sábado, 3 de junio de 2023

Guatemala, corazón del mundo maya, (II)Chichicastenango

Emprendemos la segunda etapa de nuestro viaje en el municipio de Santo Tomás de Chichicastenango.

El nombre, al igual que el de muchos de los pueblos que salpican la zona, le viene dado por haber sido fundado el día del santo que se celebra esa jornada y se complementa con su nombre en náhuatl. En este caso, dado que las tropas de Alvarado estaban también formadas por tlaxcalecas, se añadió "tzitzicastenango" que significa "lugar de ortigas".

Desde siempre, el lugar había sido, y sigue siendo sitio de mercado, y aquí cada jueves y domingo se montan los puesto de venta de artesanía más coloridos del país.



La variedad de productos artesanales es casi infinita. Las hábiles manos o los telares tradicionales se encargan de elaborar todo tipo de blusas, manteles, fajas, cinturones y pantalones propios de la vestimenta tradicional que junto a las hermosas piezas de cerámica y las máscaras de madera destacan sobre millones de baratijas que inevitablemente llaman nuestra atención.
Por otro lado, las verduras y frutas más frescas pueden encontrarse no sólo en los puestos callejeros, sino también en un edificio cubierto aledaño al mercado principal.







Si después del recorrido por los puestos nos entra algo de hambre, podemos saciar nuestro apetito en un buen puesto callejero de tortillas...

o en uno de los muchos pequeños comedores que nos permitirán disfrutar platos como el jocón o el pepián.

Pero si por algo es famosa Chichi, si dejamos a un lado su mercado, es por el sincretismo religioso que como un halo mágico envuelve dos de sus iglesias.


Por un lado tenemos la Iglesia de Santo Tomás, levantada en 1540 según parece, sobre los restos de un antiguo templo maya. Su escalera de acceso tiene 18 escalones, uno por cada mes del calendario maya. Fue aquí donde se encontró el manuscrito del Popol Vuh, el sagrado libro k'iche. 
En este templo se realizan ceremonias mayas y misas católicas en una fascinante armonía que les puedo asegurar que conmueve el corazón por su intensidad emocional.



En su interior, siempre con respeto y llenos de curiosidad, vemos a los descendientes de los antiguos mayas realizar sus ofrendas de velas mientras se dirigen de rodillas, llorando, hacia un altar renegrido por el humo de los siglos. 
Santo Tomas representa para ellos el supramundo maya...


Frente a ella visitamos el segundo templo de este camino místico que sería el inframundo, la Capilla del Calvario del Señor Sepultado. Aquí se viene para contactar con los espíritus de los antepasados.


Construida en estilo colonial, es mucho más pequeña que Santo Tomás, pero igual de fascinante.

Hacemos un alto en un pequeño local, la Morería Santo Tomás, llevada por tres generaciones de artesanos especializados en fabricar las preciosas máscaras de madera  y los trajes usados para el Baile de los Moros, pieza clave de las fiestas de Chichicastenango.


No podemos irnos del lugar sin visitar su colorido cementerio que nos dejó, literalmente, impresionados.



Cada 1 de noviembre, los familiares de los difuntos, celebran con ellos el Día de Todos los Santos, haciéndoles ofrendas de sus comidas favoritas y llevándoles flores y frutas.


Los familiares pintan las tumbas según unos principios muy concretos, correspondiendo el blanco a la pureza, el turquesa dedicado a las madres, ya que simboliza la protección, el amarillo para los abuelos al ser el color del sol que protege a la humanidad y el verde, el rojo y el azul que podrían ser los favoritos de los difuntos.



Cuidadas con discreto esmero el resto del año, la víspera de Todos los Santos, las tumbas del cementerio vuelven a la vida en estas fechas, momento en que los familiares limpian y repintan las tumbas para que estén lista a la llegada de los jóvenes que recorren el pueblo tocando el tambor para acabar durmiendo en el camposanto, junto a los restos de sus seres queridos.



La variedad de colores y formas de los enterramientos es casi infinita, y encontramos incluso algunas que son temáticas, aludiendo a las aficiones o gustos de sus inquilinos.




Es lugar también para realizar ceremonias ancestrales, en las que los guías espirituales hacen ofrendas con fuego, incienso y aguardiente para buscar la reconciliación de los muertos con sus familiares vivos.





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