luz desde una altura de 60 metros.
En cada brazo del transepto la entrada de cada capilla lateral es acompañada de una cúpula menor. Los cuatro ángulos formados por cada uno de los pilares principales albergan estatuas monumentales representando los cuatro evangelistas, obra del escultor marsellés Louis Botinelly.
Los santuarios. Siete escalones por encima del transepto se encuentran los santuarios. En el centro de los mismos vemos el altar mayor realizado en mármol de Carrara y decorado con mosaicos de Henri Antoine Révoil y protegido por un baldaquino con cúpula de bronce sostenido por cuatro columnas de onix de Tunicia regalo del marmolista y escultor Jules Cantini. El altar se encuentra en un espacio iluminado por el presbiterio y amueblado con las sillas del coro y el órgano.

A la izquierda se accede a la capilla dedicada al Sagrado Corazón y a la derecha a la de San Lázaro, usada para el culto dominical por los fieles del barrio.
El deambulatorio. Rodea el santuario y comunica las seis capillas absidiales, dos de las cuales presentan su misma decoración en mármoles policromáticos y revestimiento de mosaicos. En su mitad da acceso a la capilla axial que constituye en sí misma un edificio autónomo con su nártex, su nave y su ábside cubierto por una cúpula ornamentada con bustos de ángeles. Inicialmente dedicada a la Virgen esta capilla acoge actualmente la tumba de San Eugenio de Mazenod, obispo de Marsella y fundador de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, canonizado por Juan Pablo II el 3 de diciembre de 1995.
Cuando terminaos de ver la catedral, hicimos el mismo recorrido de vuelta en el bus. Nos asustamos un poco porque no pasa por los mismos sitios que a la venida, e incluso los barrios por los que pasa se veían desiertos. La parada del autobus está en el mismo sitio de la autopista, pero al otro lado, claro. Hay que bajar, cruzar por un tunel semicubierto y llegar a la misma parada de donde salimos por la mañana. Luego desandar el camino hasta el barco y ver atardecer.
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