viernes, 8 de julio de 2016

Las más hermosas islas del Caribe: (VIII) Barbados (Opción 2)

Barbados suena a piratas, a playas de un color increíble, a paisajes tropicales de una luz cegadora o incluso a la mismísima Rihanna ( cuyo colegio, instituto y casa familiar ya forman parte del los circuitos por la isla). Pero no mucha gente sabe que suena también en los ecos de las gigantescas y magnéticas cuevas de Harrison, en el interior de la isla.
Empecemos por el nombre, que nada tiene que ver como hay gente que piensa, con Harrison Ford, por aquello de Indiana Jones, sino con Thomas Harrison, que era dueño de gran parte de la tierra en la que se esconde la cueva a principios de 1700.













Durante los siglos XVIII Y XIX, varias expediciones se aventuraron en la gigantesca cueva, pero no se sabe si por miedo o por respeto a su misma grandeza, ninguno de ellos llegó muy lejos. Debido a que las entradas naturales eran difíciles de encontrar y a que habían partes del interior que se presentaban como auténticos desafíos, la cueva seguía siendo un misterio inexplorado hasta 1970.


En el 74, un danés llamado Sorensen, ayudado por dos lugareños, jóvenes y aventureros, consiguieron cartografiar la mayor parte de las grutas. Cuando el gobierno se dio cuenta del tremendo poder turístico de las cuevas, puso manos a la obra y ensanchó túneles, abrió nuevos boquetes, instaló vías, e iluminación y organizó visitas guiadas a bordo de un tren que recorrería la mayoría del espacio subterráneo, unos 2,3 kilómetros.





Dentro, esperan a los visitantes desde entonces, maravillas como el Gran Salón, con sus 15 metros de alto, o multitud de cascadas que aparecen y desaparecen, juguetonas durante todo el trayecto. Podemos admirar las estalagmitas que sin prisa, crecen menos que el grosor de una hoja de papel al año, o los lagos subterráneos alimentados por una cascada de más de 12 metros de caída con un ruido atronador.

El tranvía interior, que ya no circula por vías sino que es un convoy eléctrico, lleva en su primer vagón un guía que va iluminando las diferentes salas y mostrándonos los detalles de la cueva.
Una vez fuera, un cuidado jardín con varias especies de gigantescos árboles y puestos de venta de artesanía y otros cachivaches completan el escenario de esta atracción natural. Especial atención a los ascensores acristalados que bajan a los visitantes desde la superficie hasta casi la entrada de la cueva.
Un lugar de aprendizaje y diversión para toda la familia.

El Boatyard es sin duda la playa más bonita de Barbados y también la más divertida, por todas las actividades que podemos hacer, la música que ambienta el gran local que organiza todo, y más que nada por la belleza del entorno.
Suele venderse la visita en las actividades de los cruceros, pero también puede irse de forma autónoma o seguir el consejo de los taxis que la proponen como opción al terminar una excursión concertada con ellos.




La oferta no está mal: transporte hasta el barco o al centro de la capital, un cóctel con o sin alcohol, una hamaca y una sombrilla. Aparte uso libre de duchas, servicios y casetas para cambiarnos, juguetes marinos, soga y trampolín para saltar al mar y un maravilloooooso wifi para subir las fotos y vídeos de nuestra diversión a las redes sociales o simplemente enviarlos a nuestros familiares y amigos.








Y todo eso por sólo 12$, pudiendo estar todo el día disfrutando de las instalaciones con la posibilidad ( previo pago) de comer y seguir bebiendo en el bien montado bar de la playa.
La playa es enorme, preciosa y sobre todo muy limpia. El agua es cristalina y fresca. La típica postal de playa del Caribe, pero esta vez un poco más urbana. Una maravilla!!!

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