viernes, 9 de junio de 2023

Guatemala, corazón del mundo maya, (IV) Lago Atitlán.

 Uno de los lugares con más magia de Guatemala es sin duda el Lago Atitlán.

Para llegar a él debemos pasar por la capital del departamento al que pertenece, Sololá.


Al igual que Quetzaltenango, Sololá tiene su Parque de Centroamérica, alrededor del cual se articula la vida social de la ciudad. Es imposible no poner los ojos en la llamativa Torre  Centroamericana, esbelta y colorida que se erige a un lado de la plaza.

Construida durante el mandato del general Estrada Cabrera, entró en funcionamiento en 1916 como símbolo de la unión de los países centroamericanos. Fue sede de la jefatura política, cárcel, biblioteca y oficina de la policía municipal de tráfico. Después de su restauración, para paliar los daños ocasionados por varios seísmos, quedó convertida en un interesante museo que habla de la historia de la ciudad.

En un lado de la plaza encontramos el nuevo mercado municipal, donde encontramos una inmensa cantidad de frutas, verduras, textiles y puestos de comida que nos dan una idea de la rica gastronomía de esta parte de Guatemala.




Frente al mercado, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, cuyo aspecto actual es de finales del siglo XX, pero que es heredera de construcciones anteriores en el mismo lugar que fueron sucesivamente destruidas por varios terremotos.

En su interior hay varias imágenes que son objeto de gran devoción, pero hay una en especial que atrae la mirada de los curiosos por estar vestida con el traje tradicional indígena de la zona.



Ya esa noche dormimos en las orillas del lago Atitlán, concretamente en el pueblo de Santa Catarina de Palopó, pequeño caserío cuyos ingresos provienen del cultivo de maíz y frijol y también del turismo. 

El pueblo está formado por tres caseríos habitados casi en su totalidad por la etnia Kaqchiquel, y en los últimos años se ha volcado en su desarrollo turístico con proyectos como "Pintando Santa Catarina" y "Tejiendo Santa Catarina", para potenciar la belleza y tradiciones del lugar.


Pero su verdadera fortuna es encontrarse a orillas del Lago Atitlán.

Este espectacular lago, considerado como uno de los mas hermosos del mundo, se encuentra a unos 1500 metros de altura y tuene una extensión de 130 kilómetros cuadrados.

Sus orillas están guardadas por tres volcanes de una perfecta forma cónica, el San Pedro, el Tolimán y el Atitlán, y salpicado con 10 pueblos que ofrecen un enorme abanico de posibilidades para el turismo, que reciben un tipo distinto de turismo que va desde el mochilero como San Pedro a otros especializados en retiros espirituales o de yoga.

El lago, que se formó tras varias erupciones volcánicas, es realmente el lecho del cono de un volcán que recibe sus aguas de 4 ríos que en él convergen y que son el Cascada, el Buenaventura, el Quiskab y el Panajachel. 

Y precisamente desde el pueblo que lleva este último nombre, partimos en lancha hacia Santiago Atitlán.

Aunque ya la zona estaba habitada por el pueblo Tz'utujil a la llegada de los españoles, no fue hasta el asentamiento de los frailes franciscanos en 1547 que se fundó el actual pueblo de Santiago Atitlán.

Como es de rigor, una de las primeras estructuras que edificaron fue la parroquia de Santiago Atitlán, y a ella nos dirigimos.

La escalinata de acceso al templo nos vuelve a recordar ese sincretismo que mezcla el cristianismo y el culto maya, ya que son también 18, como en Chichicastenango, los escalones que simbolizan los meses del calendario maya.

Dentro, sobre un poyete de los muros de la iglesia encontramos gran número de imágenes de santos, vestidos por las mujeres del pueblo que cambian sus ropas cada año. 



Se dice que los tres altares que se encuentran en la iglesia representan a los tres volcanes que rodean el lago Atitlán.

Y al igual que en Chichicastenango, el sincretismo religioso también aparece en esta iglesia.
Cuando decidieron levantar el templo, los monjes eligieron un lugar en el que desde tiempos inmemoriales se adoraba en varios altares a los dioses ancestrales del fuego, el agua o el maíz, en un intento de acercar la nueva religión a los mayas.

Otra característica de ese sincretismo es que es Santísimo no se encuentra en el centro, en el Altar Mayor, sino que está en un lado.
Al igual que en otras religiones que se vieron obligadas a camuflarse con la llegada del cristianismo, la maya tuvo que transformar la manera en que hasta entonces adoraban a sus dioses. Por ejemplo, tuvieron que sincretizar a su dios del agua en San Juan Bautista, para poder seguir rindiéndole culto sin que los monjes se percataran de ello.

Asimismo cada altar, de unos 200 años de antigüedad, tiene una función propia, siendo el de la Virgen de Santa Ana al que se dirigen las mujeres que ruegan por tener un hijo o una pareja, y el de Jesús Sacrificado donde rezan los hombres pidiendo trabajo o una buena cosecha.




Pero en este universo complejo del sincretismo maya, si hay una figura que realmente llama nuestra atención es Maximón.
Nuestro guía nos lleva a la casa de una de las cofradías que se encargan del cuidado de esta antiquísima deidad Maya.
Vamos atrás en el tiempo para conocer el origen de su culto. 
Rilaj Maam era el dios protector del pueblo tz'utujil, que vivía en un árbol de tz'atel. Creado por el Corazon del Cielo y el Corazón de la Tierra para intermediar entre los hombres y los dioses, le fue concedido el don de conocer el pasado, y predecir el futuro.
Un día, el Gran Abuelo, que es el significado de su nombre, dándose cuenta de que ya no podía enseñar nada más a los hombres, subió a una montaña, y tras hacer unas ofrendas se desvaneció en el aire.

Sus fieles decidieron adorarlo realizando un busto, sin manos ni piernas, en la madera del árbol donde había vivido.
Ante él acuden a solicitar la curación de una enfermedad, atraer al amor, tener éxito en un negocio o protección en un viaje. Para ello ofrendan tabaco, licor velas, dinero y comida.
Durante las ceremonias se quema incienso, se le da a fumar cigarros y "bebe" vasos y vasos de aguardiente.

Antes de dejar el pueblo pasamos por el Parque Central, donde se encuentra un pequeño estanque que representa en relieve el Lago Atitlán con sus pueblos y volcanes...

rodeado de varias columnas sobre las que se han pintado varios símbolos del país, como el ave Quetzal.

Y tras desembarcar en la comercial Panajachel seguimos nuestra ruta hacia Antigua Guatemala.







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